20 años no son nada
El nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Palma ha sido aprobado de manera inicial. La oposición lo ve una nueva catástrofe del Pacte de Progrés, mientras que la regidora de Modelo de Ciudad, Neus Truyol -¡válgame Dios!, el modelo de ciudad en sus manos-, dice que «bebe y se alimenta de los inputs que ha recibido en los últimos diez años». Será desde hace 15 años, que son los que se trabaja en una redacción que dura ya más que la construcción de las pirámides. El nuevo plan tendrá una vigencia de 20 años con lo cual, maravillas de la administración, se habrá tardado tanto tiempo en revisarlo como los que tendrá de vida útil.
La falta de consenso y participación ciudadana de sus propuestas urbanísticas parecen ser, de entrada, sus primeros defectos, excepto para una Federació d’Associacions de Veïns de Palma, que mientras lo aplaude pese a su falta de consenso, vaya contrasentido, reclama que a partir de ahora se cuente con la ciudadanía. Claro está que esta federación más bien parece que por sus pintorescas propuestas el modelo de ciudad lo tienen algo trabucado.
Pero el mayor problema que presenta este plan es la ausencia de soluciones para la falta de viviendas, la mayoría ya inalcanzables para los ciudadanos por sus altos precios. Y así se escribe la historia. Porque mientras por una parte propone la protección y uso racional del territorio -reduciendo 225 hectáreas y desclasificando otras 212-, también supondrá un incremento del precio del suelo y en consecuencia de la vivienda, algo que perjudica en mayor medida a los jóvenes y solo beneficiará, vaya paradoja, a los actuales propietarios de los terrenos. Política social o sea. La incoherencia como especialidad de los ecosoberanistas: querer y no querer al mismo tiempo. ¿Cómo es posible lograr construir viviendas a precios asequibles si al mismo tiempo se reduce la superficie edificable y en consecuencia se encarece el suelo? A ver, que me lo expliquen en latín, porque en vernáculo no se acaba de comprender.
El plan, eso sí, sigue empeñado en los mantras de la izquierda como poner un tranvía para conectar la Plaza de España y Son Espases con el Arenal, un proyecto con el que llevan empeñados ya 20 años, sin que sepan aún cómo poder hacerlo y que nos puede costar 200 millones. Aunque podría realizarse con mayor flexibilidad y mejor servicio con varios autobuses y el capricho costaría 150 millones menos. Y del plan, poca cosa más que contar.
Le digo yo a usted señor guardia…
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