Opinión

Pedro Sánchez y Juanma Serrano: amistades peligrosas

La historia en común de Pedro Sánchez y Juan Manuel Serrano, el último imputado en el caso de las cloacas del PSOE, ha pasado por momentos tensos, como cuando el amigo del hoy presidente y sustento para sus aspiraciones políticas entró en cólera al no ser premiado con un puesto de relumbrón en Moncloa. Serrano no entendió cómo su probada lealtad al líder socialista no fue recompensada con uno de esos cargos de máxima confianza.

Se sintió, en parte, traicionado y exigió, ya que no tendría el poder que esperaba, que al menos le hiciera presidente de Correos, un puesto de los mejor retribuidos. Sánchez accedió y Serrano, es una constatación empírica, llevó a Correos al desastre.

Pedro Sánchez fue nombrado presidente en 2018 y Juanma Serrano no esperaba otra cosa que ser nombrado jefe de gabinete del presidente del Gobierno. Lógico, ya que era el jefe del gabinete de Sánchez en Ferraz. Del partido al Gobierno, pensó, pero Sánchez no le encontró acomodo entre el selecto grupo de altos cargos.

La decepción de Serrano fue total, pero al menos encontró consuelo económico. Ganaría más del doble como presidente de Correos, empresa pública que condujo al desastre en poco tiempo. Y, además, fuera del foco podría hacer y deshacer a su antojo. Incluso conspirar, como ha quedado demostrado. Se sintió traicionado después de que durante meses se dedicara a ir organizándole mítines por toda España a su amigo Pedro, pero su amigo Pedro, que no conoce a nadie, le dejó tirado.

Correos fue un premio de consolación, en efecto, pero Serrano tuvo claro que, si no quería perder influencia, tenía que ser el perejil de todas las salsas. Y con Santos Cerdán de secretario de Organización, ocupó un puesto en las cloacas que ahora ha derivado en su imputación por el juez Pedraz. Esta es la historia: Pedro Sánchez y Juanma Serrano, amistades peligrosas