Opinión

Un fallo mortal del sistema de seguridad y lo demás son excusas

Resulta un insulto a la inteligencia humana el argumento del ministro de Transportes, Óscar Puente, de que la causa del trágico accidente ferroviario de Urda (Toledo) se debió al fallo de un controlador de Adif al dar órdenes incorrectas a los maquinistas de los trenes siniestrados. No hay que ser muy sagaz para concluir que la intervención de ese controlador se debió a una caída previa del sistema informático que dota de seguridad a los trenes, por lo que, en buena lógica, y en todo caso, cabría afirmar que lo ocurrido fue un fallo sistémico donde, ante una quiebra de los mecanismos tecnológicos de seguridad, no hubo alternativa tecnológica que solucionara el problema, sino que todo quedó en manos de una persona que pudo errar en su decisión.

Y eso, ministro, es la demostración más palmaria de que subirse en un tren de alta velocidad en España conlleva un riesgo de consecuencias mortales. No puede ser que la conclusión de lo ocurrido sea que todo se debió a un «fallo humano», porque eso revela que, en efecto, la red ferroviaria española ha dejado de ser segura, en tanto los fallos tecnológicos no se solucionan tecnológicamente, sino que tienen que ser solventados por personas sometidas, en muchos casos, a una presión desmedida.

La propia página web del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible que dirige Óscar Puente sostiene que los sistemas de control «están diseñados de forma que, aunque se produjera un error humano, se garantizaría la seguridad» de los trenes. Eso es lo que dice la página del ministerio en una campaña publicitaria bajo el título La protección empieza en el sistema y las infraestructuras. A tenor de la misma, Óscar Puente miente, porque la web de su departamento es concluyente: «Una vez que el tren está en un tramo de vía, el ordenador no ejerce ninguna orden contradictoria». Claro, pero el problema es que los que fallaron fueron los que nunca pueden fallar: el sistema de seguridad y las infraestructuras.