Extremadura de Guardiola: hartazgo de Sánchez
Este domingo los extremeños ponen punto y final a una rara campaña electoral autonómica, robo incluido, que ha tenido, entre otras cosas, la virtualidad de poner a esta histórica tierra en el mapa nacional como nunca antes había ocurrido.
Si las últimas encuestas conocidas conllevan alguna razón, lo más llamativo de la elección (de confirmarse) podría concluirse en esto: por vez primera desde la instauración democrática, es decir, en medio siglo, el centro derecha conquistaría de forma clara un territorio tan histórico como socialista y la suma de los apoyos del Partido Popular sumarían más que los de toda la izquierda juntos. Esto no es algo políticamente baladí. A partir de ahí, el poder regional no puede sino permanecer en manos de la actual presidenta, María Guardiola.
En posts anteriores, el columnista ha sostenido que Extremadura puede marcar un antes y un después en la política nacional española a los efectos de poner coto definitivo a la vida pública del enemigo número uno de una gran parte de la sociedad española. Si el triunfo del PP de Guardiola se sustancia, el empujón a Sánchez pudiera resultar definitivo. El jefe socialista se lo tendría bien merecido por haber puesto ante las urnas a un candidato que está procesado como presunto delincuente al utilizar dinero y medios públicos para apuntalar al hermano del presidente. La presentación de Gallardo como opción del PSOE en esta cita electoral adelantada (¡Ay, VOX!) es, además de un dislate antidemocrático, una afrenta a los extremeños y, si se apura, a todos los españoles. Jamás se ha visto nada igual en el Partido Socialista hasta que llegó Sánchez.
La «izquierdona» en su conjunto ha intentado rascar algo arrojadizo en la vida y el entorno de la candidata popular; todo ha quedado en un chófer que había sido denunciado por acoso y que ha sido despedido al conocerse estos hechos. Luego llegó lo del extraño robo en una oficina de Correos (la empresa pública siempre bajo sospecha electoral desde que cooptaron como alta ejecutiva a la «fontanera» mayor del sanchismo) en una localidad donde el PP es mayoritario. 124 votos pueden marcar la frontera definitiva para la formación de un futuro gobierno regional.
En definitiva, si María Guardiola es capaz de demostrar en las urnas de su tierra que el centro derecha no es una bagatela en almoneda, su rol político en el liderazgo interno del PP habrá dado pasos definitivos en una ambición superior. Arrestos ha demostrado que los tiene.
Pero antes tiene que resultar ampliamente mayoritaria en el corazón político de los extremeños.
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