La regularización masiva de inmigrantes es una bomba de relojería social
La regularización masiva de medio millón de inmigrantes que a toda prisa abordará el Gobierno amenaza con convertirse en una bomba de relojería social de imprevisibles consecuencias, pues el procedimiento elegido es el del coladero, sin más requisitos que demostrar con un recibo de la luz, por ejemplo, que llevaban cinco meses en España antes del 31 de diciembre de 2025. Por ir al detalle, ni el tener antecedentes penales impedirá la regularización de un inmigrante, sólo si esos antecedentes son «relevantes», pero sin clarificar qué se entiende por relevante. Es más, se permitirá regularizar incluso a quienes estén inmersos en procesos judiciales. Y más aún: no serán expulsados salvo en caso de cometer delitos cuya pena de cárcel sea superior a un año, según regula el Código Penal.
No hay que ser un lince para concluir que una persona que, por ejemplo, haya sido detenida recientemente por hechos graves pero no haya sido condenada y, en consecuencia, no cuente todavía con antecedentes penales, podrá beneficiarse de la medida pactada por el Gobierno con Podemos. Y hay un riesgo evidente, pues los plazos de la regularización son tan rápidos que no habrá tiempo para extremar las comprobaciones, cruzar información con bases de datos policiales nacionales e internacionales y realizar verificaciones adicionales. Con las plantillas policiales actuales es sencillamente imposible. Pero no nos engañemos: eso es precisamente lo que busca el Gobierno, que no haya tiempo material para cruzar los datos de quienes demanden la regularización y, en consecuencia, a los quince días de presentar la solicitud se les tenga que admitir de forma automática. Ya no es sólo que nos enfrentemos a un problema evidente de seguridad ciudadana, sino que se producirá sí o sí un efecto llamada que pondrá en peligro el funcionamiento de los servicios públicos. Porque abrir sin control la puerta a medio millón de personas –y las que vendrán seducidas por la decisión del Gobierno– es sencillamente un disparate de consecuencias colosales.
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