Dr. Alcalá: «El trastorno bipolar afecta al 3% de la población a lo largo de su vida»
En las fases de manía puede predominar tanto la euforia como la irritabilidad, y otros síntomas acompañantes serían una autoestima exagerada
Entre un 2 y un 3% de la población puede generar alguna forma de trastorno bipolar a lo largo de su vida. Esta enfermedad, que tiene una prevalencia entre el 0,5 y el 1,6% en sus formas más graves, se caracteriza por un estado de ánimo cambiante, según ha indicado el jefe de servicio de Psiquiatría del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén, José Ángel Alcalá.
El trastorno bipolar es un tipo de afección y problema psicológico. Suele ser un problema mental algo grave que se basa en cambios de ánimo algo exagerados y en poco tiempo. Las personas bipolares pasan del llano a la alegría desmedida en muy poco tiempo. Eso les hace estar en un estado algo extraño y están en un ánimo considerado normal entre un ciclo y otro, y vuelta otra vez.
Así, problemas económicos, sociales, psicológicos o familiares, junto al cambio vigilia-sueño y consumo de alcohol u otras sustancias tóxicas, «pueden precipitar el debut de un trastorno afectivo bipolar», ha afirmado.
En las fases de manía puede predominar tanto la euforia como la expansividad o la irritabilidad, y otros síntomas acompañantes serían una autoestima exagerada, verborrea, pensamiento acelerado, desinhibición, distraibilidad, impulsividad, hiperactividad, inquietud y agitación.
Por otra parte, las fases de depresión se caracterizan por una inmensa tristeza, falta de interés y de ilusión por actividades diarias habituales. Además, pueden aparecer cuestiones como un pensamiento enlentecido, desesperanza, alteraciones del sueño, ansiedad y deseos de muerte con riesgo de autolisis. En casos graves de estas dos fases, es posible que se presenten síntomas psicóticos congruentes con el estado de ánimo predominante.
Funcionalidad del paciente
El especialista ha explicado que se trata de una enfermedad crónica y recurrente del estado de ánimo, «que puede limitar notablemente la funcionalidad del paciente, su vida cotidiana y sus relaciones personales». Aparece un estado de ánimo cambiante que puede fluctuar entre dos polos completamente opuestos, la manía (que incluye la presencia de sensación de euforia), y la depresión (donde predomina la tristeza).
El doctor Alcalá ha señalado que, según la mayoría de los estudios sobre esta enfermedad, su aparición suele darse en dos etapas diferentes de la vida. De esas dos etapas, la más común ocurre entre los 28 y 44 años, y la otra etapa, en la que también podría aparecer la enfermedad, suele ser en la adolescencia o en los primeros años de la adultez, generalmente entre los 18 y 25 años.
A partir de los 50 años existe una disminución del riesgo en la aparición del trastorno afectivo bipolar, salvo en los casos secundarios a fármacos u otras enfermedades. Las mujeres debutan con mayor frecuencia con episodios depresivos, más recaídas y resistencia al tratamiento, mientras que en los hombres la edad de inicio suele ser más precoz.
El especialista ha destacado que el diagnóstico exige un completo estudio clínico que incluya al paciente y a familiares cercanos, así que pueden ser necesarias varias entrevistas para poder realizar una evaluación completa. A veces es útil realizar algún cuestionario de detección sistemática de posibles síntomas de la enfermedad, «fundamentalmente porque parte del diagnóstico clínico como el aumento de la actividad o la energía, si no es intenso, puede ser considerado como positivo y no patológico».
Tratamiento farmacológico
El tratamiento principal es farmacológico, unido a otras intervenciones como psicoeducación, terapia individual de tipo cognitivo-conductual y terapia familiar, ha recordado el centro hospitalario. En cuanto a los fármacos, existen dos grandes grupos, eutimizantes, que intentan proteger de estas fluctuaciones del estado de ánimo, por ejemplo, el litio. Y antipsicóticos, que suelen actuar en la fase maníaca de la enfermedad, como el aripiprazol, y en la fase depresiva, como la quetiapina.
La combinación de afecciones psiquiátricas es muy alta, principalmente con trastornos de ansiedad, consumo de sustancias adictivas y problemas de personalidad, lo que puede aumentar el riesgo de autolesión de estos pacientes. Además, se produce mayor incidencia de otros problemas médicos como migraña, hipertensión arterial, problemas de tiroides, obesidad, patología pulmonar, tabaquismo y enfermedades infecciosas.
Temas:
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