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Enrique Molina, experto en adiestramiento canino: «A un perro le hace más una caricia que un trozo de comida»

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Educar a un perro no consiste únicamente en enseñarle órdenes o premiar sus conductas con comida. El vínculo entre animal y propietario también desempeña un papel importante en su aprendizaje.

Enrique Molina, experto en adiestramiento canino, explica por qué una caricia puede convertirse en un refuerzo especialmente útil y qué importancia tiene la forma de relacionarse con el animal.

La caricia puede ser un refuerzo más eficaz que la comida para un perro

Enrique Molina defiende una idea que puede resultar llamativa para muchos propietarios: no siempre hace falta recurrir a una golosina para reforzar una conducta adecuada.

El especialista sitúa la caricia dentro del refuerzo positivo, una herramienta habitual en la educación canina. La idea consiste en asociar una conducta correcta con una consecuencia agradable para favorecer que el perro vuelva a repetirla.

La comida puede funcionar como recompensa, pero Molina señala que el contacto físico también permite transmitir seguridad y confianza. La respuesta del animal dependerá, además, de sus características y del momento en el que se produzca la interacción.

Según explica el adiestrador en una entrevista del canal YouTube Morir de Éxito, una caricia puede tener un efecto mayor que un trozo de comida.

¿Dónde hay que acariciar a un perro para transmitirle seguridad?

Molina pone el foco en un detalle concreto: no todas las caricias tienen el mismo significado para el animal. En su intervención explica que acariciar la zona de la paletilla puede aportar seguridad, mientras que el contacto en la cabeza tiene otro efecto.

Este matiz resulta relevante porque el lenguaje corporal forma parte de la comunicación entre perros y personas. Una interacción adecuada debe tener en cuenta cómo responde el animal y si busca realmente ese contacto.

Por eso, el adiestramiento canino no se reduce a entregar premios cada vez que el perro obedece. El tono de voz, los gestos, el contacto físico y la coherencia del propietario también intervienen en la relación cotidiana.

¿Por qué es importante no humanizar a los perros?

Otro de los aspectos que aborda Molina es la tendencia de algunos propietarios a tratar a sus mascotas como si fueran personas. Para el experto, esa humanización puede generar problemas de conducta cuando el dueño interpreta las necesidades del animal desde una perspectiva exclusivamente humana.

La educación debe comenzar desde los primeros momentos de convivencia. Establecer unas pautas claras, mantener la paciencia y reforzar las conductas adecuadas ayuda a construir rutinas que el perro pueda comprender.

Molina también señala la importancia de aplicar correctamente las distintas herramientas de adiestramiento. El refuerzo positivo no tiene por qué limitarse a la comida y puede apoyarse en otros estímulos que resulten agradables para el animal.

Las claves del adiestramiento canino según Enrique Molina

El enfoque que expone el experto gira alrededor de tres elementos: paciencia, refuerzo positivo y corrección de las conductas inadecuadas. El propietario debe observar al perro, entender sus respuestas y mantener unas pautas coherentes.

La alimentación puede formar parte del aprendizaje, pero no constituye la única vía para premiar al animal. Una caricia, cuando el perro la acepta y se aplica de la forma adecuada, puede convertirse también en una herramienta de comunicación.

La idea central de Molina es que educar a un perro exige conocer su comportamiento y construir una relación basada en la confianza. Su explicación sobre las caricias subraya que, en determinadas situaciones, un gesto de afecto puede tener más valor para el animal que una recompensa alimentaria.