Opinión

Los chiringuitos de Salvador Illa

  • Xavier Rius
  • Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Parece increíble, pero Salvador Illa ha creado otro chiringuito. En este caso, en forma de empresa pública: Rodalies de Catalunya SME, SA.

En el acto de presentación este lunes en el Palau de la Generalitat —con la presencia del ministro de Transportes, Óscar Puente— ya dijo que «queremos que sea innovador, puntero y que disponga de los mejores profesionales y directivos».

En cuanto dijo eso de «los mejores profesionales», se me encendieron todas las alarmas. Porque los buenos directivos, en el caso de que lo sean, hay que pagarlos.

Recuerdo que en el 2022, todavía con Pere Aragonés de presidente, ya crearon una empresa eléctrica. En la línea de lo que proponían los de Podemos y Ada Colau. Precisamente le pusieron de nombre La energética.

Ciudadanos todavía existía y, poco después, me encontré con el que era su líder en Cataluña, Carlos Carrizosa. Me dijo algo que me quedó grabado, como pueden ver: «Lo primero que harán será nombrar un presidente». En efecto, así fue.

¿Saben a quién pusieron? A la pareja de Meritxell Serret, que había sido consejera de Agricultura en el gobierno de Puigdemont (2016-2017). Fue de las que se fugó después a Bélgica.

En el 2021, un mes antes de las elecciones autonómicas, volvió y se presentó ante el Tribunal Supremo. Al final la cosa quedó en nada. Hasta volvió a ser consejera. En este caso de Exteriores, entre el 2022 y el 2024.

El presidente de la citada empresa fue su marido, Ferran Civit, que también había sido diputado de Esquerra. Es cierto que tenía un buen currículum. Con tres licenciaturas: Historia por la Universidad de Barcelona; Periodismo por la Pompeu y Antropología por la Rovira i Virgili. Pero ninguna de ingeniería o de económicas.

Illa sigue los mismos pasos. No tiene presupuestos —por lo tanto, no puede gobernar—, aunque va engordando la administración con empresas, comisionados y mesas de diálogo.

La última, de la que ya ha dado cuenta este diario, fue la Mesa del Jabalí, tras la reaparición de la peste porcina. Los jabalíes se cazan con escopeta, no con mesas de diálogo. Aunque, hasta ahora, la actividad cinegética estaba mal vista. Pobres animalitos.

No en vano se calcula que hay más de 125.000 ejemplares en Cataluña y han causado también graves problemas en los cultivos e incluso accidentes de tráfico: unos 3.400. Además, han perdido el miedo al hombre y se adentran en espacios urbanos en búsqueda de comida.

Salvador Illa, como no podía ser de otra manera, ha afirmado que la creación del nuevo chiringuito «es una muy buena noticia» y que lo que falta a continuación es «un buen traspaso para Cataluña».

La presidenta de la nueva empresa será la consejera de Territorio, Silvia Paneque. Estarán también el ex consejero de CiU Pere Macias, actual comisionado de Rodalies; Teresa Torres, ex directora financiera de Renfe; el director general de Cambio Climático y exdiputado de ERC Marc Sanglas; y Òscar Playà, director general del Metro de Barcelona. El Estado, no obstante, se reserva la mayoría: el 50,1% frente al 49,% de la Generalitat.

A mí ya no me cuadra porque, en su día, el traspaso de Cercanías fue firmado en el 2010 con el socialista José Montilla de presidente y Quim Nadal de consejero de Política Territorial. Es cierto que luego se pasó a Esquera. Llegó a titular de Universidades cuando Aragonés echó a los de Junts (2022-2024). Pero si hubiera sido tan malo como dicen, supongo que a él no lo habrían refichado de consejero.

Lo que necesita Rodalies no es una empresa, sino más inversiones, más personal —especialmente revisores y vigilantes— e incluso más autoridad. A veces es como viajar en el Far West. O por la selva amazónica en el caso de que tuvieran trenes.

Los problemas de incivismo son constantes. Lo digo con conocimiento de causa porque soy usuario habitual. De entrada, lo primero que hace la gente al subir es poner los pies en el asiento de delante como si estuvieran en el comedor de casa.

Me ahorro otros actos incívicos. He visto con mis propios ojos a pasajeros cortarse las uñas en público. Los más benignos son los que escuchan música o ven series de televisión sin auriculares. Pero no te quejes porque arriesgas tu integridad física.

Algo hemos mejorado porque actualmente los trenes son continuos. Antes se ponían a fumar porros en la plataforma entre vagón y vagón. El pestazo era tan fuerte que impregnaba todo el convoy.

Y también están, desde luego, los que se cuelan. En buena parte, picaresca obliga, de origen extranjero. Pero siempre digo que si pagaran todos los que utilizan el servicio, se acabaría el déficit en el transporte.

Lo más paradójico de todo es que el proceso arrancó hace veinte años —vamos a poner como línea de salida el nuevo Estatut (2005)— reivindicando la financiación y Rodalies. Eran ambos casus belli. Hemos estado veinte años dando vueltas a la noria, a la rueda del hámster, para volver al mismo sitio. Para este viaje no se necesitaban alforjas.