Ataques de pánico: cómo detectarlos y controlarlos para que no deriven en un trastorno más grave
El episodio puede iniciarse de manera súbita, en cuestión de minutos, y evolucionar con tal intensidad que conduzca a una sensación pérdida del control
Es importante, en este punto, entender que en un periodo de tiempo, de entre cinco y veinte minutos, vamos a pasar por un proceso de hiperactivación
Notamos que se nos acelera el corazón, que nos mareamos, que no respiramos bien. Son tres posibles síntomas de que estamos teniendo respuesta psicofisiológica ansiosa. Los motivos: nuestro organismo está percibiendo una amenaza, un peligro. Por este motivo, y para hablar de los ataques de pánico, Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen, ha señalado que si no se gestionan, «pueden derivar en trastorno de pánico o agorafobia”.
Los ataques de ansiedad pueden producirse aisladamente y ser consecuencia de cómo cada persona se enfrenta a situaciones difíciles o traumáticas en la vida. Ahora bien, cuando se producen de manera recurrente, será preciso ponerse en manos de un profesional de la salud mental, un psicólogo o un psiquiatra dependiendo de la gravedad de los episodios y los síntomas.
La repetición de estos ataques de ansiedad puede derivar también en ataques de pánico, que se perciben de una manera más desagradable e incontrolable. Se originan, como explica la psicóloga Pilar Conde, cuando al producirse niveles altos de ansiedad, el que lo sufre teme por su vida o su integridad, siente que algo malo le está sucediendo y que puede llegar, por ejemplo, a perder el conocimiento, a sufrir un ataque cardiaco y, peor, llegar a morir, por lo que la ansiedad inicial puede acabar en un ataque de pánico.
El episodio puede iniciarse de manera súbita, en cuestión de minutos, y evolucionar con tal intensidad que conduzca a una sensación pérdida del control. La persona puede llegar a experimentar todos los síntomas antes descritos: palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de dificultad para respirar, sensación de ahogo, dolor molestia en el tórax, nauseas o malestar, sensación de mareo, escalofríos o sensación de calor, hormigueo, desrealización o despersonalización, miedo a perder el control o «volverse loco», miedo a morir.
Además de angustia y, en ocasiones límite, terror, quienes los padecen temen que estos ataques de pánico puedan repetirse, lo que les condiciona y afecta a su bienestar. En este contexto, advierte la directora técnica de Origen, resulta imprescindible solicitar la ayuda de un profesional de la salud mental. De lo contrario, y en determinados casos, los ataques pueden derivar en trastorno de pánico y en agorafobia, diagnósticos de impacto significativo.
Por qué se produce el pánico y la ansiedad
Lo más importante, refiere, es que la persona entienda por qué se producen el pánico y la ansiedad, cómo funciona el sistema que los regula. Primero, «para relacionarse con la ansiedad de forma distinta y evitar así que escale a ataque de pánico», después, «para aprender a gestionar las diferentes situaciones de una manera adaptativa, para ello se requiere aprender estrategias cognitivas, emocionales y comportamentales».
Así, cuando se inicien los primeros síntomas, estaremos ya en disposición de ponerle nombre a lo que nos ocurre y recordar que sus manifestaciones, si se comprenden, son desagradables, pero no son peligrosas. En esos momentos, sentarse y respirar de manera pausada ayudará a regular la hiperactivación del sistema nervioso autónomo.
Es importante, en este punto, entender que en un periodo de tiempo, de entre cinco y veinte minutos, vamos a pasar por un proceso de hiperactivación que va a ir, de manera natural, reduciéndose poco a poco.
Lo mismo sucede con las personas que se encuentran alrededor de las víctimas de estos episodios. Si conocen el problema y como se origina, podrán ayudarles a entender que están teniendo un ataque de pánico. Será muy útil entonces decirles que saben que lo que está experimentando, que es desagradable, pero que no le puede hacer daño. Estar a su lado e incluso ayudarle en la respiración le ayudará a “surfear el pico ansioso”.
Este conocimiento, por último, será de gran utilidad cuando las víctimas de los ataques de ansiedad y pánico sean niños, adolescentes y jóvenes, también afectados por estos trastornos.
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