Opinión

Yolanda, la «presidenta» de Iván Redondo

Iván Redondo es ese gran gurú político que cada lunes, desde las páginas de la muy subvencionada La Vanguardia, vaticina la resurrección del «Gobierno de coalición progresista» debido a que lo que él denomina los «caucus de las derechas» —las elecciones autonómicas de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía— están siendo, a su modesto entender, un desastre para el PP, que las gana, y no para el PSOE, que se hunde. El ascenso de Vox lo analiza como una gran oportunidad para Pedro Sánchez, a pesar de que todos los sondeos —salvo el muy manipulado de Tezanos— dan una mayoría estratosférica a los partidos de la oposición.

Antes de reeditar su amor eterno por Pedro Sánchez, los cariñitos de Iván Redondo eran para Yolanda Díaz, a la que dedicó en el diario del conde de Godó una buena ristra de artículos en los que vaticinó que sería la «primera presidenta del Gobierno» como «líder laborista» de una izquierda renovada. Eran los tiempos en los que Pedro no se le ponía al teléfono y, despechado, quiso convertirse en el gran vocero de la entonces pujante vicepresidenta.

Yolanda Díaz anunció este miércoles que renuncia a ser candidata a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales, noticia que se daba por descontada desde hace meses, dada la sucesión de fracasos electorales de este espacio político que —todavía— cuenta con cinco ministerios. Galicia, País Vasco, Parlamento Europeo, Cataluña, Aragón y Extremadura han sido los comicios en los que la todavía vicepresidenta ha enterrado su carrera política.

La renuncia de Yolanda Díaz es un nuevo «triunfo» de la factoría de Iván Redondo. Aunque seguro que podrá justificar su escaso tino a la hora de predecir el futuro de la vicepresidenta con un nuevo artículo ininteligible, con términos solo aptos para los «entendidos». Él seguirá hablando de una coalición con «motor Sumar», «motor Podemos» o —este término es mío— «motor kale borroka» para vender una nueva resurrección del sanchismo mientras sigue aumentando su clientela. Que es de lo que va esto.

Las próximas elecciones generales no las puede ganar Sánchez y su banda de partidos fanatizados; solo las pueden perder PP y Vox si cometen graves errores. Y algo habrán aprendido de las generales de 2023. O eso esperamos muchos millones de españoles. No dudo que Iván Redondo esté en la pomada para que la derecha se equivoque. Leyéndole en La Vanguardia es evidente que su relación con Moncloa ha mejorado lo suficiente como para haberse reincorporado a la sanchosfera. Por supuesto, tiene más nivel que Javier Ruiz, Sarah Santaolalla o David Broncano, pero no deja de ser un propagandista más de la muy poderosa maquinaria de comunicación y producción de bulos del PSOE.

Mientras el conde de Godó piense que Iván Redondo le puede ser útil, seguirá teniendo su página semanal para contribuir a las cortinas de humo de Sánchez. La Vanguardia no es un diario; es un buen negocio de relaciones públicas, y su dirección siempre sabe a quién debe mimar para engordar la cuenta de resultados. Desde el 1 de febrero de 1881 siempre ha estado al servicio de quien manda, y de ahí su larga supervivencia y sus buenos resultados económicos. De momento, a Redondo no se le ha puesto la cara del periodísticamente ajusticiado Pedro Vallín, que de estrella emergente del periodismo a la izquierda del PSOE acabó de patitas en la calle. Pero ha de tener claro que, más pronto que tarde, ese será su destino en el diario de los Godó.