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Parece raro pero la ciencia lo avala: el ADN de los chinches demuestra que estarían desapareciendo desde hace 5.000 años si no fuera por los humanos

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Los chinches de cama (Cimex lectularius) han acompañado a los seres humanos durante milenios, pero un nuevo análisis de su ADN revela que esa convivencia resultó decisiva para su supervivencia. Sin la expansión humana y las primeras ciudades, la rama de la especie ligada a las personas habría continuado su declive hasta probablemente desaparecer.

El trabajo, publicado en la revista científica Biology Letters en 2025, comparó los genomas completos de estos insectos y reconstruyó su historia demográfica. La investigación estuvo liderada por Warren Booth, de la Universidad Politécnica de Virginia (Virginia Tech).

El resultado sitúa al chinche de cama como candidato a primera plaga urbana de insectos, una especie que ató su destino al de las ciudades humanas hace miles de años.

¿Qué revela el ADN de los chinches sobre su relación con los humanos?

El análisis identificó que el chinche de cama común se divide en dos linajes genéticos que llevan cientos de miles de años separados y no intercambian genes. Uno se asocia a los murciélagos y el otro, a los humanos. Solo el segundo prosperó hasta el presente.

Ambas ramas sufrieron caídas de población durante las glaciaciones, incluido el último máximo glacial, hace entre 50.000 y 20.000 años. Sin embargo, el linaje humano frenó ese retroceso justo cuando surgieron los primeros asentamientos urbanos, mientras que el de los murciélagos sigue en descenso por la pérdida de su hábitat.

Dos linajes de chinches separados hace 245.000 años

El salto del murciélago al ser humano ocurrió hace unos 245.000 años, cuando el chinche encontró un nuevo huésped en los antepasados de nuestra especie. Desde entonces, los dos linajes evolucionaron por separado, sin ningún flujo genético entre ellos.

La rama ancestral, asociada a los murciélagos, se reparte hoy por Europa y Oriente Medio. La ligada a los humanos alcanzó una distribución global y su población actual ronda los 3,9 millones de ejemplares, muy por encima de la de sus parientes. Para reconstruir esa historia, el equipo secuenció el genoma de 19 chinches recogidos en la República Checa.

Las primeras ciudades y el despegue del chinche asociado a los humanos

La población del linaje humano empezó a crecer hace unos 13.000 años y experimentó un aumento drástico hace unos 7.000, en paralelo al nacimiento de las grandes civilizaciones. Las primeras urbes concentraron a miles de personas y ofrecieron al chinche un refugio estable y cálido durante todo el año.

La ciudad documentada más antigua es Çatalhöyük, en la actual Turquía, habitada hace unos 9.400 años por entre 800 y 8.000 personas. El crecimiento del insecto coincide también con el auge de culturas como la de Cucuteni-Trypillia, hace unos 7.000 años, y de Mesopotamia, hace unos 5.000.

Los registros más antiguos de una infestación de chinches proceden del Egipto de los faraones, hace unos 3.375 años. Aun así, la relación entre el insecto y las personas es mucho más antigua, según refleja su ADN.

El chinche, la primera plaga urbana según los científicos

Para los autores del estudio, esa coincidencia temporal convierte al chinche de cama en la primera verdadera plaga urbana de insectos, una especie que depende por completo de los seres humanos. Otras plagas domésticas llegaron mucho después, como la cucaracha alemana, que convive con las personas desde hace apenas 2.100 años.

La comparación se extiende a otros animales comensales. La rata negra estableció su relación con los humanos hace unos 5.000 años y el ratón doméstico, hace unos 15.000, aunque este último no depende estrictamente de las personas para sobrevivir.

El linaje humano del chinche también cambió físicamente. Es más pequeño, menos velloso y de extremidades más largas que el asociado a los murciélagos. Además, ha desarrollado mutaciones ligadas a la resistencia a los insecticidas, un rasgo que explica en parte su éxito reciente.

Desde finales de los años noventa, los chinches viven un resurgimiento global asociado al aumento de los viajes y a esa resistencia química. Cuando se introdujo el DDT, la especie tardó apenas cinco años en volverse resistente al pesticida.