Clan Bardem, a bordo con la flotilla
No conozco a nadie a mi alrededor que aplauda la terrible e histórica exageración de fuerza de Israel contra la población civil de Gaza. Cierto es que el 7-O, el grupo terrorista Hamás se llevó por delante la vida de niños, mujeres, civiles en una cifra estremecedora mientras se divertían en un festival de música.
El gobierno Netanyahu debía disparar (y disparó) contra aquellos terroristas asesinos, pero decidió también ir a por todo y con todo. Es la primera vez que Israel pierde el relato de los acontecimientos de manera generalizada. Ellos, maestros en estas lides que han demostrado saber capear temporales y, sobre todo, poner sobre el tapete una inteligencia de la que parece actualmente carecen.
Definitivamente, Israel tiene derecho a defenderse, sí. Perseguir a los terroristas y asesinos, también. Pero los civiles gazatíes gozan de todos los derechos y toda la verdad para poder vivir y existir. Evidentemente. ¿Queda claro?
Otra cosa son aquellos que, aprovechando la terrible tragedia en un territorio agónico y agonizante, utilizan su celebridad para colgarse medallas y sacar a relucir el puño cuando todo el mundo sabe cómo viven, su nivel de vida, precisamente en el país que odian. He titulado lo de Bardem porque estos días las redes sociales son un clamor en el que se denuncia la doble vida. Utilizan carísimos hospitales israelíes, cobran cantidades ingentes por publicitar corporaciones hebreas, no hacen ascos a percibir millonadas con la estrella de David y luego creen que con colgarse falsariamente el pañuelo palestino para la ocasión, todo arreglado.
He elegido Bardem porque, además, llueve sobre mojado. El que fuera gran defensor del pueblo saharaui durante lustros, desde que Sánchez decidió venderles al sátrapa halauita, mira hacia otro lado; o eso parece. ¿Ha convocado el actor alguna manifestación reciente contra su admirado Sánchez por tal razón denunciado el genocidio de ese pueblo? Yo no estoy enterado y lo estaría.
Veo a demasiada gente intentando ganar respetabilidad solidaria con un tema tan horrible a propósito de la desigual batalla en Gaza y el abuso de la fuerza por parte del primer ministro hebrero. Denuncias, todas; solidaridad, imprescindible. Pero que sean creíbles. Y para ser creíbles tienen que conllevar honestidad y verdad. Los plumeros son fácilmente identificables.
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