Opinión

No está en la cárcel y encima vuelve a las andadas

Cuando el 1 de noviembre de 2012 cinco chicas murieron aplastadas en la macrofiesta de Halloween del Madrid Arena muy pocas personas hubieran imaginado que el «máximo responsable» de aquella tragedia estuviera vinculado a una de las salas más grandes de la noche madrileña tan sólo cuatro años después. Algo funciona muy mal tanto en la justicia como en la sociedad española si un individuo con el currículo de Miguel Ángel Flores puede vincularse de nuevo con una macrodiscoteca con capacidad para 1.500 personas. Sala que, además, está ubicada en una superficie de la entidad pública Adif. A la espera de una sentencia en firme, y mientras sigue sin cumplir los cuatro años de cárcel y los otros cuatro de inhabilitación a los que está condenado, Flores continúa con las manos en la masa del lucrativo negocio del ocio nocturno. Contexto a través del cual causó un daño irreparable a esas familias que ahora reciben estas revelaciones como una auténtica bofetada en sus maltrechos ánimos.

Miguel Ángel Flores y el Grupo Alonso asientan sus tejemanejes sobre varias mentiras. La primera radica en la sospecha más que razonable de que ese grupo empresarial es una tapadera tras la que se esconde Flores. La segunda es que una sala donde coinciden un millar de jóvenes en la pista de baile, seis discjockeys, varias drag queens, seis barras para servir copas y 20 personas de seguridad no es un «restaurante con espectáculo». De ahí que sea una desvergüenza el hecho de que anuncien el lugar como un «espacio educativo para charlas literarias». Sobre todo si tenemos en cuenta que el Grupo Alonso había firmado un contrato con Adif que prohibía utilizar sus instalaciones de Chamartín para montar una discoteca o una sala de fiestas. Un falso «espacio LAB» que, para más inri, está bajo la sombra delictiva de Miguel Ángel Flores. Tras las informaciones exclusivas de OKDIARIO se hace indispensable la revocación inmediata de las licencias que permiten dichas actividades y, por supuesto, que toneladas de justicia caigan sobre él.