El Gobierno se va de retiro
Llueve en España, que se contagia de gripe y estornuda como metáfora sanitaria mientras sus matasanos en las Cortes echan al desagüe cualquier esperanza de regeneración democrática. Llega la cuesta de enero (todo el año es subida para millones de españoles expoliados) y la clase dirigente que gobierna -y la que aspira a gobernar- se va de retiro de fin de semana a purgar sus estrategias. Todavía hay familias que siguen cuadrando sus facturas impuestas por los señores del feudo, cuando estos se conceden, a cuenta del contribuyente, un lujoso fin de semana en una finca toledana, propiedad del Estado, para renovar fidelidad a su Sanchidad, momento en el que sus sonrisas de plástico anuncian legislatura de consenso y diálogo. Hay que reconocer que la chupipandi soviética no se toma ni un descanso en eso de mentir, y ya trolea al personal hasta cuando se van al campo a comer y contar pélets.
El inicio de legislatura no sólo nos deja la confirmación del sumidero por el que se van la nación y quienes -aún- la defienden. La podredumbre y decadencia moral que nos invade se vuelve irreversible cuando pones la televisión y ves a triunfitos de la generación Z enloquecer porque un tipo vestido de mujer les convence de que lo normal y fetén es ser un vago redomado y degenerado. La secta filowoke ha convertido un programa pensado para impulsar talentos en un refugio doctrinal de frustrados con ganas de subvención, una reproducción del argumentario más infecto de esa comuna religiosa llamada progresismo.
Hace tiempo que la moral es compañera de la economía. Cuando una es atacada, la otra sufre depresión. No hay civilización en la historia que haya resistido y sobrevivido económicamente sin tener detrás unos pilares morales sólidos, robustos en principios y firmes en convicciones. España está huérfana de soporte moral, y ello incide sin remisión en la sociedad de productores que aún mantienen estable y desarrollada la economía. No extraña que llevemos tres semanas del nuevo año y ya haya empresas anunciando el cierre y adiós a esta España bolivariana que con sonrisa construyen los arquitectos de piolet y sigla. Danone anuncia que se va de Barcelona y acto seguido, Bimbo hace lo propio con su fábrica de Alicante, Telefónica anuncia Eres al partido de los ídem y los ayudados por el ingreso mínimo vital superan los dos millones. La meritocracia es seguir creyendo que este gobierno legisla contra los ricos y representa una mayoría social de clase media cuando lo que ha establecido es una profunda deriva argentina en la mentalidad colectiva. No sólo no legisla ni gobierna en favor del progreso y la creación de riqueza y desarrollo, sino que deconstruye cualquier modelo que represente la igualdad.
Ante tal tesitura, la pregunta es obligada: ¿dónde se esconden Lorenzo Amor, presidente todopoderoso de la principal patronal de autónomos, y Antonio Garamendi, el que dice ser representante máximo de los empresarios en España? Es fácil de adivinar que defendiendo los intereses de sus afiliados no, resguardados como están en las faldas de una CEOE que ejerce de correveidile del Gobierno que más ha empobrecido a los españoles desde la II República. Tras las últimas medidas del gobierno socialista, la CEOE, en vez de llamar a la paralización de la economía y defender a quienes están siendo saqueados a impuestos, emite un simple comunicado, tan conservador como sus siglas, en el que advierte que muchas empresas cerrarán con el aumento por ley del salario mínimo y por la asfixia a la que se somete a pequeños y medianos empresarios. Hasta ahí la combativa respuesta de quienes dicen representar, con insobornable dedicación, al empresariado y al autónomo español.
En este sindiós, Sánchez ha asumido que todo caos depende del control que sepas ejercer sobre él. Y aplica su manual de hipocresía para decirle al mundo que gobernar con terroristas y golpistas, eliminar el Estado de derecho y la separación de poderes, destrozar los fundamentos de una democracia liberal e instaurar una autocracia a su medida es lo que el pueblo y el futuro de Europa demandan, mientras que cuestionar, criticar o luchar contra tales desmanes personales y políticos es permanecer anquilosado en el siglo quince. Tiene convencido de ello a tanta gente, que se permite cualquier aventura de descanso, porque la siguiente felonía no encontrará resistencia entre el periodismo vendido, el empresario rendido y el ciudadano perdido. El neolenguaje como gran vencedor de esta nueva era de triunfitos frustrados.
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