Opinión

España 2018: de la ley a la ley

Con esta expresión definía Iñaki Gabilondo hace unos días en la universidad una de las claves de la Transición. De forma simple, rotunda, gráfica. Reivindicaba con ello la cultura del pacto, un pacto por la democracia, y la capacidad de la política para resolver los problemas sociales. A 40 años de la Constitución, los juristas y los ciudadanos en general no podemos olvidar el gran milagro que supuso el éxito de nuestra Carta Magna, el proceso que desembocó en el nacimiento de un sistema de libertades y la muestra de civismo que vivió toda la sociedad española por un proyecto de país. Con mayúsculas.

España atraviesa hoy una de las épocas más difíciles de su historia contemporánea: el secesionismo y la falta de ideas para solucionar la cuestión territorial; la fiscalidad y la desigualdad entre regiones; las pensiones y su nada fácil sostenibilidad; la inseguridad jurídica vista ésta desde diferentes ángulos… Por eso, en estos tiempos de incertidumbre y de enormes retos colectivos es necesario reivindicar el papel de nuestro texto fundamental y el espíritu del que parte para evocar en nuestros dirigentes políticos la búsqueda del consenso más propio de otros tiempos y tan olvidado por desgracia en la actualidad.

España se ha encontrado recientemente con la mayor época de estabilidad política, económica y social, en gran medida fruto del marco legal de aquella Constitución, que sin embargo se ve dañada por una serie de amenazas que nacen del pisoteo a esa norma superior, y de la vulneración intrínseca de los Derechos Fundamentales. En la actualidad tenemos una serie de leyes que dañan estos derechos inalienables desde la división y la separación de poderes y la elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial, o leyes que obligan a rotular en una lengua que es la cooficial: la igualdad ante la ley, en la práctica, no es tan igual.

El respeto a la Carta Magna y el espíritu de pacto que ésta evocó debe ser urgentemente resucitado, pero además defendido, pero también respetado. Si España consiguió abandonar la dictadura para inaugurar la democracia, “de la ley a la ley”, hoy no puede dejar de ser capaz de afrontar retos estratégicos, nacionales, y de hacerlo, como aseguraba Adolfo Suárez, sobre la base de que “el futuro no está escrito, porque sólo el pueblo puede escribirlo”.