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Opinión
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Sorprendente purga militar en China

Hace unos días el diario The Economist se hacía eco de la purga, realizada por Xi Jinping, del general más senior y de mayor rango de China, el hasta ahora invulnerable Zhang Youxia.

Una información basada en fuentes del Ministerio de Defensa Nacional que había anunciado que el militar cesado estaba siendo investigado por infracciones, no especificadas, de las leyes y de la disciplina política con un editorial en el PLA Daily en el que se afirmaba «la traición del general defenestrado pisoteando la autoridad del presidente y habiendo socavado con sus acciones su liderazgo causando un daño masivo a la solidez política y a la preparación del ejército para el combate».

Una de las mayores crisis internas en décadas, dentro de la cúpula militar china el general miembro del Buró Político, está siendo investigado por presuntamente filtrar información sensible del programa nuclear chino a los Estados Unidos y supuestamente haber facilitado datos técnicos clave sobre las armas nucleares a las autoridades estadounidenses. El presunto espionaje nuclear, de confirmarse, tiene unas implicaciones estratégicas profundas para la seguridad nacional de China y para su relación con los Estados Unidos.

El general Zhang se había alistado en 1968 y se había distinguido como oficial de primera línea en la cruenta guerra con Vietnam en la disputada ciudad fronteriza de Longshan a partir de 1979. Cuando Xi se convirtió en líder en 2012, fue uno de los comandantes elegidos para facilitar la revisión de la estructura del ejército chino que culminó en una reorganización a partir del año 2015, año en el que fue ascendido a jefe del departamento de armamento del ejército chino hasta 2017.

La caída de Zhang, número dos del Ejército Popular de Liberación, es de una gran magnitud sísmica y muy diferente a la de decenas de generales que han sido destituidos en la implacable campaña anti corrupción del gran controlador Xi y en los últimos tres años. Este cese ha sorprendido incluso a los expertos veteranos y tiene un efecto directo sobre la élite del poder, al eliminar uno de sus límites de seguridad, la relación personal con el líder ya no te garantiza la protección.

A sus 75 años, Zhang tenía la edad suficiente para que Xi pudiera haberlo jubilado sin ruido. Sin embargo, Xi Jinping lo ha convertido en un paria ante el público local e internacional, como hemos visto un editorial sobre Zhang publicado en el Diario del Ejército de Liberación insinuaba las acusaciones de corrupción y de deslealtad al gran líder Xi.

Tanto Xi como Zhang se reconocen como “príncipes rojos”, hijos de revolucionarios que sirvieron en el noroeste de China a las órdenes de Mao, durante la guerra civil, un vínculo que subraya la magnitud política del escándalo.

Zhang había sido un aliado histórico de Xi desde su infancia, dado que además de ser su amigo personal, era uno de los pocos comandantes con experiencia real de combate. Destacó en la guerra contra Vietnam de 1979. Algo que reforzaba su autoridad como el vicepresidente senior de la Comisión Militar Central (CMC), el órgano todopoderoso que dirige las fuerzas armadas por encima del Ministerio de Defensa Nacional, que preside el propio Xi y que en los últimos años ha pasado de siete miembros a solo dos en la actualidad.

El New York Times, Reuters y el Washington Post describen la purga como la consolidación absoluta del poder de Xi sobre las fuerzas armadas, en medio de una campaña anticorrupción que ha afectado a cientos de altos mandos desde el año 2012.

Para los analistas especializados en seguir a la opaca China, Zhang era la mente que había diseñado las purgas anteriores. Y ahora ha sido neutralizado en el golpe más dramático hasta la fecha dentro de esta oleada de destituciones. A raíz de este hecho se han generado numerosas dudas sobre la estabilidad y la preparación del alto mando militar chino en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas en Taiwán o en el Mar del Sur de China y se describe como un evento de una gran magnitud, no vista desde el final de la era de Mao en el año 1976 en términos de purgas de altos mandos militares.

Zhang, miembro del Buró Político, también será investigado por aceptar sobornos a cambio de favores oficiales, incluyendo la promoción de oficiales en cargos estratégicos dentro del sistema de defensa. Entre las acusaciones figura el uso de su autoridad para influir en decisiones militares clave. El informe  oficial señala que las autoridades están examinando su control sobre la agencia clave de la investigación, desarrollo y adquisición de armamento, donde habría recibido importantes sumas de dinero a cambio de ascensos, dentro del sistema de compras militares del gobierno chino.

La investigación contra Zhang forma parte de la campaña de Xi Jinping para depurar las fuerzas armadas, iniciada a mediados de 2023 tras asegurar un inédito tercer mandato. Desde entonces, las diferentes purgas han provocado la destitución de dos vicepresidentes de la Comisión Militar Central, de varios de sus miembros, de un exministro de Defensa y al menos de una docena de generales de alto rango.

Desde una perspectiva geoeconómica, supone una fractura interna profunda dentro del Partido Comunista Chino (PCCh) que podría tener repercusiones en las cadenas globales de suministro, en la dinámica comercial y en la competencia por los recursos estratégicos, especialmente en la relación con Taiwán. Es una maniobra de alto riesgo con el fin de imponer la lealtad absoluta en medio de presiones económicas y tensiones geopolíticas con Taiwán como un punto crítico, donde la inestabilidad militar se cruza con el dominio económico.

En octubre de 2025, ocho generales de alto rango fueron expulsados del PCCh, entre ellos He Weidong otro ex vicepresidente de la CMC.

Las purgas no solo eliminan rivales, sino que incrementan la paranoia por la posible traición. Este revuelo interno pone de manifiesto la vulnerabilidad del modelo capitalista de Estado, donde el control del PCCh sobre la economía depende a su vez de una estabilidad apoyada por el ejército chino.

