Enrique Molina, experto en bienestar canino: «Acariciarle la paletilla le da mucha más seguridad al perro que una caricia en la cabeza»
Una caricia puede parecer un gesto cotidiano, pero la zona del cuerpo en la que se realiza también influye en la respuesta del perro. El adiestrador Enrique Molina defiende que tocar la paletilla puede transmitir más seguridad que acariciar la cabeza.
Para el experto en animales, es fundamental educar a la mascota con pautas claras y sin confundir sus necesidades con las de una persona.
La caricia en la paletilla puede transmitir más seguridad al perro
Enrique Molina explica que el contacto físico constituye una herramienta de refuerzo que no siempre tiene que competir con los premios de comida. A su juicio, una caricia bien aplicada puede resultar especialmente útil para comunicar al perro que ha realizado correctamente una acción.
El adiestrador señala la paletilla como una zona adecuada para transmitir seguridad. Frente a ella, considera que una caricia sobre la cabeza cumple una función diferente y puede servir para aportar calma.
Su recomendación no implica que todos los perros respondan igual: cada animal puede mostrar preferencias distintas ante el contacto físico.
¿Por qué es importante no humanizar al perro?
Para Molina, uno de los principales errores en la convivencia consiste en tratar al perro como si fuera un niño. El especialista relaciona esa tendencia con la aparición de inseguridades y problemas de conducta cuando el animal no cuenta con unas normas coherentes.
Humanizar a una mascota no significa simplemente mostrarle afecto. El problema aparece cuando se interpretan sus necesidades desde parámetros exclusivamente humanos y se dejan de lado aspectos propios de su comportamiento. El perro necesita rutinas, aprendizaje y una comunicación que tenga en cuenta cómo percibe su entorno.
La ansiedad por separación es uno de los problemas que pueden aparecer durante la convivencia. Sus síntomas pueden incluir ladridos, destrucción de objetos o conductas de angustia cuando el propietario se marcha. Por eso, la educación debe comenzar desde los primeros días y avanzar de forma gradual.
El adiestrador ha abordado estas cuestiones en el pódcast Morir de Éxito, donde defiende establecer pautas desde el momento en que el perro llega a casa.
Educación canina: paciencia y refuerzo para mejorar la convivencia
Molina sitúa la paciencia entre las bases del adiestramiento y destaca el refuerzo positivo cuando el perro realiza correctamente una conducta. La comida puede utilizarse como recompensa, pero no constituye la única herramienta disponible. El contacto físico también puede adquirir valor si el animal lo percibe como algo agradable.
El paseo también forma parte de la educación. La correa permite orientar al animal y trabajar la atención, pero debe utilizarse sin convertir cada salida en una fuente constante de tensión. El objetivo es construir una comunicación predecible entre perro y propietario.
La propuesta de Molina parte, por tanto, de una idea sencilla: el afecto no está reñido con los límites. Acariciar al perro puede reforzar el vínculo, pero conviene observar su lenguaje corporal y adaptar el contacto a sus preferencias. La seguridad no depende de un único gesto, sino de una convivencia basada en coherencia, aprendizaje y confianza.