El patetismo de Sumar en vivienda
España arde y el Gobierno mira las llamas con la indiferencia de quien contempla el incendio desde la terraza de un hotel cinco estrellas, o desde un Parador, claro. El problema de la vivienda, el que devora la vida de millones de personas en nuestro país, ha pasado de ser una preocupación a un monumento al ridículo sanchista. Ocho años de gobierno socialista, la creación de un Ministerio de Vivienda, toneladas de declaraciones grandilocuentes y… nada. Nada que valga la pena para los que no tienen dinero para pagar un alquiler, para adquirir una vivienda en un precio justo, no especulativo, nada que evite que 2024 y 2025 hayan cerrado con precios de vivienda y alquileres en máximos históricos, nada que impida que el ciudadano común sienta que España le ha dado la espalda.
Pedro Sánchez, el protagonista de esta tragicomedia, corre ahora despavorido, con la mirada fijada en las encuestas y en el calendario electoral, rodeado de socios rebeldes, escándalos de corrupción y ministros que parecen extra de una película de Berlanga. Anuncia medidas urgentes y contundentes para frenar la subida del alquiler, propone incentivos fiscales a los propietarios, llama a todos los grupos políticos a colaborar y jura por lo más sagrado que beneficiará a tres millones de hogares, pero como hace ocho años, todo es mentira, tanto que no tiene licencia ni para las viviendas de Campamento; ¡anda ya!
Sumar, Podemos y ERC no dudan en ridiculizar la propuesta. Pablo Bustinduy, con su habitual tono tajante, sentencia que, en los términos en los que se ha planteado, no va a contar con su apoyo. Ione Belarra, la señora de la indignación teatral, deja claro que cualquier regalo fiscal a los caseros será rechazado sin contemplaciones. Gerardo Pisarello, diputado de Sumar, se permite bromas e ironías; en fin, todo en clave de patetismo patrio y español, que es peor cuando no piden en catalán.
Y luego está Yolanda Díaz, la estrella de esta farsa. Hace unos días, con gestos de heroína épica, prometía rebeldía contra Sánchez por tirar un edificio por la mañana (Campamento) y anunciar uno nuevo por la tarde, que nunca llegará o será tarde. Pero estos mismos días, la misma señora, con la flexibilidad de un acróbata, se ha vuelto a plegar a Sánchez y tira los edificios campamentos que hagan falta, para no perder el sillón. España, la vivienda, los jóvenes sin futuro, todo eso le importa un bledo: una más que ha leído el manual de resistencia de Sánchez. Lo único que le interesa es ella, el confort de su silla: España…, nada. ¿Alguien la ha oído decir España, a todo esto?, o más bien se queda en sus frases como país, claro, es menos de derechas. Su dialecto farfullante, su falta de preparación para un dos en el Gobierno de España, su teatralidad vacía, son sólo el maquillaje de una ambición insaciable.
El resultado de este sainete es devastador: España sin casas, política convertida en espectáculo de vanidades, ciudadanos obligados a ser espectadores y víctimas a la vez. Sánchez corre, Díaz se pliega, Bustinduy censura, Belarra hace gestos de indignación y los precios de los pisos suben, implacables, mientras la clase política juega al Monopoly con nuestras vidas.
Lo último en Opinión
Últimas noticias
-
Giro en la vida de Amaia Romero tras su ruptura con Daniel Dalfó: «Ha sido un año difícil»
-
Más de 2.000 m2 y tres plantas: el nuevo centro que está a punto de llegar a uno de los barrios más sofisticados de Madrid
-
Los turistas pasan de largo, pero uno de los árboles más impresionantes de España está en pleno centro de Sevilla
-
Es como viajar al pasado: el pueblo medieval de Andalucía con una fortaleza y castillo
-
Juan Lobato: «Dimití porque quería una alternativa constructiva a Ayuso y Ferraz fue a la confrontación»