Naturaleza
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Hallazgo esperanzador: Científicos españoles identifican ‘refugios climáticos marinos’ para proteger la biodiversidad del ecosistema oceánico

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Un equipo internacional liderado por la científica española Marina Sanz-Martín, del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), ha revisado el estado actual de la investigación sobre los llamados refugios climáticos marinos, zonas del océano donde la biodiversidad puede resistir mejor los efectos del cambio climático.

El trabajo, titulado «Identifying marine climate refugia to advance climate-smart conservation», se publica en la revista Trends in Ecology & Evolution y firman también Carolina Olguín-Jacobson, Jessica A. Bolin, Mikaela M. Provost, Fiorenza Micheli y Nur Arafeh-Dalmau.

El equipo ha revisado 798 estudios científicos publicados entre enero de 2021 y febrero de 2026, de los que 82 cumplían los criterios para entrar en el análisis. La investigación llega en un momento en el que la comunidad internacional se ha comprometido a proteger el 30% de los océanos antes de 2030, dentro del marco global de biodiversidad de Kunming-Montreal.

Qué son los refugios climáticos marinos

Los refugios climáticos marinos son zonas localizadas del océano donde las condiciones ambientales se mantienen más estables pese al calentamiento global, lo que permite que las especies persistan y los ecosistemas sigan funcionando con normalidad. El concepto llegó al mar tomando prestadas ideas de la ecología terrestre, aunque el océano necesita su propio marco de análisis por su estructura tridimensional, sus corrientes y sus zonas de afloramiento.

La revisión distingue tres formas de identificar estos refugios. Los de baja exposición climática son áreas donde la temperatura y otras variables cambian más despacio que en su entorno, como ciertas zonas de aguas profundas o regiones con afloramientos costeros que enfrían el agua de forma constante.

Los basados en resiliencia se apoyan en observaciones reales de especies o ecosistemas que han resistido o se han recuperado tras episodios de estrés climático, como los bosques de kelp de California que sobrevivieron a varias olas de calor marinas. Los basados en hábitat utilizan modelos que predicen dónde seguirán existiendo condiciones favorables en el futuro, como el estudio que localizó zonas del Mediterráneo donde el coral de bambú podría mantenerse pese al calentamiento.

Según los datos recopilados, el enfoque basado en hábitat es el más utilizado, con un 45% de los estudios, seguido del de baja exposición climática (26%) y el basado en resiliencia (12%). Los corales concentran un tercio de toda la investigación, muy por delante de los peces y las macroalgas.

Por qué son importantes los refugios climáticos marinos

Identificar y proteger estos refugios se plantea como una estrategia de adaptación climática capaz de frenar la pérdida de biodiversidad, reducir el riesgo de extinciones locales y reforzar la capacidad del océano para resistir el calentamiento. Los autores destacan que, aunque cada vez hay más estudios que localizan estas zonas, su protección real dentro de las áreas marinas protegidas sigue siendo limitada en la práctica.

La investigación recoge ejemplos concretos de gestión ya en marcha, como los refugios de kelp en México, donde comunidades locales participan en su vigilancia y restauración, o los mapas participativos elaborados en Tanzania para entender cómo perciben los propios pescadores los cambios en su entorno. Los autores advierten, sin embargo, de que la investigación se concentra sobre todo en el Atlántico y el Pacífico norte, y que la alta mar y las aguas profundas, que ocupan la mayor parte del océano, siguen siendo las grandes desconocidas.

El equipo concluye que integrar los tres enfoques, combinado con un seguimiento a largo plazo y una gestión adaptativa, resulta clave para que la protección de estos refugios se traduzca en una conservación real y no solo en mapas sobre el papel.