Opinión

A ZP la soga se le estrecha

  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

Los edecanes sanchistas de RTVE lo tienen claro: de Rodríguez Zapatero no se ofrecerá  ninguna información propia y tampoco se recogerá historia alguna publicada por otros medios. Por vez primera desde hace muchos años, el otrora Bambi anda tan cuitado como su amigo Sánchez, porque los dos son ahora mismo carne de juzgado.

Mientras el presidente en ejercicio continúa su deterioro físico y político a marchas forzadas –sus intervenciones parlamentarias resultan realmente patéticas–, Zapatero, cada día que pasa, se muestra como realmente es, un personaje indigno, mentiroso, amigo de dictadores; ahora ya conocemos que le gusta la pasta más que a un tonto una piruleta.

Lleva años mintiendo descaradamente acerca de sus oficios ante el chavismo/madurismo. Todo lo hacía, señalaba, en beneficio del pueblo venezolano, por la restauración democrática, y sostenía que luchaba desesperadamente –¡qué engañados tuvo a tantos!–por liberar a los presos políticos que aquella dictadura no asesinó. Todo es y fue una brutal patraña que ahora queda al descubierto. Lo que realmente llama la atención es que él, secundado por sus hijas, compraban informes sobre cualquier cosa y luego los vendían a precio que nadie se traga.

Verde y con asas. Su amigo Julito, el de Plus Ultra, pagó 600.000 euros del ala, que aplicado el sentido común  bien pudiera ser, presuntamente, su comisión al haber conseguido que el Gobierno sanchista metiera 53 millones de euros en la compañía operadora caribeña. Ahora ese dineral ha quedado al descubierto.

Si mintió en eso, ¿por qué hay que creerle en el resto de asuntos sobre los que todavía tiene que ofrecer muchas explicaciones? ZP es el personaje dentro de la izquierdona, escasamente democrática, que ha movido los hilos en muchos temas oscuros y putrefactos, esa especie de mafia (presuntamente) que pasa por Bono, Pepiño, Hernando y demás compañeros mártires. El presidente del Gobierno que dejó España como un solar económico –cierto que autorizó el matrimonio gay, algo de lo que tanto presume–, también abrió el enfrentamiento entre españoles cuando todavía los cadáveres estaban calientes. Dio carta de naturaleza a la organización terrorista ETA y, en fin, urdió todo tipo de tretas para animar a los neocomunistas del mundo iberoamericano a merendarse a la socialdemocracia. Fue Felipe González el primero que se percató de la auténtica catadura del leonés.

Las informaciones que se están publicando estos días en los medios nacionales e internacionales respecto a los procederes del tal ZP, unidas a las anteriores de hace años, deben estimular el celo de la Policía Judicial. Entre otras cosas, tenemos derecho a conocer con exactitud sus relaciones con el ex DAO y el ex policía Segundo Martínez, hombre a su servicio antes y ahora.

Por menores causas las cárceles españolas están repletas de gente.