Trump pide la paz a los ayatolás
El humo de las bombas se ha asentado y, aunque no tengamos drones para reconocer Irán, podemos saber el resultado actual de esta nueva guerra, siete semanas después de que empezara. Estados Unidos pide, casi suplica, la paz a Irán. La situación de Donald Trump recuerda a la de Lyndon Johnson y Richard Nixon en la guerra de Vietnam, en vez de a la de Franklin Roosevelt en la Segunda Guerra Mundial. La diferencia con Johnson y Nixon es que a Trump no le están llegando ataúdes.
A pesar de haber sufrido bombardeos y la liquidación de gran parte de su clase dirigente, la República Islámica iraní aparece como vencedora, ya que para ella la simple supervivencia supone la victoria. Por el contrario, Estados Unidos, que quería derrocar al régimen y sustituirlo por otro que aceptase desarmarse, pactar con Israel y dejar de suministrar petróleo a China, ansía un acuerdo, el que sea, con tal de que los petroleros y metaneros vuelvan a cruzar el estrecho de Ormuz.
Resumido de manera telegráfica, a Irán le bastaba con no perder, aunque muriesen miles de personas (¡qué más les da a los ayatolás y a los jefes de la Guardia Revolucionaria!) y se quedase sin aviación, barcos y misiles. Pero Estados Unidos necesitaba ganar, de manera rotunda. Que el enemigo ondease banderas blancas, se rindiese y entregase los misiles sobrantes y el uranio.
El último ofrecimiento de Trump ha confirmado la disparidad de los propósitos. El martes 21, el presidente se retractó de sus últimas amenazas y, a pocas horas de que venciese el plazo de su anterior ultimátum, suprimió todo plazo al alto el fuego, mientras prosigan las conversaciones en Pakistán.
EEUU parece asombrado, y tal vez hasta agotado, de que los iraníes aguanten la paliza que les está propinando, junto con Israel, y se mantengan en pie.
Mahdi Mohammadi, asesor del presidente del Parlamento iraní, Ghalibaf, quien encabeza la delegación negociadora de su país, respondió: «La prórroga del alto el fuego de Trump no significa nada». Y añadió: «El bando perdedor no puede imponer sus condiciones. La continuación del bloqueo es lo mismo que un bombardeo y debe ser respondida con una defensa militar».
El desabastecimiento de petróleo y gas natural, que es palmario en Asia, empieza a afectar a Europa. El director de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, declaró el 16 de abril que Europa tiene «quizás seis semanas de combustible para aviones» y anunció la inminente suspensión de vuelos. Y ya está sucediendo. Lufthansa ya ha cancelado 20.000 vuelos ante una posible escasez de queroseno. Los servicios afectados incluyen rutas europeas, tanto internacionales como internas y la medida de la aerolínea alemana se extenderá hasta octubre.
La exuberancia de las bolsas europeas y norteamericanas, que tocan máximos impulsadas por la confianza en un fin próximo de la guerra, no podría compensar las colas en las gasolineras ni la inflación en los alimentos y otros productos. Por eso, Trump quiere la paz.
Teherán ha sacrificado a parte de sus élites (como al líder supremo Alí Jamenei y varios ministros), ha gastado gran parte de su arsenal de drones y misiles, ha visto explotar muchas de sus fábricas de armamento… y ha conseguido que quienes planean su extinción, nerviosos, le den más tiempo.
¿Cómo lo ha hecho? No sólo aplicando su costosa y dura Doctrina Mosaico, sino usando su masa continental para obtener su única ventaja, que es la geografía; o sea, el dominio de una orilla del estrecho de Ormuz. Así, el tráfico de buques está limitado a unos pocos al día. La única manera que tiene Estados Unidos de eliminar la posición iraní sería mediante la ocupación de sus islas y su costa. Y aunque Trump contase con el aplauso de los árabes, los japoneses, los coreanos, los indios y los filipinos, tendría que realizar una invasión; es decir, desplegar infantería… y recibir los cadáveres.
El genio de la negociación está mostrando que en esta crisis se ha equivocado. Ha incumplido sus consejos y su experiencia. Veamos dos citas sacadas de El arte de la negociación.
La primera es ésta: «En los negocios soy muy conservador. Siempre entro en la negociación previendo lo peor. Cuando uno es capaz de prever lo peor (y admitirlo), lo mejor siempre cuida de sí mismo». Todos intuimos que Trump no previó que la dictadura de los ayatolás aguantaría su campaña de bombardeos y reaccionaría llevando al mundo a la destrucción mutua económica.
La segunda cita escogida es: “Los negocios que funcionan mejor son aquéllos en los que cada parte necesita algo que tiene la otra”. Aplicada al conflicto en curso, la república islámica no quiere nada de Estados Unidos a cambio de la paz. Ni energía, ni armamento, ni protección diplomática, ni retirada de las sanciones, a las que está sometida desde hace años… y, encima, sus dirigentes no parecen temer a la aniquilación. ¿Cómo se negocia con alguien que no tiene tus mismos conceptos no ya sobre lo valioso, sino sobre la vida?
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