Ciudad del vaticano

León XIV portará la cruz en las 14 estaciones en su primer viacrucis de Viernes Santo en el Coliseo

Este Jueves Santo presidirá la misa del crisma por la mañana y por la tarde la que conmemora la Última Cena

Papa León XIV viacrucis
El Papa León XIV.
Diego Buenosvinos

El papa León XIV portará él mismo la cruz en su primer viacrucis de Viernes Santo en el Coliseo de Roma, donde las meditaciones que inspirarán la celebración han sido redactadas por un fraile de la Custodia de Tierra Santa.

El propio pontífice, según avanzan este martes fuentes vaticanas, ha encargado al padre Francesco Patton, antiguo custodio de Tierra Santa, la elaboración de los textos que serán leídos a lo largo del viacrucis, inspirado por el camino de Jesús a la muerte en la cruz.

León XIV, elegido en mayo de 2025, ya ha dado inicio a su primera Semana Santa con la misa de este Domingo de Ramos, en un momento agitado por una nueva guerra en Oriente Medio y el Golfo Pérsico.

Este Jueves Santo presidirá la misa del crisma por la mañana y por la tarde la que conmemora la Última Cena, retomando su celebración en la basílica de San Juan de Letrán y rompiendo la tradición de su antecesor Francisco, que solía vivirla con presos o con inmigrantes.

El Viernes Santo, único día del calendario litúrgico sin eucaristía en señal de duelo por la muerte de Jesús de Nazaret, León XIV asistirá a la celebración de la Pasión del Señor en la basílica vaticana y por la noche protagonizará el Viacrucis en el Coliseo, lugar símbolo de la persecución de los primeros cristianos.

La Semana Santa proseguirá el sábado con la Vigilia Pascual, un acto lleno de solemnidad y simbolismo en el templo vaticano, y concluirá con la misa del Domingo de Resurrección o Pascua, seguida por la tradicional bendición Urbi et Orbi (A la ciudad y el mundo).

El Vía Crucis en el Coliseo de Roma es una tradición moderna arraigada en la memoria histórica del martirio cristiano. Aunque el Papa Benedicto XIV erigió catorce estaciones en 1750 para consagrar el lugar como sitio de martirio, la práctica anual del Viernes Santo se consolidó a partir de 1964 con Pablo VI. En 1741, el Papa Benedicto XIV detuvo el saqueo del anfiteatro y lo declaró «lugar santo» por la sangre de los mártires.

Tras años de abandono de la tradición, el Papa Juan XXIII la retomó en 1959, y Pablo VI la consolidó en 1964.

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