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De Bethesda a la «Triple Terapia»: la vida de Mariano Barbacid, el mayor oncólogo español de todos los tiempos

De Bethesda a la «Triple Terapia»: la vida de Mariano Barbacid, el mayor oncólogo español de todos los tiempos
Diego Buenosvinos

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El periodista Graciano Palomo, columnista de OKDIARIO, con una veintena de libros publicados de distinta temática, se presenta ante los lectores con una obra de interés general bajo el título Mariano Barbacid, la batalla contra el cáncer, publicado por La Esfera de los Libros (2026), en el que relata la vida personal y profesional del más famoso investigador oncológico español de todos los tiempos.

El libro contiene un cincuenta por ciento de tratado acerca de los distintos y múltiples cánceres en seres humanos. Lo primero que llama la atención en la nueva obra de Palomo es la afirmación del doctor Barbacid acerca de que «el cáncer no desaparecerá nunca… Se podrá mitigar o retrasar, pero desaparecer, nunca, sobre todo alguno de ellos». El autor, tras tres años de concienzudo trabajo en una materia complejísima, ha buscado desentrañar en lo posible la palabra maldita: cáncer.

Mariano Barbacid nace en Madrid hace 77 años; problemas en el parto le dejaron una mancha muy visible en su rostro, conocida como «angioma vascular facial congénito». Hijo único de una familia de clase media, con padre vendedor de papel para imprentas y madre ama de casa. Sus estudios fueron sobresalientes desde la niñez hasta completar el doctorado, donde su tesón por aprender y su capacidad de estudio llamaron la atención de sus profesores. Enseguida logró entrar en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde consiguió plaza de funcionario.

No era precisamente lo que soñaba. Agraciado con una de las anheladas becas norteamericanas Fulbright (600 dólares mensuales) y con su doctorado al hombro, emprendió viaje al Instituto Nacional del Cáncer (NCI) en Estados Unidos, ubicado en su laboratorio de Bethesda (Virginia); apenas chapurreaba el inglés. Pero ardía en deseos el joven Barbacid de mirar cara a cara directamente a los ojos del cáncer.

Los hitos del oncólogo molecular

Aterrizó en Bethesda en 1974 con 24 años. Lo primero que llamó la atención de sus jefes en el NCI fue la entrega total a su trabajo. Muy pronto lideraría uno de los grupos básicos de oncólogos moleculares más importantes del mundo en aquel momento, que tan solo ocho años después, en marzo de 1982, descubrió y aisló por vez primera en la historia mundial de la ciencia el primer oncogén humano (HRAS). El nombre de Mariano Barbacid recorrió todos los rincones del mundo, por cuanto el hallazgo venía a llenar un vacío respecto a los tumores HRAS, genes alterados (mutados) que forman parte de la familia de genes RAS que participan en el control del crecimiento, la división y la comunicación interna de las células.

Tenía 32 años. A partir de ese descubrimiento, el «españolito» que había llegado de un «país extraño» pudo tratar de tú a tú a los grandes colegas en la materia de fama universal. Muchos premios Nobel en la materia han reconocido que aquel lejano descubrimiento del bioquímico español cambió la medicina y la investigación contra la fatal enfermedad por completo: en esencia demostró que el cáncer se origina por alteraciones genéticas específicas. Este hito dio paso a la «oncología molecular», que entonces era una completa desconocida en todo el mundo.

A partir de ahí le llovieron las ofertas de los grandes hospitales, laboratorios y universidades norteamericanas. De hecho, rechazó una oferta de Harvard con todo lo que ser profesor de la primera universidad del mundo supone, pero necesitaba asegurarse una holgada situación económica y aceptó un puesto como vicepresidente en los famosos laboratorios farmacéuticos norteamericanos Bristol Myers Squibb, donde permaneció durante seis años. Su nombre entró con letras de oro en el Olimpo científico americano. No fue una tarea precisamente fácil. «Años de trabajo infatigable sin horarios ni días festivos en aquel bendito laboratorio del NCI», recuerda ahora Barbacid.

Todo ello, como lo posterior en su vida hasta la actualidad, se describe pormenorizadamente y por vez primera en el libro del escritor y periodista Palomo Cuesta.

Aquella llamada que creó el CNIO

En 1997, quince años después del descubrimiento del primer oncogén HRAS, la figura de Mariano Barbacid se había consolidado como la de un científico mundial de primer orden. Su capacidad mediática, con sus congénitas cualidades para «fijar mensajes», coadyuvó a ello. Aznar llevaba un año en el poder y quería hacer «algo grande» en materia de ciencia «para pasar a la historia». José Antonio Gómez Fuentes, jefe del Instituto de Salud Carlos III, tenía al hombre que ese gobierno necesitaba: el bioquímico que seguía en Estados Unidos. Lo comentó con su jefe, el ministro Romay, y este con Aznar. Había que fichar al madrileño para habilitar en España un centro de referencia mundial en la lucha contra el cáncer.

El investigador, que se encontraba en España participando en los cursos de verano de la UIMP (Santander), recibió la oferta con un cierto escepticismo. Pero llevaba ya muchos años en Estados Unidos y creía que podía exportar a su país el «modelo exitoso de investigación científica norteamericana», alejado por completo de la siniestra burocracia española que todo lo arruina. Aceptó montar un CNIO con sus condiciones. La fundamental: tener manos libres y sin ninguna dependencia política.

