Los juguetes reales revelan la infancia más privada del Palacio Real
BTS anuncia conciertos en España y desata la fiebre por las entradas
Un taller de shodo invita a descubrir la caligrafía japonesa en Madrid
El Mercado de las Ranas arranca 2026 llenando de vida la Calle Huertas
Entre vitrinas silenciosas y objetos diminutos se despliega una historia que rara vez aparece en los libros: la de la infancia real. La exposición Juguetes Reales, que puede visitarse en la Galería de las Colecciones Reales hasta el 5 de abril de 2026, propone un recorrido por la vida cotidiana de príncipes e infantas entre 1850 y 1931 a través de los objetos con los que jugaron, aprendieron y crecieron. Lejos del protocolo y la solemnidad asociadas a la monarquía, la muestra sitúa el foco en un territorio íntimo y reconocible: el juego.
Instalada en la misma planta que la exposición temporal dedicada a Victoria Eugenia de Battenberg, Juguetes Reales reúne piezas procedentes de Patrimonio Nacional que rara vez se exhiben al público. Son objetos modestos en apariencia, pero cargados de información histórica y emocional. Cada juguete funciona como una huella del tiempo y de las personas que lo usaron.
El juguete como documento histórico
Un juguete nunca es solo un objeto. Habla de quién lo compró, para quién estaba destinado, en qué contexto llegó a unas manos infantiles y qué tipo de valores se asociaban al juego en cada época. Esa es una de las ideas que atraviesa toda la exposición. Muñecos, juegos de mesa, instrumentos ópticos, material deportivo o libros infantiles permiten reconstruir una parte de la historia que rara vez se conserva: la esfera privada de la infancia.
En el caso de la monarquía española, acceder a esa dimensión resulta especialmente complejo. Sin embargo, la conservación de fotografías, cartas, diarios e inventarios ha permitido trazar una aproximación sólida al uso que se dio a estos objetos y al papel que desempeñaron en la educación y el ocio de los hijos de Isabel II, Alfonso XII o Alfonso XIII.
Jugar también era aprender
La muestra pone de relieve hasta qué punto el juego formaba parte del proyecto educativo de la familia real durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX. No se trataba únicamente de entretener, sino de formar. Muchos de los juguetes expuestos fueron concebidos como herramientas didácticas que combinaban aprendizaje y diversión.
Entre las piezas más singulares se encuentran estuches educativos diseñados específicamente para futuros reyes, como el creado para Alfonso XII, o juegos como Leer jugando, dedicado a Alfonso XIII por el pedagogo José Roca y Ruscalleda. En sus publicaciones, este autor defendía el valor del juego como estímulo para el aprendizaje, una idea que hoy resulta familiar, pero que entonces representaba una apuesta pedagógica avanzada.
Globos terráqueos, esferas armilares, juegos de geometría o estereometría completan este apartado, mostrando cómo la educación de los infantes se apoyaba en objetos manipulables que favorecían la comprensión del mundo.
La nursery del Palacio Real
Uno de los aspectos más evocadores de la exposición es la recreación del ambiente en el que estos juguetes cobraron vida. Las fotografías conservadas en el Archivo General de Palacio muestran las estancias infantiles del Palacio Real de Madrid, conocidas como la “nursery”. Habitaciones luminosas, decoradas con boiseries blancas y cenefas de papel pintado, amuebladas con mesas y sillas de pequeño tamaño.
Estos espacios, situados en la entreplanta del Ala de San Gil y conectados directamente con los aposentos de los reyes, aún se conservan. En ellos se acumulaban muñecas, juegos de té, mecanos, correpasillos y autómatas con movimiento y sonido. Objetos pensados tanto para estimular la imaginación como para preparar a los niños para la vida adulta que les esperaba.
Juegos de mesa y ocio compartido
La exposición dedica un apartado destacado a los juegos de mesa, una de las formas de ocio más habituales dentro de Palacio. Cartas, fichas, tableros y puzles servían para reunir a la familia en torno a una mesa, pero también para entretener a las visitas o animar celebraciones como la Navidad.
Entre las piezas conservadas figuran juegos de larga tradición, como el ajedrez o las damas, junto a otros más singulares, como barajas de marcada vocación artística o versiones infantiles de juegos de azar, entre ellas la lotería. También hay puzles concebidos para el entretenimiento individual, conocidos entonces como “juegos de paciencia”, entre los que destaca el puzle de madera de Napoleón y Josefina.
Óptica, sonido y primeros pasos del cine
Desde mediados del siglo XIX, los juegos ópticos y sonoros adquirieron un papel relevante en el ocio infantil. La familia real no fue ajena a esta fascinación por la tecnología. Aparatos como el praxinoscopio, las linternas mágicas o el estereoscopio, presentes en la exposición, permitían crear ilusiones de movimiento o tridimensionalidad, anticipando los principios del cine.
Estos ingenios se utilizaban en estancias oscuras, con una única fuente de luz, generando ambientes teatrales que combinaban imágenes, música y sonidos. Para los niños y niñas de la época, debieron de ser experiencias tan sorprendentes como memorables.
El juego fuera de palacio
El recorrido se completa con el ocio al aire libre. Los jardines de los Reales Sitios, los viajes al norte de España y las estancias en palacios como Miramar o la Magdalena ofrecieron nuevos escenarios para el juego. Fotografías de playas como La Concha o El Sardinero muestran a los príncipes disfrutando de baños de mar y juegos en la arena.
La reina Victoria Eugenia impulsó además la práctica deportiva entre sus hijos, convencida de sus beneficios. Ciclismo, tenis, patinaje o juegos con barcos de vapor en estanques como el del Campo del Moro forman parte de este universo. El mundo del caballo también ocupa un lugar relevante, como demuestran los índices en los que las infantas Beatriz y María Cristina anotaban los nombres de sus yeguas.
Objetos pequeños para contar una gran historia
Cuando en 1931 se proclamó la Segunda República y la familia real partió al exilio, muchos de estos juguetes quedaron en las estancias privadas del Palacio. Un inventario de la época los describía como pocos y nada lujosos. Algunos fueron conservados por su valor histórico y otros donados al Ayuntamiento de Madrid en 1933. Hoy, reunidos en Juguetes Reales, funcionan como testigos silenciosos de una época.
La exposición ofrece así una oportunidad singular para acercarse a la historia desde lo cotidiano. A través de objetos pequeños y aparentemente sencillos, se reconstruye una parte esencial de la vida de la monarquía española: aquella que transcurrió, simplemente, jugando.
Datos prácticos
- Exposición: Juguetes Reales
- Fechas: hasta el 5 de abril de 2026
- Lugar: Galería de las Colecciones Reales
- Dirección: Calle de Bailén, s/n (Centro)
- Entrada: 8 € (exposición temporal) / 14 € (con exposición permanente)
Lo último en OkPlanes
-
Los juguetes reales revelan la infancia más privada del Palacio Real
-
Los aeropuertos: espacios de tránsito emocional en el Espacio Jovellanos
-
Ana Juan convierte CentroCentro en su gabinete de maravillas
-
Flamenco Real vuelve al Teatro Real con nueve citas imprescindibles
-
Un desierto para jugar: María Jerez convierte Matadero en un paisaje vivo