Mundial
Mundial 2026: España-Uruguay

España salva la emboscada

La selección española derrota a Uruguay en un partido bronco y feo gracias a un solitario gol de Baena tras una cantada monumental de Muslera

España pasa a dieciseisavos como primera de grupo donde se las verá contra Austria o Argelia

Lamine Yamal silencia las críticas

  • Miguel Serrano
  • Me confundieron con un joven prodigio pero acabé de periodista. Escribo cosas de deportes y del Real Madrid en OKDIARIO, igual que antes las escribía en Marca. También a veces hablo por la radio y casi siempre sin decir palabrotas. Soy bastante tocapelotas. Perdonen las molestias.

Ganó España en un partido de pura supervivencia. Uruguay propuso, como era previsible, un partido de emboscadas y coces y contó con la complicidad de un árbitro tan malo que podría pitar en nuestra Liga. Un solitario gol de Álex Baena tras una cantada histórica del viejo Muslera dio el triunfo a la selección de Luis de la Fuente, que pasa primera de grupo a dieciseisavos donde se las verá con Austria o Argelia, dos rivales a priori amables.

De la Fuente retocó cositas. Hasta el más pintado esperaba que nuestro seleccionador repitiera la alineación de España que pasaportó a Arabia Saudí en un decir amén, pero el míster es como un roscón de Reyes: siempre guarda una sorpresa. En este caso dos, Llorente y Mikel Merino, que entraban al once por Pedro Porro y Dani Olmo, dos de los destacados de la segunda fecha. Los otros nueve sí que repetían ante Uruguay.

Los charrúas, con un vestuario en combustión y un Marcelo Bielsa preso de su natural locura, necesitaban ganar a España si no querían verse fuera del Mundial a las primeras de cambio. Por eso De la Fuente, viejo zorro sexagenario, blindó el equipo en lo físico y planteó un plan de partido de desgaste y para aguantar el intercambio de golpes que se esperaba desde la esquina de Uruguay.

Los nuestros partían con Unai Simón; Llorente, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Pedri; Lamine, Merino, Baena; y Oyarzabal. Nos valía el empate para ser primeros y evitar un camino hacia la segunda estrella plagado de agujeros negros. Eran las dos de la mañana en la península cuando, tras un desgarrador minuto de silencio en memoria de las víctimas del terremoto en Venezuela, echó a rodar la redonda en Guadalajara, la de México, no la de Viaje a la Alcarria.

Apretó de salida Uruguay y respondió con la pelota España. Jugábamos con sus nervios y sus urgencias y raudo sacamos el primer córner tras una jugada nacida de una mal entrega charrúa. Los nuestros buscaban a Lamine Yamal desde el principio y él no se escondía. El público, entregado, jaleaba cada acción del 19.

Domina España

Un sustito nos pegó Uruguay en un balón llovido que atacó mal Unai Simón. El susto no pasó a mayores. Dominaba España pero no se descomponían los de Bielsa, sabedores que sus (escasas) opciones de supervivencia pasaban por no salirse del partido. Y por repartir, algo en lo que se afanaban con denuedo Bentancour y Cannobio. A los nuestros les costaba conectarse a un partido en el que los charrúas presionaban con más acierto de lo que nosotros tocábamos el balón.

En el primer cuarto de hora España se mostraba incómoda. No fluía la pelota y los de Luis de la Fuente cometían demasiadas imprecisiones. En el 18 Baena por fin encontró el desmarque de Oyarzabal pero se topó con Olivera en su camino. Uruguay ya no podía dar más pasos atrás. La Roja masticaba el gol a dentelladas lentas pero seguras. Al filo de la pausa publicitaria llegó primero una esperanzadora cantada de Muslera y después otra ocasión de peligro para España con un centro de Marcos Llorente desde la derecha que no alcanzó rematador.

