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La trampa se llama OzemPil: cuando parecerse a Ozempic puede ser el mejor negocio para engañar

El producto se llama OzemPil y, según ha denunciado la OCU, se ha promocionado en redes sociales

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha llevado ante la Policía Nacional un caso que resume bastante bien uno de los riesgos de la nueva fiebre por adelgazar: alguien ha descubierto que, a veces, no hace falta vender Ozempic para beneficiarse de su enorme popularidad. Puede bastar con ponerle a un producto un nombre que suene lo suficiente como para que el consumidor complete mentalmente el resto.

El producto se llama OzemPil y, según ha denunciado la OCU, se ha promocionado en redes sociales utilizando fraudulentamente su nombre, su logotipo y su identidad visual, creando la falsa impresión de que la organización independiente había evaluado, recomendado o avalado el supuesto adelgazante. La asociación asegura que nunca ha probado ni recomendado ese producto y que ha recibido numerosas consultas de consumidores que habían encontrado los anuncios, entre ellos en Instagram.

Pero detrás de la utilización de un logotipo sin permiso hay algo más interesante —y potencialmente más peligroso—: el propio nombre del producto.

Porque OzemPil parece diseñado para que el cerebro haga una asociación inmediata con Ozempic, el medicamento real, conocido mundialmente por contener semaglutida y convertido en uno de los grandes protagonistas de la revolución farmacológica contra la obesidad. Y ahí es donde aparece la trampa: aprovechar el prestigio, la fama y hasta la confusión generada alrededor de un medicamento auténtico para promocionar un producto que no tiene por qué serlo.

El verdadero Ozempic sí es un medicamento

Conviene empezar por separar las cosas. Ozempic existe, es un medicamento autorizado y contiene semaglutida, un análogo del GLP-1. Su indicación autorizada está relacionada con el tratamiento de adultos con diabetes mellitus tipo 2, mientras que otros medicamentos con semaglutida, como Wegovy, cuentan con indicación específica para el control del peso en determinadas personas. Todos estos tratamientos requieren receta y supervisión médica.

Es decir, Ozempic no es un suplemento, ni un preparado «natural», ni una bebida milagrosa, ni unas cápsulas que puedan anunciarse como si fueran una alternativa inocente que se compra con un clic entre un anuncio y otro de Instagram.

Es un medicamento. Y precisamente por eso está sometido a controles de calidad, autorización, fabricación, distribución, prescripción, farmacovigilancia y dispensación.

Como todos los medicamentos, además, no está exento de riesgos. La AEMPS recuerda que los análogos del GLP-1 pueden provocar efectos adversos, entre ellos problemas gastrointestinales frecuentes como náuseas o diarrea, y ha confirmado también un riesgo muy infrecuente de neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica asociado a la semaglutida.

Esto es importante porque la popularización de Ozempic ha generado una especie de efecto secundario social: millones de personas conocen ya su nombre, saben que está relacionado con la pérdida de peso y buscan algo que produzca resultados parecidos. Y cuando existe una demanda enorme, aparece inevitablemente quien intenta vender una respuesta.

La ley hizo el medicamento… y la trampa buscó parecerse

En España, los medicamentos sujetos a prescripción médica no pueden venderse legalmente por internet. La AEMPS es tajante: los tratamientos con análogos del GLP-1 sujetos a receta deben dispensarse con prescripción y bajo supervisión sanitaria. La venta online de medicamentos con receta está prohibida.

Esa barrera, diseñada para proteger al paciente, también tiene una consecuencia evidente: si alguien quiere aprovechar comercialmente el fenómeno Ozempic sin tener que pasar por el mismo sistema de autorización y control que un medicamento, la tentación es presentarse como otra cosa.

Ahí está la posible trampa

No hace falta llamarse Ozempic. Basta con llamarse OzemPil. No hace falta afirmar expresamente que contiene semaglutida. Puede resultar suficiente con construir una apariencia que recuerde al medicamento de moda y acompañarla, además, de un supuesto aval de una organización de consumidores.