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Estado del Vaticano

La recuperación milagrosa del Papa Francisco: cómo ha pasado de estado crítico a un cuadro complejo

La cadena de eventos comenzó cuando el Papa Francisco fue ingresado el 14 de febrero por una bronquitis aguda

  • Diego Buenosvinos
  • Especialista en periodismo de Salud en OKDIARIO; responsable de Comunicación y Prensa en el Colegio de Enfermería de León. Antes, redactor jefe en la Crónica el Mundo de León y colaborador en Onda Cero. Distinguido con la medalla de oro de la Diputación de León por la información y dedicación a la provincia y autor de libros como 'El arte de cuidar'.

En la historia reciente de la medicina, pocas historias de recuperación han sido tan seguidas por el mundo entero como la del Papa Francisco. En las últimas semanas, la salud del Pontífice ha sido un tema de discusión global tras su ingreso en estado crítico, un momento de gran angustia para la Iglesia Católica y sus fieles en todo el mundo. Lo que inicialmente parecía una lucha casi imposible por la vida, se ha convertido en una recuperación milagrosa que ha dejado a muchos sorprendidos.

Así, analizamos cómo el Obispo de Roma ha pasado de estar en una «situación crítica» a estar en una «clínica complicada» como ha definido el propio Vaticano, que difiere de manera importante sobre el cuadro médico inicial.

La cadena de eventos comenzó cuando el Papa Francisco fue ingresado el 14 de febrero por una bronquitis aguda, donde se produce una hinchazón e inflamación del tejido, los bronquios, las vías que llevan aire hacia los pulmones. Esta hinchazón estrecha de las vías respiratorias, dificulta la respiración y uno de los síntomas habituales es la tos seca o con flemas. Tres días más tarde, el 18, y tras una medicación exenta de antibióticos, porque la mayoría de las personas no los necesitan por estar causada por un virus, se suelen añadir inhaladores o fármacos para la fiebre, le fue detectada una neumonía bilateral (dos pulmones). 

La neumonía es una inflamación de los pulmones que suele generarse por un agente patógeno que ingresa por las vías respiratorias y afecta los pulmones. Se da con más frecuencia en forma bilateral, es decir, afecta a ambos pulmones, y su magnitud depende de la respuesta del paciente: puede presentarse de manera asintomática, con síntomas leves, moderados o generar cuadros graves en los cuales se requiere asistencia respiratoria.

En tanto, las personas inmunosuprimidas son más propensas a tener una sobreinfección bacteriana, es decir, a que la neumonía viral se dé conjuntamente con una neumonía bacteriana. Los síntomas más comunes que deben tomarse como señales de alerta son: fiebre, tos o falta de aire.

Los médicos pueden realizar, también, un análisis de sangre para obtener un recuento de glóbulos blancos. Los pacientes con neumonía vírica o fúngica tienen más de un tipo de glóbulos blancos llamados linfocitos, y las personas con infecciones bacterianas tienen más neutrófilos. El médico también puede emplear el cultivo de esputo para determinar si la infección está causada por bacterias, hongos o virus. Los médicos prescriben antibióticos orales para la mayoría de los casos de neumonía bilateral fúngica y bacteriana.

Así, el sábado día 22, atravesó una nueva crisis y la Santa Sede anunció que había recibido una transfusión de sangre, probablemente a consecuencia de falta de hierro y con niveles además de potasio muy bajos, que le podían producir convulsiones. Según el Vaticano, el Papa recibió varias unidades de sangre para contrarrestar los efectos de la baja hemoglobina. La transfusión permitió que su cuerpo tuviera un mejor suministro de oxígeno, lo que fue crucial para la estabilización de su salud.

Pero el cuadro clínico se fue complicando aún más debido a una septicemia, una afección grave en la que el cuerpo responde de manera incorrecta a una infección. Esta es una disminución considerable en la presión arterial que puede dañar los pulmones, los riñones, el hígado y otros órganos. Cuando el daño es grave, puede llevar a la muerte.

Afortunadamente, el día 27 de marzo, el Vaticano informó: «el papa durmió bien durante toda la noche y ahora está descansando», había, además, mejorado de su fallo renal. Así, fuentes de la Oficina de Prensa de la Santa Sede informaron el pasado miércoles que el Papa Francisco había mostrado una «mejoría leve adicional» y su insuficiencia renal leve —anunciada durante el fin de semana— «ha retrocedido».

El lunes, el Vaticano informó que «las condiciones clínicas del Santo Padre, aunque críticas, muestran una ligera mejoría» y que los problemas renales leves de Francisco, anunciados por primera vez el domingo, «no causaban preocupación» y que su oxigenoterapia continuaba «con flujos altos a través de una máscara de respiración y está recibiendo fisioterapia respiratoria».

Historial del Santo Padre

El Papa Francisco ha sido especialmente vulnerable a las infecciones respiratorias a lo largo de su vida. Sufrió un grave episodio de neumonía que le obligó a someterse a la extirpación de parte de uno de sus pulmones. Esta intervención dejó secuelas en su salud pulmonar, que ha incrementado con el paso de los años.

En 2021, su salud se vio nuevamente afectada por un problema en el colon. Los médicos le realizaron una intervención quirúrgica para extirpar parte de su colon debido a una diverticulitis, una condición que puede causar inflamación e infecciones en esa área del aparato digestivo.

En 2023, la salud del Pontífice se volvió un verso comprometido cuando fue hospitalizado debido a una bronquitis. En los últimos meses, también ha sufrido dos caídas que le provocaron contusiones en la barbilla y lesiones en el brazo, el cual tuvo que ser inmovilizado con un cabestrillo.

Camino a la recuperación

Con el tratamiento intensivo para la neumonía, la sepsis y la insuficiencia renal, el estado del Papa ha comenzado a estabilizarse poco a poco. Sin embargo, su proceso de recuperación es largo y desafiante. Los médicos destacan que la mejora de su salud es gradual, y que la respuesta positiva a los tratamientos ha sido en parte su salvación.

La recuperación del Papa Francisco ha supuesto un símbolo de esperanza para los miles de personas que se enfrentan enfermedades graves. Desde una bronquitis que rápidamente evolucionó a neumonía y luego a sepsis e insuficiencia renal, hasta una recuperación milagrosa gracias a un tratamiento intensivo que incluyó transfusión sanguínea, diálisis y antibióticos de última generación, el Papa ha superado obstáculos que pocos habrían imaginado posibles.