EEUU encierra un reactor nuclear en un “capullo de acero” de 37 metros y piensa dejarlo allí hasta 75 años
La obra costó unos 9,5 millones de dólares (8,3 millones de euros), se levantó en poco más de un año y se revisa con un dron para que nadie se acerque al núcleo.
Estados Unidos construyó en 1977 una planta capaz de hervir residuos radiactivos a solo 52 °C y, casi medio siglo después, acaba de liberar 1,34 millones de litros de espacio en unos depósitos subterráneos
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Imagina un edificio de acero tan alto como un bloque de doce plantas y con un único inquilino dentro. Eso ha levantado el Departamento de Energía de Estados Unidos en Hanford, un viejo complejo nuclear del estado de Washington, sobre el reactor K East, que fabricó plutonio para bombas atómicas entre 1955 y 1971. Costó unos 9,5 millones de dólares (8,3 millones de euros) y puede quedarse ahí hasta 75 años.
¿Por qué no lo derriban y listo? Porque el núcleo sigue radiactivo y desmontarlo ahora sería más caro y peligroso que esperar a que la radiación baje sola. Entre el reactor sellado y la nave queda un hueco de aire, y por ahí han metido un dron para revisar el tejado sin que nadie se acerque al núcleo. Vamos, que el tiempo trabaja gratis.
Por qué encierran un reactor en acero
El Departamento de Energía llama a esta técnica «cocooning», algo así como meter el reactor en un capullo de mariposa. En la práctica se derriban los edificios auxiliares, se sella el bloque de hormigón del núcleo y se cubre con una estructura que lo proteja de la lluvia y el viento.
Es como dejar enfriar una sartén antes de fregarla. Según la web oficial de Hanford, la radiación debe bajar hasta que el reactor se pueda desmontar sin riesgo, y si el caparazón cumple puede aguantar hasta 75 años. El primero fue el reactor C, en 1998, y hasta 2012 le siguieron otros cinco.
De los nueve reactores construidos allí desde 1943, dentro del Proyecto Manhattan, siete ya están encapsulados y el reactor B se conserva dentro de un parque histórico nacional. Hanford produjo plutonio hasta 1987 y aún guarda 56 millones de galones (212 millones de litros) de residuos radiactivos en depósitos subterráneos.
Un edificio de 37 metros por 9,5 millones
La nave de K East mide más de 120 pies de alto (37 metros) y 150 de ancho (46 metros). Se apoya en una losa de hormigón de seis pies (casi dos metros) y para nivelar el terreno hicieron falta 34.000 yardas cúbicas de arena y grava (unos 26.000 metros cúbicos).
¿Y cuánto se tarda? Poco más de un año. La contratista Central Plateau Cleanup Company empezó los cimientos en otoño de 2021, colocó las primeras columnas en mayo de 2022 y terminó en octubre de 2022, antes de lo previsto y por debajo del presupuesto.
Los dos subcontratos de la obra, adjudicados a la empresa local DGR Grant Construction, sumaron unos 9,5 millones de dólares (8,3 millones de euros). Viene a ser como construir un garaje gigante sobre un coche que no puedes tocar en medio siglo.
Un dron para no acercarse al núcleo
La primera revisión completa llegó en el verano de 2024, a cargo de Hanford Mission Integration Solutions, la contratista que vigila las instalaciones ya limpias. En vez de mandar a alguien al tejado, el equipo hizo volar un dron por el hueco entre la nave y el edificio sellado.
¿Y qué encontraron? Nada fuera de lugar. Los técnicos confirmaron que ninguna contaminación había salido del núcleo. Joy McCrea, directora de apoyo ambiental de la contratista, lo resumió así. «Con el dron podemos tener una vista de pájaro del tejado mientras todo el mundo se queda a salvo en el suelo».
Eso sí, los capullos más antiguos pasan también una inspección interior cada diez años, y en las últimas los equipos han usado escáneres lidar, una tecnología láser que dibuja el interior en tres dimensiones.
K West, el último que queda
Mientras tanto, su gemelo K West sigue en obras. Su piscina de 125 por 67 pies (38 por 20 metros) guardó durante décadas barras de combustible de uranio bajo 1,2 millones de galones de agua (4,5 millones de litros).
En 2024 la vaciaron y la rellenaron con 6.500 yardas cúbicas de hormigón fluido (unos 5.000 metros cúbicos), el equivalente a dos piscinas olímpicas. Ojo, porque parte de los residuos de Hanford ya viaja hasta un almacén nuclear excavado en la sal de Nuevo México.
En febrero de 2026 derribaron la chimenea de 175 pies (53 metros) del reactor. Según Bob Wilkinson, presidente de Central Plateau Cleanup Company, tumbarla permite acelerar el calendario para encapsular K West, aunque de momento no hay fecha oficial para el octavo caparazón.
Los detalles de la inspección con dron se han publicado en la web de la Oficina de Gestión Ambiental del Departamento de Energía de Estados Unidos.
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