Microplásticos

Ni ellos se libran: el CSIC demuestra que el zooplancton transfiere microplásticos a especies marinas

Se han encontrado microplásticos en osos polares, aves de la Antártida y peces abisales

Los copépodos tienen un papel destacado en el transporte marino de microplásticos

La investigación ayuda a identificar zonas de exposición a microplásticos y posibles puntos de intervención

Vivimos en un mundo profundamente plastificado. Hasta tal punto son graves los problemas causados por este tipo de contaminación, que hoy es posible encontrar microplásticos en el organismo de animales que habitan algunos de los lugares más remotos del planeta, muy lejos de cualquier núcleo humano.

Se han detectado microplásticos en osos polares del Ártico, aves marinas de la Antártida y también en peces que viven en las profundidades abisales, a más de 7.000 metros bajo la superficie del océano. Tampoco se libran los diminutos organismos del zooplancton, pieza clave que sostiene la base de la cadena trófica marina.

Así lo demuestra un reciente estudio del Centro Oceanográfico de Baleares —perteneciente al Instituto Español de Oceanografía (IEO) del CSIC— realizado en colaboración con el Plymouth Marine Laboratory del Reino Unido. Dicha investigación sostiene que el zooplancton procesa y transporta centenares de microplásticos a través del agua, y que estos restos de materiales sintéticos acaban transferidos a sus depredadores.

Copépodos

Los investigadores apuntan directamente a los copépodos. Estos pequeños crustáceos, con un tamaño que oscila entre los 0,2 y los 5 milímetros, son un componente esencial del zooplancton, especialmente en la zona del Atlántico norte.

El estudio ha registrado y medido por primera vez, en tiempo real, la velocidad a la que los microplásticos atraviesan el tracto digestivo de individuos de dicho grupo de especies marinas.

Ciclo de los microplásticos

Gracias a este análisis, se ha conseguido calcular la cantidad de microplásticos que los copépodos son capaces de transportar hacia el fondo del océano, consiguiendo una de las imágenes cuantitativas más claras sobre la participación del zooplancton en el ciclo de los microplásticos en el mar.

Para realizar la investigación, un equipo ha seguido el recorrido de varias partículas individuales de microplásticos desde su ingesta hasta su expulsión, mediante técnicas de visualización en tiempo real en laboratorio.

Según sus datos, los copépodos podrían estar impulsando flujos de microplásticos, compuestos por 271 partículas por metro cúbico de agua de mar al día en el canal occidental de la Mancha.

Partículas de microplásticos ingeridas por un copépodo. (Foto: IEO-CSIC/Europa Press).

Ecosistemas y redes tróficas

Se calcula que hay más de 125 billones de partículas de microplásticos en el océano. Por ello, resulta fundamental, según los investigadores, comprender cómo dichos restos sintéticos se desplazan por los ecosistemas y las redes tróficas, con el fin de predecir sus consecuencias a largo plazo.

En esete sentido, desde el IEO aseguran que el zooplancton está emergiendo como una vía biológica clave para el transporte de microplásticos a través de los ecosistemas marinos.

Esto es así porque los copépodos, como grupo de zooplancton más abundante del océano, ocupan una posición central en la red trófica marina y desempeñan un papel clave en la denominada bomba biológica, al secuestrar el carbono en pellets fecales que se hunden hacia el fondo del océano.

Aguas profundas

Este mecanismo permite que parte del carbono fijado por el fitoplancton en superficie sea exportado a aguas profundas y quede almacenado durante largos periodos, contribuyendo a regular el clima del planeta.

Los pellets fecales del zooplancton, especialmente abundantes en copépodos, constituyen una fracción relevante del flujo de carbono particulado hacia el océano profundo.

El problema es que ese mismo proceso puede arrastrar microplásticos hacia las profundidades. Cuando los copépodos ingieren estas partículas, los microplásticos quedan incorporados a los pellets fecales y se hunden junto al carbono, actuando como un vector eficaz de transporte vertical.

Flujo constante

La investigadora postdoctoral y primera autora del análisis, Valentina Fagiano, ha subrayado que, al cuantificar este flujo, se puede empezar a conectar lo que ocurre dentro de un solo organismo con la forma en que los plásticos se redistribuyen a escala de ecosistema.

«Nuestra investigación demuestra que el zooplancton ingiere microplásticos de manera continua, las 24 horas del día», ha explicado, agregando que los copépodos no solo entran en contacto con los microplásticos sino que actúan como «auténticas minibombas biológicas», procesándolos y reempaquetándolos en sus heces, que se hunden a lo largo de la columna de agua.

Según Fagiano, disponer de valores realistas sobre la ingestión y el tiempo de tránsito intestinal es fundamental para afinar modelos que permitan predecir mejor dónde acaban los microplásticos, qué especies están más expuestas y cómo esta contaminación interactúa con otras presiones que afectan a los ecosistemas marinos.

Copépodo al microscopio.

Vectores de microplásticos

En los últimos años, señalan los investigadores, los copépodos ya habían sido reconocidos como vectores de microplásticos, pero hasta ahora no existía una forma precisa de cuantificar cuánta cantidad de plástico procesa un copépodo individual ni a qué velocidad.

El estudio ofrece así una herramienta para integrar el comportamiento del zooplancton en los modelos de transporte de plásticos en el océano, reducir la incertidumbre sobre los lugares donde se acumulan los microplásticos a lo largo del tiempo y mejorar las evaluaciones de riesgo.

La investigación también contribuye a que científicos y responsables políticos puedan identificar zonas críticas de exposición a microplásticos y posibles puntos de intervención.