Perico, dime qué se siente
Federico Jiménez Losantos, cuando estaba al frente del programa matinal de la COPE, tenía muy claro que, para ser la alternativa real a la todopoderosa SER pro-Zapatero, liderada por Iñaki Gabilondo, tenía que convertirse en alguien molesto para los que lideraban, a gran distancia, las audiencias. Y, día tras día, cargaba contra la emisora de Prisa y contra su principal estrella para ver si conseguía respuesta. Sin éxito. Hasta que un día Gabilondo entró al trapo, y ese día Losantos supo que al fin había conseguido su objetivo: el principal imperio mediático del país le reconocía como adversario y cambiaba su ninguneo por el combate directo. Y la COPE se convirtió en una de las herramientas de comunicación más poderosas del país. Y Jiménez Losantos, ahora desde esRadio, sigue con la misma filosofía, y le ha ido muy bien.
El RCD Espanyol lleva años ninguneado por los principales estamentos culés y por los rectores del Fútbol Club Barcelona. Mientras en el estadio perico no había partido, año tras año, y fuera cual fuera el equipo visitante, en el que buena parte de la afición no cargaba contra el Barça, los gritos de «a Segunda» o de desprecio hacia el Espanyol solo se escuchaban en el Camp Nou con motivo de la visita perica, y siempre a medio gas, salvo en los sectores ocupados por los ultras. Para la mayoría del entorno culé, el Espanyol, más que animadversión, despertaba lástima o indiferencia. He escuchado centenares de veces, por parte de seguidores del Barça, una expresión bienpensante de la lástima que provocábamos: «El Espanyol no me cae mal, no quiero que baje a Segunda, es bueno que haya dos clubes en la ciudad». Cuando servidor, como la gran mayoría de los pericos, solo deseamos que el Barça pierda hasta en los entrenamientos, incluyendo la sección de petanca, si la tuvieran. Si haciendo zapping veo que el equipo culé de hockey sobre patines, deporte que me importa un pimiento, va perdiendo un amistoso, me quedo a verlo un rato mientras sonrío de manera estúpida.
Pero desde hace tres años las cosas han cambiado. Cuando, en mayo de 2023, el Barça cantó el alirón en el RCDE Stadium y, a pesar de que el Espanyol estaba a punto de descender a Segunda, a los jugadores culés les dio por celebrarlo en medio del terreno de juego, y unos cuantos centenares de seguidores blanquiazules saltaron al campo indignados, algo comenzó a cambiar. Aquella escena no fue nada edificante, pero tuvo el efecto no buscado de indignar a buena parte de la parroquia culé que hasta entonces nos ignoraba. Fue el equivalente a la respuesta de Gabilondo a Jiménez Losantos. Y cuando, dos años después, volvieron a atar el título de Liga en el estadio blanquiazul, y la directiva del Espanyol puso en marcha los aspersores para que la banda de Lamine dejara el césped a toda velocidad, ese efecto se reactivó. En las celebraciones que los jugadores culés tuvieron con su afición en la ciudad deportiva Johan Cruyff, varios de ellos entonaron un cántico altamente ofensivo para la afición del Espanyol: «Perico, dime lo que se siente, tener tu casa en Cornellà. Te juro que, aunque pasen los años, nunca lo vamos a olvidar… Derribamos Sarrià, fuisteis a la montaña y después te echamos de nuestra ciudad. Bajasteis de división para poder ser campeón, rezaremos por tu desaparición».
Los jugadores del Barça cantando por la desaparición del Espanyol. Ni Raúl Tamudo ni otros iconos futbolísticos pericos jamás habían llegado tan lejos. El Espanyol volvía a ser señalado como rival y finalizaba la era de la indiferencia. Este año, en el derbi en el Camp Nou, Fermín López, Lamine Yamal y otros futbolistas culés corearon este cántico sobre el terreno de juego tras la victoria contra los pericos. Y este lunes, en la rúa por las calles de Barcelona para celebrar la Liga, Araujo lo cantó a voz en grito y fue coreado por el resto de integrantes de la plantilla. Nada puede satisfacer más a los pericos que comprobar que los todopoderosos culés sienten la misma rivalidad ciudadana que sentimos nosotros. El derbi ha vuelto. De momento, deportivamente, el Espanyol no puede plantar cara por la gran diferencia económica entre los dos clubes, pero recuperar la condición de adversario deportivo es la primera etapa para volver a disfrutar de unos partidos que, hasta la década de los noventa, eran de alto voltaje y notable intensidad futbolística.