Dr. Antonio Pérez: «La mitad de los niños con leucemia aguda pueden curarse con la terapia dirigida CAR-T»
Dr. Antonio Pérez: "La lucha contra el cáncer infantil pasa por ciencia y cooperación global"
El trabajo de investigación en oncología pediátrica rara vez recibe reconocimiento inmediato, pero sus frutos pueden cambiar vidas de manera tangible. El doctor Antonio Pérez Martínez es uno de los referentes internacionales en hemato-oncología pediátrica y terapias celulares avanzadas. Jefe del Servicio de Hemato-Oncología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz de Madrid, profesor de Pediatría en la Universidad Autónoma de Madrid e investigador principal en el IdiPAZ, ha sido galardonado con el Premio RANME, un reconocimiento que llega en un momento especialmente significativo: sus investigaciones en terapias celulares avanzadas, como las CAR‑T, están salvando la vida de niños que no tenían otras alternativas.
En esta entrevista para OKSALUD, el doctor comparte su experiencia en centros internacionales de referencia y reflexiona sobre el impacto real de traducir la ciencia en resultados clínicos concretos. Y es que el doctor Martínez ha realizado una estancia profesional de investigación en Londres, en el Great Ormond Street Hospital, donde ha participado en estudios y colaboraciones científicas en terapias CAR‑T infantiles, combinando su actividad internacional con su trabajo clínico y docente en España. Este vínculo con GOSH —y con centros como el Zayed Centre for Research into Rare Disease in Children— forma parte de su enfoque colaborativo e internacional para acelerar la innovación en tratamientos oncológicos pediátricos.
Más allá del premio, la conversación profundiza en los avances de la terapia CAR‑T, las CAR‑T tándem que desarrollan en el Hospital La Paz y la cooperación internacional que impulsa proyectos innovadores y accesibles en España. El doctor explica cómo estas terapias revolucionarias están aumentando significativamente los porcentajes de curación en niños con leucemias resistentes, aborda los retos de equidad y costos, y ofrece una visión sobre las próximas innovaciones que podrían marcar un antes y un después en la lucha contra el cáncer infantil en nuestro país.
P.- Doctor, ¿qué significado personal y profesional tiene para usted recibir ahora el Premio RANME, en un momento en que sus investigaciones en oncología pediátrica están logrando resultados clínicos tan relevantes?
R.- Bueno, creo que este premio reconoce un ahora continuo, el fruto de un camino que se viene construyendo desde hace muchos años. En el momento de recibirlo, pasaron por mi mente mis inicios: aquel estudiante lleno de ilusión en la Facultad de Medicina de Granada, mis primeros pasos como pediatra en el Hospital Niño Jesús de Madrid y, después, mis estancias posdoctorales en el extranjero.
En el St. Jude Children’s Research Hospital, en Memphis, descubrí de primera mano cómo la investigación en terapia celular podía transformar la hemato-oncología pediátrica; allí se estaba gestando lo que hoy ya es una realidad consolidada: las terapias CAR‑T. Más adelante, en Tubinga (Alemania) y en Minneapolis, trabajamos combinando células NK y trasplantes haploidénticos, ampliando el horizonte terapéutico. Posteriormente, en la Universidad de Columbia, en Nueva York, pude profundizar en estrategias para reducir la inmunosupresión en pacientes con trasplante de órgano sólido mediante terapias celulares.
Y finalmente, mi estancia en Londres me permitió comprender cómo la centralización de la asistencia y la investigación en procedimientos complejos —como el trasplante hematopoyético, la terapia génica o las CAR‑T— optimiza los resultados clínicos. Todos estos aprendizajes han sido claves para intentar construir y consolidar equipos clínicos e investigadores en nuestro país, con el objetivo de traer estas estrategias avanzadas a España, mejorar la accesibilidad a tratamientos complejos y, en última instancia, obtener mejores resultados en salud para nuestros pacientes.
P.- En entrevistas anteriores ha explicado cómo funcionan las células CAR‑T extrayendo y «reeducando» el sistema inmunitario. ¿Puede explicar brevemente a nuestros lectores cuál es la diferencia entre las CAR‑T convencionales y las CAR‑T duales o tándem que están desarrollando en La Paz?
R.- Los CAR‑T convencionales, los que llamamos de segunda generación, han supuesto una auténtica revolución en la medicina, especialmente en el tratamiento de las neoplasias hematológicas como las leucemias y linfomas de estirpe B o el mieloma múltiple. Desde 2012, cuando se trató a la primera paciente pediátrica con CAR‑T, hemos aprendido muchísimo.
