Los astrónomos españoles alertan que Elon Musk dificultará las observaciones con sus 45.000 satélites
La comunidad astronómica ha pedido una regulación internacional para preservar el cielo de día y de noche
El problema se aborda en la XVI Reunión Científica de la Sociedad Española de Astronomía que también tratará la huella ecológica que provoca su actividad
El magnate Elon Musk está en el proceso de colocar su sistema de megaconstelación con los miles de satélites Starlink en la órbita terrestre, unos artefactos que están siendo lanzados por SpaceX y están empezando a generar preocupaciones sobre su impacto en la capa de ozono y en las observaciones de los astrónomos.
Es una de las advertencias que la comunidad astronómica española ha resaltado en una reunión en la que tratan su preocupación por los efectos de la crisis climática y la huella ecológica que dejan sus investigaciones, tanto por los kilómetros que recorren como por sus grandes telescopios, un evento en el que han pedido regular también estas megaconstelaciones de satélites como los de Elon Musk.
Reunión científica
En este cónclave los participantes trasladan su mirada a la sostenibilidad durante la XVI Reunión Científica de la Sociedad Española de Astronomía (SEA) que se celebra esta semana en Granada y en la que por primera vez ha participado un investigador no astrónomo.
El elegido ha sido el profesor del CSIC, científico y activista por la protección del medioambiente y la lucha contra el cambio climático Fernando Valladares, que impartirá una charla plenaria titulada La ciencia, ante la inacción ambiental y social, debe pasar de la advertencia a la insistencia y a la acción.
La gesta estelar de Elon Musk desata las preocupaciones de los observadores astronómicos que advierten que la proliferación de sus satélites, entre otras iniciativas, provoca una contaminación lumínica que afecta a la observación del Universo.
Una molestia para los astrónomos
Un efecto que no sólo atañe a la astronomía profesional, también perturbará la afición de observar estrellas a los no profesionales y para el público en general.
La alerta se ha puesto sobre la mesa, ya que estiman que les afectará especialmente las grandes constelaciones de satélites artificiales en órbita baja, como la que está creando Elon Musk con los Starlink.
Si se llegara a lanzar todo lo que se ha anunciado, se superarían los 100.000 satélites en órbita terrestre baja en menos de 20 años, un exceso de artefactos que no sólo altera el paisaje nocturno, sino que dificulta la observación astronómica a diversos niveles.
La comunidad astronómica ha pedido una regulación internacional multilateral y la colaboración entre los diversos actores implicados en este problema para preservar el cielo de día y de noche.
Megaconstelación Starlink
Muestran sus reservas a la expansión de la megaconstelación Starlink que «pretende contar con 12.000 satélites en una primera fase, que podrían aumentar hasta 45.000 más adelante, mientras que otros proyectos anunciados aspiran a colocar cantidades similares de aparatos en órbita», explican los astrónomos.
Además de la alerta por las megaconstelaciones, el objetivo de esta reunión científica es el de «aunar esfuerzos entre diversas disciplinas científicas para aumentar la difusión y concienciación, imprescindibles ante este problema multisistémico y global».
Huella ecológica de la astronomía
Los participantes abordarán la huella ecológica de la investigación astronómica «derivada del impacto de construir las grandes instalaciones de telescopios en Tierra, el lanzamiento de satélites al espacio, o el uso de supercomputadores».
Se suma el impacto de los viajes que realizan los profesionales de la astronomía, que son el colectivo científico que más kilómetros acumula cada año al sumar los desplazamientos a observatorios ubicados en lugares remotos y a los congresos por todo el mundo.
No hay un planeta B
Para intentar encontrar soluciones se han puesto en marcha diversas acciones, como la creación del grupo internacional Astronomers for Planet Earth (A4E), que toma por propio el conocido lema No hay un planeta B, o un grupo de trabajo de la SEA, con estudios periódicos.
Sus últimas encuestas revelan que un 86 % de los astrónomos optaría por el tren en vez del avión en viajes de menos de 3 horas, un 75 % lo haría si son menos de 5 horas y un 41 % para menos de 7 horas y casi ocho de cada diez querrían que este tipo de congresos sean híbridos para no viajar.
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