¿Qué es el dedo de martillo? Conoce sus síntomas y tratamiento
Además de ser un rasgo poco estético que es común sufrir en los dedos de los pies, el dedo de martillo se trata de una afección que a veces se confunde con los callos que aparecen por el roce de los zapatos. Deberíamos conocer mejor porque no solo se trata de algo estético, sino que un dedo en martillo puede llegar a originar dolor y otros problemas traumatológicos.
Por esto te explicamos cómo evitar que tus dedos sufran este problema y como tratar tus pies si ya padeces el dedo en martillo, y es que además descubrirás qué ha podido provocarlo.
Una deformación a la que no solemos prestar atención
Si con el nombre que hemos usado no has identificado de qué problema hablamos, debes saber que se trata de la deformidad con apariencia de garra (es decir, curvada hacia abajo) que adquiere el extremo de uno de nuestros dedos del pie, habitualmente el segundo aunque puede ocurrir en cualquiera de ellos.
El lugar exacto donde se produce esta flexión hacia abajo, es en la parte inferior de la articulación interfalángica proximal (es decir de la mitad del dedo del pie que tiende a la hiperflexión) y suele aparecer o bien provocado por el uso de calzado demasiado estrecho y corto (que obliga al dedo a posicionarse de esta forma y este se acaba acostumbrando a la curvatura), o también por la presencia de un juanete o hallux valgus en el pie afectado, el cual ejerce presión en la zona y provoca la flexión de los dedos.
Así pues, lo que debemos hacer para evitar esta deformidad es evitar el uso de dichos zapatos y empezar a usar plantillas suaves para aliviar la presión sobre el dedo del pie afectado, si es que creemos que es posible que este problema nos afecte.
Además, lo que también podemos hacer en caso de tener callos, es utilizar cojines específicos para proteger la articulación que sobresale si es el caso, e incluso podemos emplear un elemento ortopédico conocido como ratoncillo que favorece que el dedo se mantenga estirado.
¿Sabes cómo tratar este problema?
Aunque a menudo este problema, si no es grave, puede corregirse con herramientas ortopédicas como plantillas o enderezadores y reguladores del dedo, que corregirán la deformación si el proceso lo supervisa un profesional, este problema también puede solucionarse mediante cirugía.
En este caso se practica un tratamiento quirúrgico que consiste en cortar y manipular los tendones y ligamentos o en colocar algunos clavos (o un alambre conocido como aguja de Kirshner) que también pueden ayudarnos a superar esta afección; y es que aunque no suene demasiado bien, se trata de una intervención mínimamente invasiva tras la cual, normalmente, el paciente puede irse a casa para mantener un periodo breve de reposo.
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