Sabemos que, aunque alrededor del 90% de los pacientes responden inicialmente, esa eficacia disminuye con el tiempo hasta estabilizarse en torno al 40% a los dos años. ¿Por qué ocurre esta pérdida de respuesta? Fundamentalmente por dos mecanismos: i) el agotamiento de las células CAR‑T, que con el tiempo pierden capacidad funcional; ii) el escape antigénico, es decir, que la célula tumoral deja de expresar la molécula o señal que las CAR‑T reconocen, volviéndose “invisibles” al tratamiento.
En concreto, para superar esta segunda limitación se están desarrollando CAR‑T de nueva generación, llamados multidiana, que buscan reconocer más de una señal tumoral. De este modo, si el tumor deja de expresar uno de los antígenos, las células CAR‑T pueden seguir identificándolo y eliminándolo gracias al segundo. Esta estrategia puede abordarse de distintas formas: i) coinfusión o “cóctel”: administrar dos productos CAR‑T diferentes, cada uno dirigido a un antígeno, el mismo día; ii) Secuenciales: infundir cada CAR‑T en momentos distintos; iii) CAR‑T bicistrónicos y tándem: un único CAR‑T capaz de reconocer dos dianas diferentes.
En nuestro caso, en el Hospital La Paz, estamos desarrollando CAR‑T tándem, que incorporan en una misma célula la capacidad de reconocer simultáneamente dos señales tumorales, aumentando así la probabilidad de controlar la enfermedad y reducir el riesgo de escape.
P.- ¿Qué resultados clínicos concretos han observado en los tratamientos CAR‑T en niños que no respondieron a terapias convencionales?
R.- La terapia CAR‑T está aumentando de forma muy significativa los porcentajes de curación en niños con leucemia linfoblástica aguda B (CD19+) que no habían respondido a los tratamientos convencionales. Con los CAR‑T dirigidos frente a CD19, aproximadamente la mitad de los pacientes pueden alcanzar la curación.
En algunos casos seleccionados, tras la terapia CAR‑T realizamos un trasplante de médula ósea para consolidar la respuesta, y esta estrategia combinada permite mejorar aún más los resultados a largo plazo. Nuestro CAR‑T tándem lo reservamos actualmente para situaciones en las que estas opciones previas no han funcionado y la enfermedad vuelve a aparecer. Estamos hablando de niños sin alternativas terapéuticas, con una trayectoria de tratamientos muy intensiva y compleja.
Nuestra experiencia preliminar, que incluye 11 pacientes tratados en programa de uso compasivo y 2 pacientes más dentro del ensayo clínico, en total 13 niños, es muy alentadora. Once de ellos respondieron inicialmente al tratamiento, y ocho se encuentran hoy vivos y libres de enfermedad, con una mediana de seguimiento cercana a dos años. Para un grupo tan resistente a las terapias habituales, estos resultados son realmente esperanzadores.
P.- Ha hablado de la importancia de cooperación internacional y de su trabajo con equipos del Reino Unido, como en Great Ormond Street Hospital. ¿Qué aprendizajes clave ha obtenido de esas colaboraciones y cómo han influido en sus proyectos actuales?
R.- Las colaboraciones internacionales han sido fundamentales para ampliar nuestra visión y acelerar el desarrollo de nuevas terapias. Con los equipos del Reino Unido, especialmente en el Great Ormond Street Hospital, hemos abierto varias líneas de trabajo centradas en optimizar el trasplante hematopoyético, mejorar la eficacia de la terapia CAR‑T y avanzar hacia modelos que la hagan más universal, accesible y menos costosa. Esto incluye, por ejemplo, el desarrollo de estrategias como los ALLOCART, que podrían administrarse al paciente con más inmediatez, siendo un producto “más sano” al tratarse de un CAR‑T preparado de un donante sano.
Además, Londres está construyendo actualmente un Centro Pediátrico de Cáncer de referencia mundial, un proyecto que nos está proporcionando un aprendizaje muy valioso. Su modelo de integración entre asistencia, investigación, tecnología y espacios adaptados al niño está siendo una guía inspiradora para el futuro Centro Regional del Cáncer Pediátrico de Madrid, que aspiramos a que reúna esa misma excelencia y visión de largo recorrido. En conjunto, estas colaboraciones han influido directamente en nuestros proyectos actuales, ayudándonos a incorporar modelos organizativos más eficientes, nuevas aproximaciones terapéuticas y una estrategia clara de centralización y especialización que sabemos que mejora los resultados en salud.
P.- Las terapias CAR‑T son muy costosas. ¿Cuáles son los retos de equidad para que todos los niños que las necesiten tengan acceso, independientemente de su contexto socioeconómico?
