España jugará al escondite contra Francia
Luis de la Fuente buscará imponer un partido de posesión para evitar que Francia pueda explotar su velocidad y su poderío en las transiciones
Rodri será la pieza clave para marcar el ritmo del encuentro y obligar a Mbappé, Dembélé y compañía a jugar lejos del balón
Las semifinales blindan a De la Fuente

España ya sabe que delante tendrá el mayor desafío de todo el Mundial. Francia espera en las semifinales con una plantilla repleta de talento, potencia física y jugadores capaces de decidir un partido en una sola acción. Luis de la Fuente y su cuerpo técnico se pusieron a analizar a los galos desde que terminó el partido contra Bélgica y hay una conclusión que sobresale por encima de todas: la mejor forma de frenar a la selección francesa es que apenas tenga el balón.
España quiere gobernar el partido desde la posesión, imponer su ritmo y obligar a los de Didier Deschamps a jugar un encuentro completamente distinto al que más les beneficia. Esconderle la pelota será mucho más que una idea futbolística; será una necesidad para seguir soñando con levantar la segunda estrella.
El principal peligro de Francia aparece cuando recupera el balón y encuentra metros por delante. Muy pocos equipos en el mundo son tan devastadores en las transiciones ofensivas. Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y el resto de atacantes franceses necesitan muy poco espacio para convertir una recuperación en una ocasión de gol. Ahí reside una de las grandes preocupaciones de España. Cualquier pérdida en la salida de balón o cualquier duelo dividido en la medular puede convertirse en una autopista para los galos. Por eso, la selección española deberá extremar la precisión en el pase y reducir al mínimo las imprecisiones. Cada posesión larga será una forma de atacar, pero también una manera de defender. Cuanto más tiempo permanezca el balón en los pies de España, menos opciones tendrá Francia de desplegar su fútbol más dañino.
La batalla de la medular
La otra gran batalla estará en el centro del campo. Francia posee una superioridad física evidente en muchas zonas del terreno de juego y se siente especialmente cómoda cuando los partidos se rompen y aparecen los intercambios de golpes. España, en cambio, encuentra su mejor versión cuando controla el balón y obliga al rival a perseguirlo. Rodri volverá a convertirse en el gran director de orquesta de una Selección que necesita marcar el ritmo del encuentro desde el primer minuto. Junto a Fabián o Pedri, según lo que decida De la Fuente, y Dani Olmo, el pivote del Manchester City tendrá la misión de mover el balón de un lado a otro hasta desgastar física y mentalmente al conjunto francés. Si los de Deschamps tienen que correr detrás de la pelota durante muchos minutos, también perderán frescura para atacar.
Ese dominio también puede tener un importante efecto psicológico sobre el rival. Futbolistas como Mbappé o Dembélé viven del contacto permanente con el balón y de sentirse protagonistas del juego. Si España consigue monopolizar la posesión durante largos tramos del partido, ambos atacantes pasarán muchos minutos desconectados, obligados a perseguir el balón y a realizar esfuerzos defensivos que no son los que más les favorecen. Cuanto más tiempo permanezcan lejos del área española, menor será su influencia y mayores serán las posibilidades de que aparezca la frustración.
Además, defender con la pelota permitirá proteger a una defensa española que tendrá una de las pruebas más exigentes del campeonato. Francia acumula velocidad, potencia y desequilibrio en prácticamente todas sus líneas ofensivas, por lo que reducir el número de ataques rivales será una prioridad absoluta. España sabe que la mejor manera de evitar situaciones de uno contra uno, carreras al espacio o centros laterales es impedir que el rival tenga ocasiones para atacar. No se trata únicamente de tener la posesión por estética o por identidad, sino de convertir el balón en la mejor herramienta defensiva posible.
España ha demostrado durante este Mundial que, cuando consigue imponer su fútbol, es capaz de controlar cualquier escenario. Ante Francia necesitará hacerlo durante noventa minutos -o quién sabe si 120′-, porque el margen de error será mínimo. Si el combinado nacional logra esconderle la pelota, marcar el ritmo del encuentro y evitar que el partido se convierta en un intercambio constante de golpes, habrá dado un paso gigantesco hacia la gran final. Ante una de las selecciones más poderosas del planeta, el balón volverá a ser el mejor escudo de los hombres de Luis de la Fuente.