No fue fácil vencer todas las resistencias políticas y burocráticas, especialmente durante la etapa de Celia Villalobos como ministra, pero finalmente Aznar pudo inaugurar la sede majestuosa del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. En los diez años posteriores el Centro se situó en el top mundial, atrayendo talento investigador de todas las partes del mundo. Hasta que llegó al poder Rodríguez Zapatero y su ministra de Ciencia, Cristina Garmendia.

Cuando Barbacid decidió dedicarse a tiempo completo a la investigación, Garmendia colocó en su lugar como directora del CNIO a María Blasco, que trastocó por completo el perfil de la hasta entonces prestigiosa institución. El resto de la historia es ampliamente conocido por sus escándalos, ampliamente documentados en el libro del periodista Graciano Palomo.

Si el descubrimiento del oncogén HRAS en el NCI americano fue el primer «hijo científico» de Barbacid, la creación del CNIO fue su segunda criatura histórica. El «tercer hijo» para el legado Barbacid es, sin duda, la investigación de más de cinco años llevada a cabo por el Grupo Oncológico Molecular liderado por Mariano dentro del CNIO. Junto con la doctora Carmen Guerra, Barbacid persigue desarrollar una terapia farmacológica contra el cáncer de páncreas en humanos. El primer paso fue experimentar en ratones.

El 29 de enero de 2026 presentó urbi et orbi el éxito de la llamada «Triple Terapia» en animales. El bombazo nacional e internacional fue de los que hacen época. Mientras internacionalmente se saludaba la «gran esperanza» conseguida por el científico español, en España se afilaban los cuchillos. En menos de una semana un crowdfunding doméstico consiguió reunir cinco millones de euros ante la falta de financiación pública gubernamental.

Todo tipo de falsedades, personales y profesionales, sobre el investigador se divulgaron por algunos medios de comunicación españoles; la fundamental, que el hallazgo no había sido homologado por la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, tras descubrirse que Barbacid había ocultado sus intereses económicos (700 euros), cuando en realidad se trataba simplemente de un error administrativo fácilmente subsanable. La Academia y su publicación PNAS avalaron firmemente el inicio de esa «gran esperanza». Lo único cierto es que la Triple Terapia había conseguido eliminar el cáncer de páncreas en ratones, algo nunca experimentado jamás por ningún otro científico en parte alguna del mundo.

Tras dejar claro lo anterior, el equipo Barbacid trabajaba denodadamente en la persecución de habilitar esa terapia en pacientes humanos, labor que durará como mínimo un lustro hasta comprobar si, en efecto, el hallazgo es trasladable a personas y pone coto a uno de los cánceres más mortíferos.

Los ataques del Gobierno de Sánchez

El libro subraya con extraordinaria precisión y prolija información los ataques, «algunos de ellos tan desaforados como ridículos», según reza en el manuscrito, que recibe el bioquímico madrileño, sobre todo a partir del 29 de enero de 2026, día en el que se anunció urbi et orbi el éxito obtenido por su equipo de científicos del CNIO relativo a la bautizada por el propio Barbacid como «Triple Terapia», esto es, los fármacos combinados que habían hecho desaparecer el cáncer de páncreas en ratones como antesala de la nueva fase prevista para iniciarse inmediatamente en seres humanos.

Barbacid siempre se ha distinguido, sobre todo tras su experiencia de 26 años en Estados Unidos en el Instituto Nacional del Cáncer de Bethesda (Virginia), por defender que los políticos deberían mantener alejadas sus manos de las cuestiones de ciencia y que, a lo máximo, deberían proveer de financiación suficiente para que los científicos operaran con independencia total en su trabajo sin atender «razones políticas», que al entender del investigador es una de las causas del fracaso de la ciencia en nuestro país.

Los ataques fueron organizados básicamente por los núcleos activos de la ex directora científica del CNIO, María Blasco, cesada por irregularidades económicas manifiestas en la administración de caudales destinados a la investigación contra el cáncer. Contaba también con el apoyo expreso de sus superiores en el Ministerio de Ciencia, donde la señora Morant formaba parte de un grupo sanchista de apoyo. Utilizaron primordialmente al diario El País para vehicular todo tipo de sospechas sobre el fundador del CNIO; incluso llegaron a cuestionar su éxito en su última investigación, utilizando para ello una pretendida posición de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos que unas semanas después volvió a validar por completo la investigación del doctor Barbacid, que, además, forma parte de esa prestigiosa institución mundial.

El libro realiza un escarceo en la vida personal y familiar del oncólogo madrileño. Casado en segundas nupcias con la también científica Mónica López Barahona, presidenta de la Comisión Pontificia de Bioética, tiene dos hijas, una de ellas estudiante de medicina. Recoge también, por vez primera, una gran colección de fotografías personales y familiares de su larga estancia en Estados Unidos (24 años), trabajando en su actual laboratorio dentro del CNIO, y las opiniones no desveladas hasta ahora de Barbacid sobre la muerte, sus gustos culinarios, las distintas enfermedades del cáncer, el sistema de prevención del mismo, y por qué ama al Real Madrid y la fiesta de los toros.

Todas las claves sobre la larga andadura del primer investigador oncológico español de todos los tiempos, en la obra de nuestro columnista Graciano Palomo.

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