Un Estado fallido: Gobierno inexistente
Mientras la agencia Efe censuraba a sus abonados la foto del primer encuentro de la temporada estival entre el Rey y el primer ministro, foto extraordinariamente descriptiva por cuanto la actitud física y psicológica de Sánchez denotaba todo su pasotismo, su molicie, su desgana y aún su desprecio por el jefe del Estado, las mesnadas del sátrapa alauita perpetraban la invasión (72.000 invasores, según cifras oficiales) sin que el Gobierno se diera por enterado.
Vamos por partes. Por un lado, Miguel Ángel Oliver, destacadísimo ganapán sanchista, más pronto que tarde tendrá que dar cuenta en distintas instancias acerca de lo perpetrado con la otrora prestigiosa agencia de noticias pública, su gestión desastrosa, hasta el punto de que la impronta de Efe ha desaparecido en el cosmos informativo nacional e internacional, además de estar en bancarrota. Es fiel reflejo, paradigma del desastre sanchista a todos los niveles.
Pues bien, en días anteriores y posteriores al fin del mes de julio, España ardió en llamas por los cuatro costados. Más de un cuarto de millón de hectáreas calcinadas, pueblos y zonas al pairo del fuego sin que al Gobierno se le moviera un pelo del bigote a la hora de ir en auxilio de los distintos territorios que solicitaron ayuda estatal. Ya conocemos el Sánchez style ante las catástrofes: llegar tarde y a rastras para anunciar medidas inocuas y ayudas que nunca llegarán. Ahí están, sin ir más lejos, los casos de la DANA valenciana o del volcán de La Palma. La impresión general cívica ante las llamas es que de la molicie gubernamental no se puede esperar nada. Su prioridad suprema es asegurar el poder para un presidente tan inútil como corrupto (presunto) y seguir esquilmando a los contribuyentes con ocasión justa o sin ella.
Pues bien, cuando Marruecos se preparaba durante esos días aciagos para una invasión en toda regla de Ceuta (resulta imposible que el CNI no diera la voz de alarma ante la ingente cantidad de personas que estaban ya en el secreto marroquí), lo que a Sánchez preocupaba no fue otra cosa que su residencia de La Mareta estuviera preparada con toda clase de lujos bokassianos, gratis total por cuenta del contribuyente. Cuando estalla la invasión, recurre a presentarse en el lugar de los hechos (días anteriores no quiso atender los llamados del presidente Vivas, despreciando todo lo que no se podía despreciar), proponer que la solución era poner unos ridículos flotadores en la playa (al menos, han servido de memes y la chacota internacional), echar la culpa al Tribunal Supremo y huir a toda prisa hacia su refugio canario, no sin antes asegurarse la construcción de un fortín, porque él lo vale.
Meloni suspende ipso facto el espacio Schengen para los viajeros procedentes de España y 22 de los 27 estados miembros suscriben una carta denunciando la política de Sánchez en relación con el tema de la inmigración que amenaza a toda la UE. El jefe de la mayor bancada en el Europarlamento, Manfred Webber, afirma que el «problema es Sánchez», totalmente aislado internacionalmente.
España, vienen a decir todos ellos, se asemeja en estos momentos a un estado fallido, una vieja y destartalada nación a la deriva. Y lo subraya la gran prensa mundial, especialmente la europea, que no puede entender cómo el primer ejecutivo de esa nación agredida y deshilachada se ha ido de vacaciones con sus santos bemoles y con el dinero de los asfixiados españoles.
Sólo hay que añadir a este escenario la guinda. En el pasado mes de julio, la inflación en tan sólo 30 días escaló un 3,5%. ¿Quién decía defender a los más vulnerables?
¿Se ha vuelto tarumba Sánchez para sacar pecho y conducirse de tal guisa? Quizá algo más grave que un mero diagnóstico sobre salud mental. ¡Qué ardua tarea espera al sucesor!
PD. ¿Ha desaparecido por completo el sentido común en La Zarzuela? Mientras el Estado periclita a manos de un sátrapa alauita, Marivent se exhibe como una pasarela de gentes estúpidas cubiertas de trapos llamativos luchando por epatar al respetable. El rey Felipe, al que siempre consideré prudente y con sentido de permanencia, está superado por los de dentro y por el de fuera. ¡Mucho ojo!, señor. Aquí nadie tiene asegurado nada, mucho menos la auctoritas que SM tanto necesita para representar a una dolorida y cejijunta colectividad española. Todo el mundo echa a faltar al gran Jaime Alfonsín, y de paso, al general Martínez Palomo…
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