Excedentes de ropa y calzado

Cambio radical en la moda: Bruselas prohibirá que las empresas destruyan calzado y ropa sin vender

Veta desde el próximo mes julio que las grandes empresas eliminen estos artículos por su impacto ambiental

La normativa promueve alternativas circulares como la donación, reventa y reciclaje de textiles

Los europeos consumimos una media de 19 kg de textiles por persona al año y desechamos alrededor de 12 kg anuales

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La destrucción de ropa y calzado no vendido en la Unión Europea quedará prohibida a partir del 19 de julio de 2026 para las grandes empresas. La Comisión Europea ha adoptado nuevas medidas en materia de ecodiseño que ponen fin a una práctica que genera anualmente unas 5,6 millones de toneladas de emisiones de CO₂, una cifra casi equivalente a las emisiones netas totales de Suecia en 2021. La normativa busca frenar el desperdicio de recursos y promover alternativas más sostenibles en el sector textil.

«El sector textil está liderando la transición hacia la sostenibilidad, pero aún existen retos. Las cifras sobre residuos muestran la necesidad de actuar», declaró Jessika Roswall, comisaria de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva. Cada año se destruye en Europa entre el 4% y el 9% de los textiles no vendidos antes siquiera de ser utilizados, lo que evidencia un modelo de producción y consumo insostenible.

Plazos de implementación

Las medidas adoptadas para la ropa y el calzado forman parte del Reglamento sobre diseño ecológico para productos sostenibles (ESPR), normativa comunitaria que entró en vigor en julio de 2024 y promueve la reutilización y el reciclaje. La prohibición de destrucción se aplicará a las grandes empresas a partir del 19 de julio de 2026, mientras que las medianas empresas dispondrán de un plazo adicional hasta julio de 2030 para adaptarse. Las microempresas y pequeñas empresas quedan exentas de esta obligación.

Las normas sobre divulgación de información relativa a los productos descartados ya se aplican a las grandes empresas y también serán obligatorias para las medianas a partir de 2030. Esta medida introduce un formato armonizado para que las empresas informen de los volúmenes que desechan, garantizando transparencia en la gestión de la ropa y calzado no vendidos.

Excepciones permitidas

Dentro de las nuevas medidas adoptadas, el reglamento matiza en qué circunstancias sí estará permitida la destrucción de productos textiles y calzado. La Comisión Europea ha establecido siete excepciones que incluyen motivos de seguridad o higiene, productos que hayan sufrido daños durante el manejo o tras una devolución y que no puedan repararse de forma rentable, y artículos que violen derechos de propiedad intelectual. También contempla casos donde los productos no puedan ser donados.

Estas excepciones pretenden asegurar la implementación efectiva de la ley, garantizando que la prohibición se aplique en la medida necesaria, pero minimizando los efectos negativos sobre las empresas. «Marcar las condiciones en las que las empresas pueden acogerse a una excepción tiene el objetivo de garantizar que la prohibición se aplique equilibradamente», explica el acto delegado de la Comisión.

Alternativas circulares

La normativa fomenta que el sector textil avance más rápidamente hacia prácticas circulares y da un nuevo paso en la promoción de la economía circular en toda la UE. Desde Bruselas se anima a las empresas a explorar alternativas a la destrucción de sus stocks, como la reventa, la donación, la reutilización o la remanufactura de prendas. Estas opciones permiten extender el ciclo de vida de los productos textiles y reducir significativamente el impacto ambiental del sector.

Los datos sobre consumo textil son reveladores: los europeos consumen una media de 19 kg de textiles por persona al año y desechan alrededor de 12 kg anuales. Sin embargo, menos del 50% de las prendas usadas se recogen para su reutilización o reciclaje, y solo el 1% de la ropa usada se recicla para convertirse en ropa nueva, ya que las tecnologías necesarias apenas están empezando a desarrollarse.

España adelanta medidas

En el caso de España, la Ley 7/2022 de residuos y suelos para una economía circular ya prevé en su artículo 18.2 la prohibición de destruir o eliminar mediante depósito en vertedero los excedentes no vendidos de productos no perecederos. Esta norma impone que dichos excedentes se destinen prioritariamente a canales de reutilización y, en todo caso, que se respete la jerarquía de residuos establecida.

España genera más de 20 kg de residuos textiles al año por persona, pero solo se recogen selectivamente 2,1 kg. Han surgido iniciativas como RE-VISTE, el primer Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP) español que impulsa el reciclaje textil y de calzado, integrado por empresas del sector retail en moda, calzado, deporte y textiles del hogar.

Impacto ambiental

La industria de la moda produce anualmente entre 4.000 y 5.000 millones de toneladas de CO₂, lo que representa entre el 8% y el 10% de las emisiones globales. Su consumo de agua alcanza casi 8 millones de metros cúbicos anuales y es responsable del 20% de la contaminación industrial del agua debido a las actividades de tratamiento textil y tintado. Además, contribuye en más de un tercio a la acumulación de microplásticos en los océanos, con una cantidad anual de 190.000 toneladas.

El problema se agrava con la moda rápida y las devoluciones online: un 20% de la ropa comprada en línea acaba siendo devuelta, y aunque algunas prendas se vuelven a vender, un gran porcentaje termina destruido. La sobreproducción o exceso de inventario ocasiona que grandes cantidades de ropa no vendida terminen sin siquiera venderse, generando un desperdicio masivo de recursos.

La nueva normativa europea representa un paso decisivo hacia un modelo más sostenible en la industria textil, obligando a las empresas a repensar sus procesos de producción y gestión de inventarios sobre todo e lo referente a la ropa y el calzado. El objetivo último es transformar el sector hacia prácticas que prioricen la durabilidad, la reutilización y el reciclaje, reduciendo así su huella ambiental y promoviendo una verdadera economía circular.