Opinión

Alcalde Almeida

Miércoles, ocho de abril de 2015. Un grupo de siete amigos se reúne a cenar, como hace de vez en cuando, en un restaurante del barrio de Mirasierra, en Madrid. Todos ellos comparten muchas horas de trabajo en la Comunidad de Madrid, donde son viceconsejeros o secretarios generales técnicos. Muchas sesiones conjuntas en la Comisión General de Viceconsejeros y Secretarios Generales Técnicos Preparatoria del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid (coloquialmente, “La Preparatoria”), el equivalente regional a la Comisión de Secretarios y Subsecretarios a nivel nacional, les hizo trabar una buena amistad.

Es una cena más de dichos amigos, pero, al mismo tiempo, es una cena singular, pues tres de ellos van a tener el honor de acompañar a Esperanza Aguirre en la candidatura que encabeza al Ayuntamiento de Madrid por parte del PP, y los otros cuatro a buen seguro que trabajarán estrechamente si se consigue revalidar el ayuntamiento.

En esa cena, los siete amigos hablan de lo positivo que sería la continuidad del PP en el Ayuntamiento de Madrid para poder frenar a Podemos, y de la magnífica labor que podrá hacer la candidatura de Aguirre, con el aval de la transformación que la presidenta hizo en la región con sus políticas liberal-conservadoras. Es una cena cargada de proyectos y de ilusión, bien conocedores del sacrificio personal que todos tendrán que hacer dada la intensidad de trabajo que marca Aguirre.

Entre dichos comensales, se encuentra José Luis Martínez Almeida, que va como destacado número tres de la candidatura. Finalmente, el veinticuatro de mayo de 2015, al PP le faltan 7.937 votos para obtener el concejal número 22, que le habría permitido gobernar, y Podemos, con el nombre de Ahora Madrid y Manuela Carmena de candidata, se hacen con la Alcaldía gracias a que el PSOE prefiere ser bisagra a que el PP haga alcalde al profesor Antonio Carmona.

Tras la renuncia de Aguirre, Almeida es elegido Portavoz del Grupo Municipal Popular el veintiocho de abril de 2017. A partir de entonces, comienza una frenética, incisiva y certera oposición, donde denuncia, con un vídeo semanal, en muchas ocasiones a lomos de su moto, las barbaridades de la gestión de Carmena, como los carriles bici de los bulevares –por donde no van bicis– el mal estado de las calzadas o la suciedad que inunda Madrid. Este sábado, gracias a los votos de todo el centro-derecha, Martínez-Almeida ha sido elegido alcalde y recupera para el PP el Ayuntamiento de Madrid, tras este paréntesis de cuatro años podemitas.

Almeida, madrileño nacido en 1975, será un gran alcalde. Este brillante Abogado del Estado, tiene, además, sobrada experiencia de gestión en la Administración: Director General de Patrimonio Histórico, primero, y, posteriormente, Secretario General del consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, dirigía con mano amable, pero firme, las reuniones de “La Preparatoria”, con profundo estudio de todos los temas que debían pasar o no para aprobarse en Consejo de Gobierno. Tras su paso por la AIReF y por el grupo SEPI, su labor al frente de la oposición le hace un gran conocedor del consistorio madrileño.

Con ambos elementos –experiencia en la gestión y conocimiento de Madrid y de su ayuntamiento– este castizo y socarrón colchonero, sufridor del Atleti hasta el punto de irse al cine, apagar el móvil o recorrerse media provincia de Madrid para no ver la final de la Copa de Europa contra sus rivales merengues por los nervios que le producía, gobernará Madrid de manera eficiente, acabará con la ciudad de las prohibiciones que ha instalado Carmena, bajará los impuestos, limpiará Madrid y hará de la capital de España un lugar mejor donde vivir, trabajar, emprender o invertir.

Ese grupo de amigos de aquella cena de abril de 2015 brinda hoy por él. En un grupo telefónico que mantienen, el 26-M, día de las elecciones, cambiaron el asunto y lo renombraron como ‘Almeida, alcalde’. Hoy, incluso, pueden darle la vuelta al orden de las palabras y decir, con orgullo, ‘Alcalde Almeida’.