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La ola de bajas laborales juveniles por salud mental crece un 365% en siete años

El reconocimiento social del malestar emocional ha cambiado: acudir al médico por problemas psicológicos es hoy más frecuente

Las bajas laborales por trastornos mentales entre los jóvenes se han disparado un 365% en apenas siete años, un incremento que refleja el creciente deterioro del bienestar psicológico en las nuevas generaciones y que empieza a tener impacto directo en el mercado laboral y en la sostenibilidad de la Seguridad Social. La cifra procede de informes recientes sobre incapacidad temporal difundidos en medios nacionales a partir de datos de organismos públicos y estudios laborales que analizan la evolución del absentismo por causas psicológicas en España.

El fenómeno se enmarca en una tendencia más amplia: la salud mental se ha convertido en uno de los principales motivos de incapacidad temporal en los últimos años, con un aumento sostenido tras la pandemia de covid-19. Editoriales y análisis laborales señalan que desde 2020 las bajas por ansiedad y depresión han crecido con fuerza y se sitúan entre las más largas en duración media, lo que multiplica su impacto económico y organizativo en empresas y administraciones. Así, las edades de incapacidad temporal se sitúa en menores de 30 años.

Un problema generacional en ascenso

El aumento del 365% entre los jóvenes evidencia que el impacto no es homogéneo: las nuevas generaciones concentran el mayor crecimiento de incapacidades temporales por causas psicológicas. Factores como la precariedad laboral, la incertidumbre profesional, el estrés académico o la exposición constante a redes sociales aparecen de forma recurrente en los análisis sociolaborales como elementos que intensifican la vulnerabilidad emocional en menores de 35 años.

Diversos estudios sobre juventud y salud mental apuntan a que el malestar psicológico se ha extendido con rapidez en España. Encuestas recientes reflejan que más del 40% de adolescentes ha sufrido problemas emocionales en el último año, lo que anticipa una mayor incidencia futura de bajas laborales por estos motivos al incorporarse al mercado de trabajo.

Impacto económico y laboral

El incremento de bajas por trastornos mentales no solo plantea un desafío sanitario, sino también económico. Las incapacidades temporales suponen cada año millones de procesos en España y generan un elevado coste en prestaciones y salarios, lo que obliga a revisar las políticas de prevención y atención psicológica en el ámbito laboral.

Los expertos advierten de que estas bajas, aunque no representan la mayoría de los procesos, destacan por su mayor duración media frente a otras patologías, lo que agrava su impacto sobre la productividad y la sostenibilidad del sistema de protección social.

De la pandemia al cambio cultural

La crisis sanitaria de 2020 marcó un punto de inflexión en la salud mental colectiva. El confinamiento y la incertidumbre incrementaron el malestar psicológico en amplios sectores de la población, especialmente entre jóvenes y mujeres, consolidando un aumento sostenido de ansiedad, depresión y estrés crónico.

Desde entonces, el reconocimiento social del malestar emocional ha cambiado: acudir al médico por problemas psicológicos es hoy más frecuente y está menos estigmatizado. Este cambio cultural ha permitido visibilizar patologías antes ocultas, pero también ha disparado la demanda asistencial y el número de bajas laborales vinculadas a salud mental.

Un desafío para la política laboral y sanitaria

El crecimiento del 365% en siete años entre los más jóvenes coloca la salud mental en el centro del debate sobre el futuro del trabajo. Sindicatos y expertos reclaman reforzar la prevención en los entornos laborales, mejorar la atención psicológica temprana y abordar los determinantes sociales del malestar, como la precariedad o la sobrecarga digital.

El reto, advierten, no es sólo clínico, sino estructural: si no se corrigen las condiciones que generan estrés y vulnerabilidad emocional, el aumento de las bajas por trastornos mentales podría consolidarse como uno de los principales factores de presión sobre el sistema laboral y la Seguridad Social en la próxima década.