Opinión

Tolerancia cero con el machismo

El escritor Félix de Azúa se equivoca de principio a fin con sus comentarios machistas sobre la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Una frase como «debería estar sirviendo en un puesto de pescado» dice muy poco de la altura intelectual que se le presupone a un hombre que acaba de ser nombrado sillón ‘H’ de la Real Academia Española (RAE). La expresión supura machismo recalcitrante en un país donde, afortunadamente, las profesiones hace mucho tiempo que dejaron de pertenecer a un sexo u otro en función de sus especificaciones. Algo que un hombre como Azúa debería de tener siempre presente de un modo inexcusable. Más, si cabe, cuando su labor dentro de la RAE se basa en la revisión y protección del idioma español no sólo desde un punto de vista teórico, sino también en su aplicación práctica en el día a día donde una de las máximas es la lucha contra cualquier tipo de sexismo inherente al idioma. Ada Colau tiene razón al calificar las palabras del académico como «machistas y clasistas».

En cualquier sistema democrático que se precie, la actividad política y la labor de los representantes públicos no se entiende sin la avidez del análisis radiográfico y una crítica intelectual pormenorizada. A veces, incluso, de un modo constante e incisivo. No obstante, consideraciones como las de Azúa son inaceptables en una realidad social donde la protección de las libertades individuales y la igualdad intersexual resultan principios insoslayables. Tanto como el respeto escrupuloso a todas y cada una de las profesiones que los ciudadanos —auténticos héroes durante la crisis económica— desarrollen para ganarse honradamente la vida.

A tenor de su deficiente gestión al frente del Consistorio de Barcelona, Colau se ha convertido en la peor alcaldesa en la historia democrática de la ciudad. A la huelga del Metro que malogró un evento de primera línea mundial como el Mobile World Congress hay que unirle la moratoria en la construcción de hoteles que está cercenando el crecimiento económico de la urbe al tiempo que espanta a los inversores nacionales e internacionales. Además, Ada Colau concede arbitrariamente espacios públicos a los okupas con el consiguiente agravio para aquellos vecinos que optan a una vivienda de un modo legal. Sin embargo, una cosa es la divergencia ponderada, basada en argumentos y hechos objetivos y, otra muy distinta, esta grave salida de tono de Félix de Azúa que con sus palabras ha bajado el nivel del debate a los estratos del subsuelo.