La trajeron a España en el siglo XIX por su belleza y flores amarillas: hoy es una peligrosa planta invasora que dispara el riesgo de incendios en Galicia
Parece una simple cabra, pero se trata de una especie invasora dañina
Una de las peores especies invasoras del Atlántico es refugio de otros animales
Te la encuentras en cualquier río sin saber que es una de las peores especies invasoras que tenemos en España
La mimosa (Acacia dealbata) llegó a España en el siglo XIX desde Australia con un único propósito: adornar jardines. Su crecimiento rápido, sus flores amarillas de finales de invierno y su fragancia la convirtieron en una elección popular para parques y fincas privadas.
Lo que nadie calculó es que esas mismas características la convertirían en una de las plantas invasoras más destructivas del territorio español, con especial incidencia en Galicia.
Desde 2013 está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, y su comercialización, plantación e introducción en el medio natural están prohibidas. A pesar de ello, su expansión no se ha detenido.
Por qué la mimosa es una de las plantas invasoras más peligrosas de Galicia
La Acacia dealbata tiene una ventaja adaptativa que la hace especialmente difícil de combatir: sus semillas pueden permanecer viables en el suelo durante más de diez años, esperando las condiciones adecuadas para germinar. Y esas condiciones ideales son, precisamente, el calor de un incendio forestal.
El fuego estimula directamente la germinación masiva de sus semillas, lo que convierte a la mimosa en una especie pirófila que se beneficia de los incendios en lugar de ser destruida por ellos.
El ciclo es devastador, la mimosa acumula una gran cantidad de biomasa seca y tiene un alto contenido en aceites y resinas que la hacen altamente inflamable, lo que favorece los incendios. Cuando el fuego arrasa el monte, las semillas enterradas germinan masivamente antes de que las especies autóctonas puedan regenerarse.
La mimosa coloniza el suelo degradado, forma monocultivos densos que bloquean la luz solar y deja el terreno aún más inflamable para el siguiente incendio.
A esto se suma su capacidad de rebrote, si se corta el tronco principal sin un tratamiento posterior adecuado, las raíces generan decenas de nuevos brotes. Y su estrategia química, fija nitrógeno en el suelo y altera su composición, haciéndolo menos favorable para las plantas autóctonas como robles o castaños.
Qué aspecto tiene la mimosa invasora y cuándo florece
La Acacia dealbata es un árbol perenne de copa amplia y densa que alcanza habitualmente entre 10 y 12 metros de altura, aunque puede llegar a los 15. Sus hojas son de color verde cenizo o plateado, compuestas y muy divididas, con un aspecto de pluma o helecho.
La corteza es lisa y grisácea en los ejemplares jóvenes y se fisura con la edad. Florece de forma masiva entre enero y marzo, con pequeñas esferas amarillas muy perfumadas que cubren por completo la copa del árbol. El fruto es una legumbre aplanada que pasa del verde al pardo rojizo al madurar y que produce miles de semillas por ejemplar cada año.
Cómo controlar la expansión de la mimosa sin empeorar el problema
Controlar su expansión requiere combinar varios métodos, porque cortarla sin tratamiento posterior empeora el problema al activar sus brotes de raíz. Las plántulas jóvenes pueden arrancarse de raíz cuando el suelo está húmedo. En árboles adultos, el anillado del tronco, que consiste en cortar un anillo de corteza alrededor del tronco para secar el árbol lentamente, evita estimular los rebrotes. Si se opta por la tala, es imprescindible aplicar herbicida específico directamente sobre el tocón de forma inmediata.
Entre los métodos de control biológico estudiados destaca el escarabajo australiano Melanterius maculatus, que destruye exclusivamente las semillas de la acacia sin afectar a otras especies.
La reforestación con árboles autóctonos de sombra densa, como el roble, compite con la mimosa por la luz solar y frena su desarrollo. Y después de cualquier incendio, el seguimiento exhaustivo de la zona quemada es imprescindible para eliminar los brotes masivos estimulados por el calor antes de que se establezcan.
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