Si cocinas las patatas en esto en lugar de agua, el sabor será inigualable
Un truco para cocinar las patatas que hace que tengan un sabor exquisito
5 recetas con patatas, este básico de toda cocina es el origen de grandes platos
Recetas con patatas: ideas fáciles, sabrosas y para todos los gustos
Entre las recetas que muchas veces hacemos casi sin pensar, la de cocer patatas es una de las más populares o más conocidas, si tenemos en cuenta que para ello sólo se requiere una olla un poco de agua, sal y nada más. Da igual si es para una ensalada, para acompañar carne o simplemente como guarnición rápida. Es una de esas preparaciones básicas que todo el mundo da por hecha y que rara vez se cuestiona. Pero precisamente por eso, muchas veces se queda en algo funcional, sin más, sin aprovechar todo lo que este ingrediente puede dar de sí.
Sin embargo, basta con cambiar un detalle muy concreto para que el resultado que obtenemos al hervir o cocer patatas, sea completamente distinto. No hace falta añadir ingredientes raros ni complicarse en exceso dado que el truco está en algo tan simple como sustituir el agua por un caldo de verduras. Puede parecer una tontería, pero cambia bastante más de lo que uno imagina cuando lo prueba por primera vez. De hecho, este pequeño gesto hace que las patatas dejen de ser un acompañamiento neutro y pasen a tener más presencia en el plato. Al hervirlas en caldo, absorben el sabor desde dentro, no sólo por fuera, y eso se nota. Es una de esas cosas que muchos cocineros hacen sin darle demasiada importancia, pero que en casa suele sorprender cuando se descubre.
Si cocinas las patatas en esto en lugar de agua, el sabor será inigualable
Cuando hierves patatas en agua con sal, lo único que estás haciendo es cocerlas y, como mucho, potenciar ligeramente su sabor natural. No hay nada que les aporte matices nuevos. El resultado es correcto, pero bastante plano si lo comparamos con otras formas de cocinarlas. En cambio, cuando se utiliza un caldo, lo que ocurre es distinto. Las patatas se cocinan mientras van absorbiendo el líquido, y con él, todo lo que lleva dentro: verduras, especias, aromas. Poco a poco van cogiendo ese sabor sin necesidad de añadir nada más al final. No es un cambio radical en la forma de cocinar, pero sí en el resultado.
Además, tiene una ventaja práctica y es que no necesitas tirar de mantequilla, salsas o aliños para que tengan gracia. Salen ya con bastante sabor, lo que simplifica mucho el plato y lo hace más ligero sin perder interés.
Cómo hacer un caldo sencillo en casa
No hace falta preparar un fondo complicado ni pasar horas en la cocina. Con lo básico es más que suficiente. Una cebolla, un par de zanahorias, algo de perejil y, si tienes, también puedes añadir algo de apio. A eso se le pueden añadir especias como laurel o unos granos de pimienta, sin volverse loco.
Se pone todo en una olla con agua y se deja hervir unos 25 o 30 minutos. Durante ese tiempo el caldo va cogiendo cuerpo y sabor poco a poco. Un truco que se usa bastante es dorar la cebolla antes de añadirla, incluso en seco, para que aporte un toque más profundo. No es imprescindible, pero se nota. Después se cuela y ya está listo para usar. No tiene más misterio. Es un paso extra respecto a cocer en agua, pero tampoco supone un esfuerzo grande y el cambio en el plato compensa.
El punto de cocción es donde suele fallar todo
Más allá del caldo, hay otro punto clave a la hora de cocinar las patatas y tiene que ver con la cocción. A mucha gente le pasa que las patatas o se rompen o se quedan duras, y no siempre es cuestión de tiempo. A veces simplemente se cuecen demasiado fuerte o no se controla bien el proceso.
Lo mejor es cocinarlas a fuego medio, sin que hiervan de forma agresiva. Se pelan, se cortan en trozos más o menos iguales y se añaden al caldo ya preparado. En unos 15 o 20 minutos suelen estar listas, aunque conviene ir comprobando con un tenedor. Tienen que estar tiernas, pero sin deshacerse. Cuando se cocinan así, además, no hace falta añadir casi nada más ya que el propio caldo ya les ha dado suficiente sabor, así que no es necesario recargarlas después.
Qué patatas usar y cómo aprovecharlas mejor
Y por último, no podemos olvidar que cualquier tipo de patata sirve para la cocción. Las que mejor resultado dan son las de contenido medio en almidón, porque mantienen la forma y al mismo tiempo absorben bien el caldo. Si son demasiado harinosas, pueden romperse con facilidad. Y en el caso de las patatas nuevas, ni siquiera hace falta pelarlas. Con lavarlas bien es suficiente, y la piel fina aporta algo más de sabor. Es un detalle pequeño, pero suma.
A partir de ahí, sirven para casi todo. Como guarnición de carne o pescado funcionan muy bien, pero también se pueden tomar solas con un poco de aceite y sal o incluso en frío, en ensalada. Al final, es una forma sencilla de mejorar un plato de siempre sin cambiarlo del todo.
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