Y al regreso del descansillo Rodri perdió un balón imperdonable ante la presión de Fede Valverde, que la puso al área. Menos mal que allí se durmió Darwin Núñez. España había vuelto a perder el hilo y el partido era ahora de Uruguay. Liderados por el ubicuo y un pelín sucio Cannobio, los charrúas ganaban todos los duelos a puro huevo.

Uruguay enreda el partido

España empezaba a parecerse peligrosamente al equipo de Cabo Verde. Lentos con la pelota y sin movimiento de jugadores. En el 35 avisó Bentancour con un disparo lejano que se fue arriba. El partido, en este momento, venía de nalgas para nuestra selección. Menos mal que en el 41 apareció Muslera para echarnos una mano. Pero no una mano normal, una mano providencial.

La jugada nació por la derecha donde Lamine cayó en combate pero Marcos Llorente apareció para ponerla al área. Allí merodeaba Baena que, cuando hubo recibido el pase, se giró y sacó un disparo raso y facilón pero el portero de Uruguay, lento y oxidado como el AVE de Óscar Puente, se tiró mal y puso la mano peor. Gracias por el regalo, amigo.

En la prolongación todavía le dio tiempo a Uruguay para darnos un susto tras la enésima pérdida de balón de los nuestros. El cruce salvador de Laporte acabó en un disparo hacia la portería de Unai Simón, que tuvo que evitar males mayores con una palomita. Pitó el espantoso, horripilante y júnior árbitro americano y nos fuimos al descanso con medio equipo español protestando la enorme cantidad de faltas no pitadas a Uruguay.

Al descanso Bielsa sacrificó al viejo Muslera para poner de portero a Rochet. Un cambio que habría sido útil antes del partido pero puede que al descanso llegara demasiado tarde. España no modificó su ritmo algo cansino con la pelota. Uruguay necesitaba un gol que le asiera al Mundial porque Cabo Verde y Arabia Saudí eran incapaces de desvirgar el 0-0 en el otro partido del grupo.

Nos muelen a palos

Uruguay se convirtió en el Getafe y acabó sacudiendo a los nuestros en cada acción. El colegiado, superadísimo, había desquiciado a los nuestros. Bielsa se cargó a Fede Valverde, que no había olido la pelota en todo el partido, y le pasó factura por su toxicidad. Metió en su lugar al delantero Fede Viñas en busca de un gol que parecía imposible.

De la Fuente metió de golpe a Fabián y Dani Olmo por un fundido Pedri y un transparente Merino. El mediapunta del Barcelona tuvo dos ocasiones en sus primeros tres minutos sobre el campo. Uruguay ya lo fiaba todo a las coces. España estaba en el punto justo para cerrar el partido. Fede Valverde, al que le espera un largo verano, ponía caritas en el banquillo y se tapaba la boca con la camiseta para jurar en arameo.

Yeremi Pino entró por Baena en el 65. El partido ya estaba más roto que la camisa de Hulk. Uruguay trataba de meter a medio país en el área de Unai Simón, pero eso dejaba demasiados espacios atrás. España podía (y debía) matar el partido cuanto antes. Los charrúas afilaban sus cuchillos. De la Fuente metió a Ferran y Nico Williams por Lamine y Oyarzabal, discreto partido el suyo.

A España sólo le quedaba decidir si quería ganar el partido o dejarse meter un golito para meter en un lío a Argentina en los dieciseisavos, que no es lo mismo vértelas con Cabo Verde que con la pendenciera Uruguay. A los últimos diez minutos llegamos con los nuestros ilesos y los charrúas con once jugadores en el campo.

Pudimos sentenciar el duelo en el 85 en una acción de Ferran Torres, que había hecho un control orientado magnífico, que resolvió después con un disparo duro que se topó con el travesaño. A los charrúas aún le quedaba una bala para intentar un empate postrero y milagroso. No les dio. Consumiéronse los minutos postreros, España defendió el 1-0, consolidó su primer puesto del grupo y mandó a casa a Uruguay, que no hizo otra cosa que sacudir durante todo el partido.