La alianza entre agricultores y cazadores revive los olivares: aumenta su biodiversidad un 270%
Fundación Artemisan participa en el estudio europeo en el que once grupos de trabajo analizan y destacan la colaboración local como clave de éxito
El proyecto FRAMEwork en Aguilar de la Frontera demuestra que las cubiertas vegetales recuperan fauna
La actividad cinegética puede jugar un papel determinante en la transición hacia una agricultura sostenible
Agricultores y cazadores han demostrado que su colaboración directa puede transformar el paisaje agrícola andaluz sin comprometer la producción. Un estudio científico internacional publicado en la revista Ecological Solutions and Evidence, de la British Ecological Society, confirma que el trabajo conjunto a escala local mejora significativamente la biodiversidad en terrenos de cultivo, especialmente en olivares mediterráneos donde tradicionalmente se eliminaba toda la vegetación natural del suelo.
El trabajo, titulado Formación y gestión de un clúster de agricultores para mejorar la biodiversidad de las tierras agrícolas en Europa, analiza el funcionamiento de once grupos de agricultores en nueve países europeos dentro del proyecto Horizon 2020 FRAMEwork.
Los investigadores de universidades y centros de investigación de toda Europa, incluido el equipo de Fundación Artemisan, han estudiado cómo estos colectivos evolucionan, superan barreras culturales y agrarias, e implantan medidas reales de conservación en sus explotaciones agrícolas. El caso español, desarrollado en el municipio cordobés de Aguilar de la Frontera, se ha convertido en referente europeo por su modelo innovador de gestión.
Colaboración ejemplar en Córdoba
El proyecto español ha trabajado sobre 350 hectáreas de olivar divididas en zona experimental y zona de control. Agricultores locales vinculados a la Sociedad de Cazadores y el Club Peña El Coto han colaborado durante cinco años, coordinados por Fundación Artemisan y la Federación Andaluza de Caza. El enfoque principal se ha centrado en recuperar las cubiertas vegetales entre las filas de olivos, una práctica que contradice las normas culturales muy arraigadas sobre el «buen manejo» tradicional del olivar.
Los resultados demuestran que esta alianza entre el sector agrícola y cinegético genera beneficios múltiples. Las cubiertas vegetales han mejorado el hábitat de especies ligadas al medio agrario como la perdiz roja, actualmente en declive severo debido a la agricultura intensiva. Además, se han registrado mejoras significativas para los polinizadores y una notable reducción de problemas de erosión y escorrentía, especialmente importante en épocas de sequía. Todo ello sin que la producción de aceituna se viera afectada negativamente.
Datos del seguimiento científico
Un ejercicio educativo con estudiantes del IES Vicente Núñez ilustra el impacto de estas prácticas. En olivares intensivos sin cubierta vegetal, identificaron entre 10 y 21 especies. En la finca El Madroño, con cubiertas naturales reforzadas con semillas desde 2021, detectaron entre 25 y 55 especies por grupo. Esta diferencia de hasta 270% demuestra la capacidad del suelo para regenerar vida con gestión ambiental adecuada.
El seguimiento científico documenta ventajas económicas para los agricultores participantes. Cristóbal Reina, presidente de la Sociedad de Cazadores y agricultor local, explica que el modelo reporta ahorros en tratamientos fitosanitarios y laboreo. Las cubiertas mejoran el estado vegetativo de los olivos y retienen humedad en el suelo, factor crítico en zonas con escasez hídrica creciente.
Cinco factores clave de éxito
Los investigadores identifican cinco factores determinantes para el éxito de estos grupos: la gobernanza, el liderazgo, las características del grupo, el contexto social y político, y la existencia de un facilitador o mediador.
El estudio resalta especialmente el liderazgo local ejercido por la Sociedad de Cazadores de Aguilar y el papel fundamental de Fundación Artemisan como entidad facilitadora que aporta soporte científico riguroso y coordina las actuaciones sobre el terreno. El facilitador técnico, Gonzalo Varas, ha sido clave en la monitorización continua, supervisión e implementación de las medidas de conservación.
Este modelo de trabajo colaborativo genera cambios de mentalidad profundos entre los agricultores participantes, favorece el aprendizaje mutuo y consolida redes de colaboración duraderas en el territorio.
Los cazadores aportan conocimiento práctico sobre gestión de hábitat y especies silvestres, mientras que los agricultores implementan prácticas que benefician tanto a la producción olivarera como a la fauna silvestre. Esta simbiosis demuestra que la gestión cinegética puede actuar como catalizador de buenas prácticas agrarias a escala de paisaje, generando beneficios ambientales y económicos simultáneos.
Transferibilidad del modelo europeo
El proyecto FRAMEwork, financiado por Horizonte 2020 con 7.999.853 euros para 18 socios europeos, ha testado este modelo en diferentes realidades agrarias. La experiencia en Aguilar confirma que el sistema es aplicable al olivar mediterráneo y que la actividad cinegética puede jugar un papel determinante en la transición hacia una agricultura sostenible.
El estudio concluye que las agrupaciones no solo implantan medidas de mejora de la biodiversidad a escala de paisaje, sino que superan el enfoque tradicional de arriba abajo impuesto desde la UE o nivel nacional. Este modelo bottom-up permite soluciones adaptadas a necesidades locales específicas, con mayor flexibilidad y sentido de propiedad. La monitorización continua y el acompañamiento técnico garantizan medidas efectivas ajustadas a cada contexto territorial.
Expansión y visibilidad del proyecto
Durante los cinco años de trabajo, el proyecto ha organizado numerosas jornadas de divulgación científica, visitas de campo con representantes políticos autonómicos, agricultores de municipios cercanos, estudiantes universitarios y de secundaria, además de encuentros con socios europeos del consorcio FRAMEwork.
La iniciativa se ha convertido en referente para otras zonas olivareras de Andalucía donde se busca replicar el modelo de colaboración entre sectores. Organizaciones profesionales agrarias como UPA Andalucía han visitado las fincas experimentales y mostrado interés en extender estas prácticas sostenibles.
Un olivar rentable
El caso español sitúa a Andalucía a la cabeza europea en nuevos sistemas de producción que potencian la biodiversidad en territorios agrícolas. La experiencia demuestra que lo bueno para la actividad cinegética beneficia al entorno natural y a la agricultura.
Agricultores y cazadores de Aguilar han probado que es posible recuperar la vida en el olivar manteniendo la rentabilidad, algo especialmente relevante ante los retos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad en Europa.
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