Cualquier medida para evitar el fraude electoral es poca estando Pedro Sánchez
El recuento del voto por correo se realiza a la par que el recuento del voto ordinario, pues las papeletas procedentes del primero se introducen en las urnas al acabar la votación, de modo que a partir de ese momento es imposible determinar la procedencia de unos y de otros. Vox va a presentar una proposición de ley orgánica para reformar la ley electoral, a fin de evidenciar una eventual manipulación del voto por correo cuando este no guarde ninguna relación de proporcionalidad con el voto presencial. Lo que se pretende es que el voto por correo se cuente aparte del voto presencial, de manera que sea fácilmente comprobable si hay una distorsión entre ambos.
Puede parecer una medida exagerada, pero en la España de Sánchez cualquier posibilidad de fraude no es en absoluto descartable, más aún cuando va en la naturaleza del sanchismo adulterar el resultado de las urnas, como ocurrió en el Comité Federal extraordinario del PSOE que terminó, tras el intento de pucherazo, con la renuncia de Sánchez. Y es que en una situación de normalidad institucional la medida no tendría sentido alguno, pero con este Gobierno adquiere una dimensión distinta.
Basta observar cómo el Ejecutivo está procediendo a una reforma del censo electoral por la vía de nacionalizar a todos los descendientes de españoles a fin de impulsar el voto exterior en beneficio del partido del Gobierno. Por eso, la iniciativa de Vox adquiere una lógica evidente: hay que despejar cualquier sombra de manipulación electoral, algo impensable hasta la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno, pero en absoluto descartable si tenemos en cuenta que este Ejecutivo ha dado muestras de una querencia constatable al fraude.
Cualquier medida que dificulte un potencial pucherazo es bienvenida, aunque a algunos les pueda resultar desproporcionada. Y es que cuanto más herido políticamente esté Pedro Sánchez, más posibilidades hay de que intente retorcer el resultado de las urnas.