Corrupción máxima, imposible de aceptar en Europa

No hay palabras para definir lo que está ocurriendo en España. La corrupción más lacerante y más sucia domina el día a día de los españoles, encabezada por acción y por omisión por el presidente del Gobierno. No es solo la corrupción política plena, sin ética alguna y con ataque fulminante al Estado de Derecho en el día a día del Gobierno, sino una corrupción que rebosa en su familia, en su Gobierno y en su partido.
Todo lo que estamos conociendo en el Tribunal Supremo esta semana —que no ha hecho más que empezar— y que confirma tantas cosas ya anunciadas en los medios libres, es la reafirmación más absoluta de la más despreciable indecencia conocida.
Miles de euros entrando en la sede socialista, prostitutas beneficiándose de empresas públicas con el dinero de todos los españoles, mascarillas deficientes y a sobreprecios escandalosos mientras morían los españoles, el expresidente Zapatero en medio de rescates de compañías sin aviones y con comisiones por medio, y eso sin entrar en la enorme responsabilidad del Gobierno por hacer ese rescate a todas luces indebido. Evidencias absolutas, según los medios, de comisiones en Air Europa e intervención de la mujer del jefe del Gobierno. Un ministro del Gobierno ya en el Supremo, enjuiciado esta semana…
Todo no ha hecho más que empezar y, en paralelo, nos enteramos ayer del informe de la Guardia Civil dejando meridianamente claro que la vía estaba rota veintidós horas antes del trágico accidente de Adamuz. ¡Esto ha causado 46 muertos!
Un presidente de Gobierno en su sano juicio democrático da explicaciones de tanta suciedad y dimite.
¿Alguien puede imaginar que el presidente de la República de Francia, el primer ministro portugués, holandés o italiano, o el canciller alemán, reciban en las sedes de su partido dinero en efectivo y ello se diga en el Tribunal Supremo de esos países? ¿Alguien imagina que todos ellos permitan que ministros suyos enchufen a sus prostitutas en empresas públicas y sin ir a trabajar?
¿Alguien imagina que todos esos primeros ministros europeos estén inmersos en aprobar rescates de compañías aéreas que solo tienen un avión y que, además, se beneficie de comisiones por ello un anterior primer ministro del mismo partido, o que la mujer de esos primeros ministros europeos haya intervenido en facilitar el multimillonario rescate de otra compañía aérea que, además, aumenta la cifra del rescate al final, y se haya dicho abiertamente que había que darle una buena contrapartida en compensación, y después de todo eso los primeros ministros no digan nada y no ejerzan ninguna acción para denunciar tales acusaciones… y por tanto las admitan sin que nada pase?¿Alguien puede imaginar que en esos países europeos hubiera ocurrido la tragedia de Adamuz, se demuestre la negligencia dolosa de la rotura de la vía y no dimita ipso facto el ministro del ramo tras dar mil explicaciones de su culpabilidad, y de no hacerlo, el primer ministro de esos países no lo cesara de inmediato y ejemplarmente?
Tenemos un gravísimo problema de mínima honradez política y de mínima ética. Tenemos un presidente de Gobierno que prescinde de toda ética y decencia para gobernar e instruye así a todos sus ministros. Para él no existe la decencia; es más, en su día presumía de códigos éticos que exigía a los demás para dimitir o convocar elecciones, llenándose la boca de doctrina democrática y de modo de comportarse en democracia. Desde que gobierna, día a día ha prescindido de cualquier comportamiento democrático y ha decidido que la mentira y la corrupción es su manual de conducta y de gobierno, y por supuesto imponiendo ese modo de hacer a todos para no permitir una sola fuga que le impida ejercer el poder de tal ejemplar manera. Pura escuela de proxenetismo lupanar, corrupto hasta la médula, imposible de aceptar en una democracia en Europa. Pura escuela prostibularia, ya que de otro modo no puede entenderse ni por asomo una manera de comportamiento tan vil, deshonesto y traidor a los principios esenciales que han de regir a las personas. Esto ya no tiene que ver siquiera con saber cómo ha de comportarse un demócrata, sino con desconocer absolutamente —o más bien no desconocer, sino practicar conscientemente— el más rastrero comportamiento humano, transgrediendo las normas y usos más elementales. Y lo peor aún: hacernos creer que así ha de comportarse una persona, o todavía más lacerante, querer imponernos un secuestro de la dignidad más mínima, para con ello transformar la realidad y la verdad, y donde el robo, la corrupción, la mentira y la inmundicia protagonizados por él campen a sus anchas y sean impuestos como “la nueva normalidad”… aquella que nos anunciaba en la pandemia y a la que parece quiere acuñar.Un presidente de Gobierno así es un auténtico peligro para España. Jamás en Europa ha existido un antidemócrata tan corrupto, secuestrador de la democracia y de la dignidad de todos los europeos. Imposible de aceptar en Europa.
El texto ya estaba bastante limpio; solo he corregido tildes (ética, gravísimo, etc.), separaciones de palabras, puntuación, repeticiones innecesarias y alguna concordancia menor para mejorar la fluidez sin alterar el sentido ni el tono original.