Pitos al himno: cuando el autodesprecio es insuperable
El desprecio a un símbolo colectivo que representa a la nación española viene o por acción o por omisión. Una inmensa mayoría de españoles con sentido común y principios democráticos están hasta la raíz del cabello de tener que soportar a una exigua minoría de los que tienen pasaporte español que noche sí y noche también, cuando tienen ocasión, se dedican a vituperar a España y su inmensa mayoría de ciudadanos libres.
Este Gobierno no hará nada, of course. Es más, se puede decir con justeza que, incluso, jalea a estos tipejos. Pero hay otras instancias, especialmente deportivas, que deben poner coto a tanto desvarío. Llevamos ya medio siglo de andadura democrática para tener que seguir soportando a esos energúmenos que representan muy poco y que de una manera u otra se imponen antidemocráticamente a las mayorías sociales, deportivas y políticas.
Es la hora, después de lo ocurrido el pasado domingo en el estadio de La Cartuja, de exigir respeto a esa mayoría y, si es necesario hacerlo por la fuerza de la norma, hágase. España es el único país de Europa, que se sepa, donde su himno nacional no tiene letra; sencillamente porque la izquierda herrumbrosa y flácida no quiere. Esa izquierda que siempre fue minoría hasta que al PSOE llegó un tipejo repugnante que, para hacerse con el control total, no le ha importado nada acabar con aquellas señas de identidad tan definitorias, especialmente, en lo relativo a la unidad del Estado y su consiguiente «jacobinismo».
Los separatistas, Otegi (el etarra), Rufián (el ágrafo estulto), la Oltra valenciana, etc., no son nadie. Representa poco y cada día menos. No es tolerable en modo alguno que este tipo de sujetos decidan por millones y millones de ciudadanos que quieren vivir en paz y que se respete a su nación y los símbolos que le representan.
Si el Rey Felipe, su señora esposa y sus adolescentes hijas prefieren sonreír cada vez que se humilla a la nación, a su himno y su bandera, cuando es la familia por antonomasia llamada a defender España (para eso les pagamos y no está nada mal la vida que les ofrecen los contribuyentes), entonces tendremos que repensar todo e indicarles el camino a Roma (en barco).
Hay cosas que en esta España de hoy empiezan a estar de más.
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