El presupuesto de defensa de China es el segundo más grande del mundo con más de 230.000 millones de dólares en 2025 y está bajo presión por la economía que crece por debajo del 5%, con una creciente crisis inmobiliaria y la caída de exportaciones debido a los aranceles impuestos por la política geoeconómica de Trump.

Las purgas interrumpen los procesos de adquisiciones y modernización del ejército chino, afectando tanto a los misiles hipersónicos como a las flotas de portaaviones. Una decisión radical que podría retrasar el objetivo de Xi de conseguir un ejército “de clase mundial” para el año 2027, que es la clave de bóveda para proyectar su poder en las disputas comerciales sobre las rutas del Mar del Sur de China, por las que navega el 30 % del transporte marítimo global.

Una decisión que afectará a la dañada confianza de los inversores, la inversión extranjera directa en China entró en terreno negativo en el año 2023 y no se ha recuperado del todo. Estas purgas señalan la inestabilidad del régimen, lo que podría acelerar las salidas de capital y la devaluación del yuan. En resumen, Xi está sacrificando su resiliencia económica a largo plazo por la lealtad a corto plazo, arriesgándolo todo en un círculo vicioso donde el desorden militar, agrava el descontento interno con un desempleo que ronda el 6% oficial, un 20 % entre los jóvenes, pendiente de los estímulos económicos que dispararan una deuda pública por encima del 300 % de su PIB.

Taiwán desempeña un papel importante en las implicaciones geoeconómicas de esta purga, ya que cualquier inestabilidad en el ejército afecta directamente a la estrategia de presión del gobierno chino sobre la isla, que produce el 90 % de los semiconductores avanzados del mundo a través de la empresa líder TSMC.

Las purgas han fulminado a gran parte del llamado “Clan de Fujian”, compuesto por oficiales con experiencia de combate, interrumpiendo tanto las actuales cadenas de mando como la planificación operativa. Para los expertos militares, la purga de Zhang pone en cuestión la actual estrategia de China y los riesgos de guerra con Taiwán. El general había participado en combates reales y esto lo hacía más sensato a la hora de reconocer los verdaderos riesgos y costes militares de una operación para conquistar Taiwán.

Para los funcionarios taiwaneses la purga retrasará la toma de decisiones del PCCh para los asuntos del estrecho, ganando un tiempo clave para que Taipéi siga mejorando sus defensas y profundizando sus actuales lazos económicos con los EE.UU y los aliados de la zona como Japón, cuya primera ministra, Sanae Takaichi, declaró públicamente el año pasado su compromiso con Taiwán ante un posible conflicto bélico.

Las purgas retrasan una posible agresión y podrían evitar también un escenario de bloqueo que, según los modelos de impacto, restaría entre un 5 y un 10 % al PIB mundial, golpeando más duro a China con la pérdida de entre el 8 y el 12 % de su PIB dada su dependencia de las exportaciones.

Paradójicamente, las acciones de Xi podrían acelerar el desacople económico. Las amenazas de China contra Taiwán, alternan las incursiones de cazas con los boicots económicos y buscan un mayor aislamiento de la isla sin llegar a una guerra total, preservando la influencia de Pekín en las cadenas globales de tecnología.

Pero las purgas también señalan la debilidad de un ejército menos cohesionado y reducen la credibilidad de las amenazas de invasión, cuyo coste presupuestario estimado oscila entre los 2 y los 10 billones de dólares en el primer año por interrupciones en chips, transporte y energía. Se fortalece la disuasión liderada por los EE.UU., incluyendo la diversificación de cadenas de suministro del diálogo cuadrilateral de seguridad, Quad, entre los EE.UU. Japón, India y Australia, y las posibles sanciones económicas que podrían congelar entorno a 3 billones de dólares en activos chinos en el exterior, en el caso de utilizar miméticamente las mismas herramientas geoeconomicas utilizadas con Rusia.

En el plano militar, la situación actual es la de ley marcial en el ejército chino, la oficina del presidente del CMC ha sustituido la estructura de mando habitual, emitiendo órdenes directas a los mandos y unidades del teatro de operaciones mediante telegramas cifrados. Todo el ejército ha sido declarado en alerta de emergencia, con las tropas concentradas y la munición confiscada. Los teléfonos móviles y otros dispositivos de comunicación instantánea se han recogido y almacenado centralizadamente. Se ha ordenado a las unidades militares permanecer en sus puestos y dedicarse al estudio intensivo del “Pensamiento de Xi Jinping” y del “Sistema de Responsabilidad del Presidente de la CMC”.

Estas medidas buscan estabilizar al ejército, evitando motines y eliminando cualquier posibilidad de un Golpe de Estado. Durante los ciclos de purga, la racionalidad individual prevalece sobre la racionalidad colectiva, el miedo sobre el honor y el coste de la coordinación se vuelve infinitamente alto. La realidad es que nadie está dispuesto a asumir responsabilidades y nadie está dispuesto a decir la verdad. La estructura de confianza se ha derrumbado. La base psicológica para la coordinación en tiempos de guerra queda debilitada.

Al purgar el ejército, Xi Jinping elimina a quienes pueden amenazarlo, pero también elimina su alma. Un ejército que parece poderoso en el último e impresionante desfile conmemorando el fin de la segunda guerra mundial, pero que en realidad se compone por unas tropas frágiles en una guerra real o en una crisis sistémica. Al construir un ejército que “no dará un golpe de estado” para su seguridad personal, también se está configurando un ejército que “puede fallar en un momento crítico”.