Opinión

La batuta mágica de David Sánchez

La batuta mágica de David Sánchez logró el milagro en dos días: conseguir que organismos públicos como el Instituto Cervantes o el Ayuntamiento madrileño de Manuela Carmena le validaran su actividad en sendas cartas con las que el hermano del presidente del Gobierno buscaba justificar sus méritos para optar a la plaza como coordinador de los conservatorios de música de la Diputación socialista de Badajoz. Cualquiera diría que estaba esperando a que le avisaran de que la plaza salía a concurso para activar los trámites; nada que ver con la versión que dio: estaba tomando un café y, mientras buscaba ofertas en Google, se encontró con las bases del concurso.

Era el viernes 19 de mayo de 2017 y ese mismo fin de semana, según la documentación consultada por OKDIARIO, David Sánchez ya había recabado los certificados de la Agencia Tributaria para justificar sus obligaciones fiscales. El lunes 22 de mayo ya disponía de un informe del Instituto Cervantes para avalar que, como expone en su currículum, había participado en un «encuentro pedagógico» en 2014. «El repertorio estuvo formado por obras de célebres compositores españoles y algunas obras escritas para la ocasión por el propio compositor, David Azagra», destacaba el Cervantes.

También se informaba de que «ofreció una breve conferencia sobre la relación entre el mundo de la música y la danza». La carta la firmaba María Jesús García González, entonces directora del Instituto Cervantes de Toulouse y que había sido directora general de comunicación exterior del Ministerio de Exteriores, con José Luis Rodríguez Zapatero. En una exhibición de celeridad, el músico recabó al día siguiente el informe del Ayuntamiento de Madrid —la alcaldesa era Manuela Carmena— que certificaba que el hermano de Pedro Sánchez había dirigido varios ciclos de música y óperas, como la representación de Fidelio, en 2011, que luego se destacó en la valoración de méritos por parte de la Diputación.

O sea, en dos días, el hermano del presidente ya tenía lo que quería. Una respuesta de las administraciones insólita por su premura le permitió validar en tiempo récord su actividad profesional. El plazo para la presentación de solicitudes era de quince días, pero David Sánchez la tuvo lista mucho antes. Y eso que, según él, encontró la oferta de trabajo por casualidad, mientras desayunaba. Lo dicho: la batuta mágica.