Cuervos

Los investigadores no dan crédito: los cuervos también son capaces de entender la geometría como los humanos

La inteligencia de los cuervos siempre ha sido un tema que intriga a los científicos, pero hasta hace poco la mayor parte de lo que sabíamos se basaba en cómo se comportaban frente a distintos experimentos. Faltaba entender qué ocurre dentro de su cerebro en el momento exacto en el que toman decisiones complejas, esas que solemos asociar a especies mucho más cercanas al ser humano. Sin embargo, un nuevo estudio ha permitido asomarse a ese proceso con un nivel de detalle que nunca se había conseguido.

El estudio, dirigido por la neurobióloga Lena Veit y el profesor Andreas Nieder desde la Universidad de Tubinga, ha aportado la primera fotografía clara de cómo procesan información estas aves cuando se enfrentan a un desafío estratégico. Su investigación, publicada en la revista Nature Communications, ha sorprendido incluso a quienes llevan años estudiando a los córvidos. Las pruebas apuntan a que, aunque su cerebro está organizado de forma distinta, utilizan principios de funcionamiento comparables a los que encontramos en mamíferos de alta capacidad cognitiva. Esa coincidencia abre un panorama nuevo en el estudio de la inteligencia animal. De este modo, aunque los cuervos proceden de un linaje evolutivo muy alejado del nuestro, cuando deben recordar imágenes o adaptar su respuesta según las reglas del juego, activan patrones neuronales que recuerdan a los de un primate. El hallazgo invita a replantear qué entendemos por pensamiento complejo y hasta qué punto diferentes especies pueden llegar a soluciones similares a pesar de partir de arquitecturas cerebrales muy distintas.

Los cuervos también son capaces de entender la geometría como los humanos

El equipo de Tubinga diseñó un experimento de memoria y flexibilidad cognitiva que los cuervos debían resolver en un ordenador. Primero se les mostraba una imagen que debían retener. Después, en una pantalla táctil, aparecían dos fotografías: una idéntica y otra diferente. La dificultad no estaba en elegir, sino en seguir la regla adecuada. A veces debían seleccionar la imagen igual y otras veces la distinta. Y esas reglas iban cambiando de una prueba a otra.

Sorprendentemente, las aves aprendieron no sólo a resolver la tarea sino a alternar entre las reglas con notable fluidez. Los investigadores destacan que esta habilidad exige un nivel de control mental que no es habitual en el reino animal y que incluso para humanos requiere concentración sostenida. Lo más llamativo es que, cuando se introducían imágenes completamente nuevas, los cuervos no perdían eficacia. Su respuesta seguía siendo rápida y precisa.

La región cerebral que desafía todo lo que creíamos sobre las aves

El corazón del descubrimiento está en el nidopallium caudolaterale, una zona del cerebro aviar asociada a funciones cognitivas avanzadas. En esa región se registraron dos grupos de neuronas: uno se activaba siempre que los cuervos debían elegir la imagen idéntica y el otro entraba en funcionamiento cuando la regla indicaba seleccionar la distinta.

Esa diferenciación neuronal permitió a los científicos anticipar qué decisión iba a tomar cada ave incluso antes de que tocara la pantalla. En otras palabras, la actividad cerebral revelaba la estrategia elegida antes de ejecutarla. Para Veit y Nieder, esta capacidad demuestra que los cuervos no trabajan por simple repetición o reflejo. Procesan reglas abstractas y las aplican de forma flexible, algo que hasta ahora se vinculaba casi en exclusiva a mamíferos superiores.

Paralelismos inesperados con el cerebro humano

Una de las conclusiones más relevantes del estudio es la presencia de principios cognitivos comunes entre especies con anatomías cerebrales muy distintas. Aunque las aves no tienen corteza cerebral al estilo de los mamíferos, sus neuronas parecen organizar funciones equivalentes a las de regiones prefrontales humanas y de otros primates.

Los investigadores comparan esta situación con el estudio de la aerodinámica. Dos animales pueden tener alas de formas y materiales completamente diferentes, como ocurre con aves y murciélagos, pero responden a los mismos principios físicos que permiten el vuelo. Algo parecido sucedería con la inteligencia: mecanismos distintos que convergen en soluciones similares. Para Nieder, esta coincidencia evolutiva es una prueba más de que el pensamiento abstracto no es patrimonio de un único linaje.

En definitiva, lo que plantea este estudio obliga a mirar la inteligencia animal con otros ojos. Durante mucho tiempo se dio por hecho que ciertas capacidades, como manejar varias reglas a la vez o recordar información para aplicarla después, dependían casi en exclusiva de la arquitectura de la corteza cerebral de los mamíferos. Sin embargo, los resultados en cuervos apuntan a algo muy distinto. Su cerebro, organizado de otra manera, es capaz de ejecutar procesos que pensábamos reservados para especies con una estructura neuronal más compleja.

Además, el hallazgo también impulsa el debate sobre el origen evolutivo de la cognición avanzada. Si especies que se separaron en el árbol evolutivo hace más de 300 millones de años desarrollan mecanismos tan parecidos, cabe plantearse que ciertos patrones de inteligencia puedan surgir de forma independiente cuando la presión ambiental lo requiere.