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Francia

Le dijeron «ya no irás más a la Policía» y le mataron a golpes: el crimen de un joven de 17 años estremece a Francia

Louis ya había sido golpeado el 12 de junio y presentó denuncia ante la policía

  • Carlos Esteban
  • Columnista de Internacional. Quince años en el diario líder de información económica Expansión, entonces del Grupo Recoletos, luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico Alba, escribió opinión en Época, en La Gaceta y ahora como freelance en OKDIARIO.

«Ya no irás más a la Policía». Eso le gritaron a Louis durante la paliza mortal propinada por sus compañeros de escuela, según publican varios medios franceses. La investigación sostiene que la emboscada fue premeditada. El adolescente, de 17 años, había denunciado días antes una primera agresión. Murió tras cinco días en coma.

El caso ha estremecido a Francia no sólo por la brutalidad del crimen, sino por la secuencia que lo precedió. Louis ya había sido golpeado el 12 de junio. Presentó denuncia ante la policía. Una semana después, en la noche del 19 al 20 de junio, fue atraído hasta una obra en construcción en Narbona, donde cinco jóvenes, presuntamente de origen inmigrante, lo golpearon con extrema violencia, lo dejaron inconsciente y, según varias informaciones, grabaron parte de la agresión. Fue encontrado horas después en estado crítico. Los médicos sólo pudieron mantenerlo con vida tres días.

Cinco sospechosos, de entre 16 y 19 años, han sido imputados y enviados a prisión preventiva por el ataque. Tres de ellos son menores. La Fiscalía trabaja con la hipótesis de una emboscada organizada en venganza por la denuncia. El caso de Louis se suma así al panorama de anarcotiranía que sufre Francia, donde acudir a las autoridades no sólo no resuelve el problema sino que lo agrava hasta extremos letales.

En las imágenes difundidas esta semana se ve a Louis siendo golpeado antes del ataque que terminaría costándole la vida. La pregunta que recorre ahora Francia es sencilla y devastadora: qué ocurrió entre la primera denuncia y la emboscada mortal, y por qué un menor ya identificado como víctima volvió a quedar a merced de sus agresores.

Las autoridades francesas han reaccionado con dureza. Bruno Retailleau, presidente de la derecha blanda Los Republicanos, ha vuelto a hablar de la «barbarización» de la sociedad francesa, una expresión que lleva meses utilizando para describir el deterioro del orden público. Jordan Bardella, de Reagrupación Nacional, ha denunciado que Louis fue «linchado a muerte» con una violencia «inimaginable» y filmado por sus agresores.

Otros dirigentes de la derecha francesa han exigido explicaciones sobre la actuación de las instituciones y el tratamiento penal de menores implicados en delitos graves.

Louis era menor de edad y, según varias informaciones francesas, estaba confiado a la ayuda social a la infancia; es decir, no sólo había denunciado una agresión previa, sino que se encontraba bajo un sistema de tutela pública que debía ofrecerle protección.

El caso llega después de una serie de crímenes que han ido acumulando rabia social en varios países europeos. En Reino Unido, el asesinato de Henry Nowak provocó protestas y una tormenta política después de que se conociera que el joven estudiante, apuñalado en Southampton, fue esposado por la policía mientras decía que había sido atacado. Los agentes tardaron varios minutos en descubrir la herida mortal. Su asesino, Vickrum Digwa, fue condenado a cadena perpetua con un mínimo de 21 años, y el caso obligó al Gobierno británico a dar explicaciones en el Parlamento.

En Belfast, el intento de decapitación de un hombre atribuido a un refugiado sudanés desató varios días de disturbios. El sospechoso fue acusado de intento de asesinato. La reacción social derivó rápidamente en protestas, incendios y ataques contra alojamientos de inmigrantes. Las autoridades condenaron los disturbios. Pero el episodio dejó al descubierto otra realidad: una parte de la población ya no interpreta estos sucesos como incidentes aislados, sino como señales de un deterioro que los gobiernos no logran o no quieren frenar.

Francia lleva años viviendo su propia acumulación. El asesinato de Thomas en Crépol, el caso de Lola, la decapitación del profesor Samuel Paty, el asesinato de Dominique Bernard y ahora la muerte de Louis han terminado formando una galería de nombres que reaparece cada vez que un nuevo crimen sacude al país. No todos los casos son iguales. No todos tienen la misma motivación. Pero todos han contribuido a fijar una sensación política cada vez más extendida: la de un Estado durísimo con el ciudadano corriente y extraordinariamente incapaz de protegerle frente a quienes ya no temen a la policía, a los jueces ni a la cárcel.

Las cifras alimentan esa percepción. Los extranjeros representan en torno al 9% de la población francesa, pero aproximadamente una cuarta parte de la población penitenciaria. Más de la mitad de los presos extranjeros proceden de África. Francia registra además cifras récord de ocupación carcelaria, con más de 88.000 reclusos para unas 63.000 plazas disponibles. Son datos que partidos como Agrupación Nacional llevan años utilizando para vincular inseguridad, inmigración y pérdida de control del Estado.

El asesinato de Louis ha encontrado un eco especialmente fuerte porque concentra muchos de esos miedos en una sola historia: menor vulnerable, inmigrantes que a menudo actúan como si los nativos fueran un pueblo conquistado, primera agresión, denuncia, aparente represalia, emboscada, grabación de la paliza, agonía y muerte. La frase atribuida a sus agresores —»Ya no irás más a la policía»— ha terminado funcionando como resumen perfecto del caso.