La extraña tradición de Carnaval en el pueblo más bonito de la sierra de Madrid
Así es el carnaval en el Pueblo de Patones de Arriba y de Patones de Abajo
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Faltan pocos días para que llegue el Carnaval, cuyas fechas oficiales van del 12 al 18 de febrero de 2026 y toda la Sierra Norte comienza a prepararse. En concreto, en Patones, uno de los enclaves más singulares y fotografiados de la zona, estas fechas siempre han tenido un significado especial. No hablamos sólo de disfraces al uso ni de comparsas, sino de una celebración que mezcla memoria, identidad local y un punto de misterio que se ha transmitido de generación en generación. Toma nota porque esta es la extraña tradición de Carnaval en el pueblo más bonito de la sierra madrileña.
Mucho antes de que el turismo llenara sus calles empedradas, Patones de Arriba vivía el Carnaval como un momento clave del año. Para los vecinos no era sólo una fiesta: era la forma de marcar el final del invierno y de reunirse en torno a ritos que hoy pueden parecernos extraños, pero que servían para cohesionar a la comunidad. Con el paso del tiempo, parte de la vida del municipio se trasladó a Patones de Abajo, y con ello también las celebraciones. Pero algunos recuerdos siguen intactos. Ese vínculo emocional se mantiene entre mayores y jóvenes, aunque la fiesta ya no tenga la intensidad de antaño. Hoy, cuando se acerca el Carnaval y se vuelve a hablar de máscaros, de cencerros o de la vaquilla, muchos vecinos recuperan historias que escucharon de sus abuelos y que no quieren que se pierdan.
La tradición de Carnaval en el pueblo más bonito de la sierra de Madrid
Antiguamente, el Carnaval se celebraba sobre todo en Patones de Arriba, donde el domingo de Carnaval marcaba el inicio de tres días de fiesta continua. Las calles del caserío se llenaban de ruido, de vecinos disfrazados y de un ambiente que mezclaba humor, miedo y complicidad. Hoy quedan pocas personas que vivieran aquello, pero quienes lo recuerdan lo hacen con una mezcla de melancolía y orgullo, especialmente la conocida como última patonera, símbolo vivo de aquella época.
Con los años, parte de esta celebración se trasladó a Patones de Abajo, donde ahora se concentra la fiesta: un baile popular, disfraces muy elaborados y, a veces, algún máscaro perdido que reaparece para recordar lo que fue el Carnaval de antes.
La vaquilla, el ritual que marcaba el ritmo de la fiesta
Uno de los elementos más llamativos del Carnaval patonero era la vaquilla, una tradición que los vecinos preparaban con días de antelación. Se construían dos: una para los mozos y otra para los chicos. El armazón llevaba cuernos de vaca reales y se decoraba con telas y lazos de colores vivos. Por la tarde, la vaquilla salía acompañada por mozos con cencerros que recorrían las calles, subían hasta el collado de la Melona, pasaban cerca del cementerio y continuaban por las almenaras del canal del Jarama, en la zona del alto la bola. La escena era una mezcla perfecta de ruido, juego y tradición. Aunque hoy ya no se celebra en Patones, la vaquilla puede verse todavía en municipios cercanos como Canencia, donde el ritual se mantiene.
Los máscaros: un desfile entre lo cómico y lo inquietante
Si algo definía el Carnaval en Patones de Arriba eran los máscaros. Vestidos con lo que hubiera en casa, monos, medias, harapos, mantos viejos, hombres y mujeres se transformaban en personajes anónimos que recorrían las calles gastando bromas a familiares y asustando a los transeúntes. Para los niños era un juego. Para algunos adultos, casi un rito iniciático. Y para todos, una forma de reírse de sí mismos y de la rutina. Esa mezcla entre lo cómico y lo inquietante es lo que ha quedado grabado en la memoria colectiva del municipio.
El final del Carnaval: la muerte simbólica de la vaca
El martes de Carnaval, justo antes de entrar en la Cuaresma, se celebraba el fin de la fiesta. Un vecino disparaba al aire para representar la muerte de la vaca. A partir de ahí comenzaba una especie de peregrinación casa por casa pidiendo alimentos mientras se bebía vino, llamado la sangre de la vaca, que simbolizaba el cierre del ritual.
Con todo lo que se recogía se preparaba una merienda compartida, una última reunión antes de que el pueblo volviera a su ritmo habitual. Era el broche perfecto a una celebración que combinaba humor, comunidad y un punto de simbolismo rural que hoy cuesta ver en otros lugares.
Cómo se vive hoy el Carnaval en Patones
En la actualidad, el Carnaval se celebra sobre todo en Patones de Abajo, donde los vecinos organizan un baile en el salón del pueblo. Hay comparsas, disfraces coriginales y siempre aparece algún guiño a las tradiciones perdidas, ya sea un máscaro improvisado o algún recuerdo de la vaquilla. Y es que aunque parte de la fiesta desapareció con el tiempo, Patones sigue manteniendo ese orgullo por lo suyo. Y para quienes visitan el municipio durante el Carnaval de 2026, el contraste entre la fiesta actual y la tradición que late debajo hace que la experiencia sea todavía más especial.
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