Los ‘Diez negritos’ del sanchismo: y no quedará ninguno
El último informe de la UCO sobre las cloacas del PSOE coloca a un paso de la imputación al que fuera jefe de Gabinete de Pedro Sánchez, el ex director de Correos Juan Manuel Serrano, al que la Guardia Civil implica de lleno en una trama de desvíos de fondos públicos de los que se beneficiaban los miembros del denominado grupo Hirurok —conformado por Leire Díez, el ex presidente de la SEPI Vicente Fernández y el socio de Santos Cerdán, Antxon Alonso—, al tiempo que servían para financiar las operaciones dirigidas desde Ferraz para tratar de anular las investigaciones de corrupción que afectaban a la familia del presidente del Gobierno. La previsible imputación de Serrano estrecha el cerco judicial sobre el entorno más directo del presidente.
A estas alturas, y más allá de que haya quedado demostrado que el Gobierno mintió de forma descarada al negar el enchufe de Leire Díez en Correos –algo meridianamente claro a raíz del informe de la UCO–, resulta obvio que Ferraz estaba metido de lleno en la trama de las cloacas y que Santos Cerdán, secretario de Organización del PSOE, impulsó el operativo contra jueces y fiscales. Cuesta mucho, cada vez más, creer que Pedro Sánchez no estaba al tanto de los manejos de la trama, más aún cuando están imputados, además de la gerente del partido, la directora de la Guardia Civil y el máximo mando uniformado de la Benemérita que presuntamente se prestaron a colaborar con las cloacas.
Es sintomático que las personas más próximas a Pedro Sánchez estén todas en prisión, imputadas o a un paso de serlo, como es el caso de Serrano. Cualquiera diría que esto empieza a parecerse al guión de Diez Negritos, la novela de Agatha Christie. Los implicados en casos de corrupción han comenzado a morir políticamente uno a uno, a la espera del desenlace final y con Sánchez rodeado. Y como en la frase final del poema en el que se basó la novela de Christie: «Y no quedó ninguno».