R.- Las terapias CAR‑T son, efectivamente, muy costosas y complejas, tanto en su producción como en su administración, así como en el seguimiento clínico intensivo que requieren. Además, en pediatría las indicaciones actuales siguen siendo limitadas a la leucemia aguda linfoblástica B, lo que hace aún más importante optimizar su uso y garantizar su eficacia, e investigar nuevas indicaciones.
El principal reto de equidad es asegurar que todos los pacientes puedan acceder a estas terapias avanzadas cuando las necesiten. Para ello, es fundamental impulsar el desarrollo académico de CAR‑T —es decir, terapias diseñadas y producidas desde el sistema público o en colaboración con él—, lo que puede reducir costes y ampliar las indicaciones.
Otro elemento clave, como ya he comentado, es la creación de Centros Integrales de Cáncer Pediátrico, que permitan concentrar recursos, experiencia clínica, investigación puntera y equipos multidisciplinares en un mismo entorno. La centralización mejora los resultados, reduce la variabilidad, garantiza que los tratamientos complejos se realicen en entornos preparados y accesibles para todos los niños, y permite colaboraciones internacionales relevantes.
P.- Recientemente, se ha anunciado un ensayo clínico que combina trasplante alogénico y CAR‑T. ¿Qué resultados preliminares han visto y qué necesidades clínicas específicas busca cubrir esta combinación?
R.- Los resultados preliminares de esta estrategia combinada son muy positivos. El objetivo principal es consolidar y profundizar la respuesta inducida por la terapia CAR‑T, especialmente en aquellos niños cuya enfermedad es muy agresiva o presenta alto riesgo de recaída.
Sin embargo, esta combinación exige una selección extremadamente cuidadosa de los pacientes y del tipo de trasplante alogénico que se utiliza después. Se trata de niños muy vulnerables, muchos de los cuales ya han recibido un trasplante previo, lo que incrementa de forma importante los riesgos asociados a un nuevo procedimiento tan complejo como el trasplante hematopoyético.
Por ello, uno de los grandes retos es minimizar la toxicidad y personalizar al máximo la estrategia. En este contexto, el trasplante debe entenderse como una forma más de terapia celular, aún más refinada y adaptada en estos casos tan delicados. La clave es encontrar el equilibrio entre mantener la potencia antitumoral y reducir al máximo el impacto sobre un organismo ya muy castigado por tratamientos previos.
P.- ¿Hay líneas de investigación en terapias celulares que vayan más allá de CAR‑T, como NK‑cells o terapias universales, que le entusiasmen especialmente?
R.- Sí, actualmente estamos explorando múltiples líneas de investigación en terapias celulares más allá de las CAR‑T clásicas. Entre ellas destacan las células NK, las NK memo, los linfocitos T memoria, las células T reguladoras (Treg) y también los macrófagos modificados.
Personalmente, creo que los CAR‑NK y los CAR‑Treg van a ofrecernos grandes avances en los próximos años. Los primeros, porque son más seguros y podrían utilizarse como productos universales. Y los segundos, los CAR‑Treg, porque abren un abanico completamente nuevo de indicaciones terapéuticas, especialmente en enfermedades autoinmunes, trasplantes y situaciones donde necesitamos modular la respuesta inmunitaria más que activarla.
P.- ¿Qué innovaciones cree que podrían marcar un antes y un después en la pelea contra el cáncer infantil en la próxima década?
R.- La investigación seguirá avanzando y, con ello, veremos un desescalado progresivo de la quimioterapia y de los tratamientos altamente intensivos, sustituyéndolos por estrategias basadas en medicina personalizada e inmunoterapia. Esto no solo permitirá mejorar las tasas de supervivencia, sino también reducir de manera significativa los efectos adversos, que hoy en día continúan siendo muy limitantes para muchos de nuestros supervivientes.
Pero, más allá de la innovación científica, creo que en España tenemos un reto aún mayor y más urgente: superar la gran dispersión de casos. Nuestro país atiende un número relativamente pequeño de pacientes con cáncer infantil, pero distribuidos en un exceso de centros, lo que dificulta alcanzar la experiencia, la masa crítica y la infraestructura necesarias para ofrecer terapias altamente complejas de manera óptima.
Por eso, una innovación clave para la próxima década sería que fuéramos capaces de concentrar la actividad asistencial en unos pocos Centros Integrales de Cáncer Pediátrico, capaces de integrar: I) excelencia médica y quirúrgica en hematooncología pediátrica; II) investigación disruptiva básica, traslacional y clínica integrada en el manejo clínico; III) formación altamente especializada; IV) y una red coordinada que incorpore a los hospitales del territorio asignándoles roles específicos dentro del proceso. Este modelo centrado, especializado, de investigación, docencia y a la vez conectado con la investigación de vanguardia —sería, sin duda, un antes y un después en la lucha contra el cáncer infantil en España.
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